Columna de Alejandro San Francisco: La bandera nacional

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Por Alejandro San Francisco, profesor Universidad San Sebastián y P. Universidad Católica de Chile; director de Formación, Instituto Res Publica

Los emblemas nacionales -como la bandera, el escudo y el himno- contribuyeron a la formación de la nación en el siglo XIX chileno. A su vez, representaron en parte la “revolución simbólica” que existió en el país durante el proceso de Independencia, según mencionan Trinidad Zaldívar y Macarena Sánchez en su interesante trabajo “Símbolos, emblemas y ritos en la construcción de la nación” (Bicentenario, 2009).

Chile no tuvo una sola bandera, sino que evolucionó hasta su fórmula actual. A la bandera blanca, azul y amarilla (1812) en líneas horizontales siguió una equivalente blanca, azul y roja (1817). Un decreto del 18 de octubre de 1817 –en el periodo de transición de los emblemas, que menciona Isabel Cruz– estableció la bandera nacional definitiva, si bien se irían ajustando sus colores, tamaño y proporción: la mitad inferior de color rojo, un cuadro superior color azul turquí a mano izquierda y el rectángulo superior derecho de color blanco. Sobre el azul, “la estrella solitaria” blanca, de cinco puntas.

Es interesante observar la socialización de la bandera en las festividades patrias, no solo por lo que implicaba “embanderar” las ciudades y casas, sino también las fiestas populares, chinganas, pampillas o ramadas. El famoso cuadro de Rugendas, “Llegada del Presidente Prieto a la pampilla”, muestra la gente, la fiesta y ciertamente las banderas, en el marco de la expansión del sentimiento nacional, bien explicado por Paulina Peralta en ¡Chile tiene fiesta! (LOM, 2007).

Esa sería la bandera presente en el juramento de la Independencia el 12 de febrero de 1818, como se puede apreciar en los cuadros sobre el acontecimiento. Con el paso del tiempo, la bandera tricolor sería un símbolo de patriotismo y de identidad nacional, contaría con admiración y mitificación (“una de las más hermosas del mundo”) por parte de la sociedad, sería objeto de juramento y mostraría el duelo nacional al ser izada a media asta, llenaría los eventos deportivos e incluso en los desastres nacionales.

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