Jornadas hacia una Educación no Sexista: una mirada desde adentro

La segunda jornada está programada para el 4 de agosto y la tercera para el 3 de noviembre.

Dentro de la política de Educación Sexual Integral (ESI) que impulsa el gobierno y que será una de las banderas del ministro de Educación, Marco Antonio Ávila, están las tres jornadas que apuntan a prevenir la violencia de género, abusos sexuales, acoso, hostigamiento y discriminación. ¿Cómo son? ¿Qué se hace en ellas?




Uno de los anuncios que más llamaron la atención en materia educativa el día de la cuenta pública del Presidente Gabriel Boric, fue la promesa que durante el segundo semestre el gobierno ingresará “un proyecto para que Chile tenga una Política Nacional de Educación Sexual Integral (ESI) para todos los niveles de enseñanza”.

Esa política engloba una serie de medidas en cuanto a género, diversidad y educación sexual, desde el mentado proyecto de ley hasta las ‘Jornadas hacia una Educación no Sexista’ que se harán este año. La primera se hizo el 19 de abril, adhirieron 1.364 establecimientos que imparten enseñanza media y un 94% de todos los colegios públicos, y fue diseñada en consulta de una mesa de trabajo integrada por las tres subsecretarías educativas, la Superintendencia de Educación, la Agencia de Calidad de la Educación, el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género y el Instituto Nacional de la Juventud.

Para esto el Mineduc dio instructivos a los establecimientos. El principal -Orientaciones para la Primera Jornada Nacional hacia una Educación no Sexista- comenzaba con una introducción de los ministros Marco Antonio Ávila (Educación) y Antonia Orellana (Mujer). Ahí se leía que a través de estas jornadas le hablaban “a todos y todas quienes han alzado la voz contra las injusticias, a quienes han protegido y acogido a las víctimas de violencias de género y han trabajado por la reparación y no repetición; a las y los docentes organizados, a las estudiantes movilizadas por una educación feminista, y a los apoderados reunidos bajo este empeño”.

La jornada proponía lineamientos clave: voluntariedad, inclusión y no discriminación, interculturalidad y confidencialidad, y derecho a disentir. Cada institución, además, recibió instructivos específicos para directivos y niveles participantes: séptimos y octavos básicos, primeros y segundos medios, y terceros y cuartos medios.

La jornada tomó cuatro horas pedagógicas divididas en dos bloques de actividades, las que se sugerían realizar por curso y en la mañana. La planificación estaba a cargo de los equipos de convivencia escolar y el adulto responsable de cada curso era el profesor jefe.

Las actividades

El primer bloque fue una actividad que buscaba reflexiones que permitieran a los alumnos “pensar la escuela que queremos; una escuela libre de discriminaciones y sesgos de género, una escuela justa”. A partir del relato “Algo no huele bien” para séptimo y octavo; “Nuestro Compromiso” para primero y segundo medio; y “Necesito Ayuda” para tercero y cuarto medio, vino una reflexión escrita y oral colaborativa para cada grupo -aleatorios, de no más de cuatro personas- de estudiantes.

Luego del saludo inicial de 15 minutos de Ávila y Orellana y tras 45 minutos de trabajo grupal, vinieron plenarias de media hora, donde los alumnos compartieron reflexiones y su producto grupal final: un decálogo de una escuela sin diferencias de género los séptimos y octavos, por ejemplo.

El segundo bloque tenía por objetivo “repensar y redefinir la escuela como un espacio para sentirse protegidos, respetados, libres y felices”. ¿En qué consistía? 15 minutos de instrucciones, otros 45′ para reflexionar a partir del relato ‘Tomarnos la palabra’, donde se preguntaba si el alumno creía que la escuela era un buen lugar para crecer o un lugar libre de violencias y discriminaciones. La idea era entregar una redefinición de “escuela”, para pasar a otro espacio de 30 minutos de plenaria.

El instructivo comprendía además un espacio de reflexión de docentes, directivos y profesionales de la educación al final de la jornada, con el propósito de compartir resultados. Cada institución debía sacar tres conclusiones, las que, según el documento, “iluminarán las prácticas que se impulsen como escuela durante el año”.

Pero también se anexó un ‘Instructivo ante develaciones’ hecho por la Superintendencia de Educación y los ministerios de Justicia y Mujer, dirigido a los trabajadores y adultos a cargo de la jornada. Ahí se sugería, por ejemplo, que cada establecimiento designara funcionarios que “los estudiantes identifiquen como más cercanos”, que el colegio contara con salas de contención y contactos clave, como centros de salud o instituciones que reciben denuncias, como PDI o Carabineros. También se entregaban lineamientos en caso de develaciones que involucraran menores de edad.

La próxima Jornada Hacia una Educación No Sexista será el 4 de agosto y esta vez apuntará a estudiantes desde educación parvularia hasta enseñanza media. La tercera jornada se pretende hacer el 3 de noviembre y desde el Mineduc esperan que se sumen instituciones que no lo hicieron en abril.

Blanca Guerrero, directora del Liceo Santiago Bueras de Maipú, uno de los que sí participó, dice que la jornada “fue exitosa, enriquecida por la participación activa de estudiantes” y precisa que los propios alumnos son los principales “que promueven eliminar toda forma de discriminación y sesgos de estereotipos de género”. Y agrega: “Compartir sus experiencias y la necesidad de diálogo de estas temáticas develan que necesitan de estos espacios para la transformación cultural y el bienestar”. Además, asegura que “fue una experiencia de aprendizaje para nosotros como funcionarios: debemos abrirnos a las críticas constructivas para que juntos compartamos una educación humanizada, una comunidad en que se fomente la sana convivencia”.

Mientras que Makarenna Bustiman, directora del Liceo Carmela Carvajal de Providencia, cree que “como una instancia inicial es una gran oportunidad para que las escuelas comiencen a conversar de la importancia del respeto de la identidad de las personas, tanto en género como en orientación sexual”. Desde esa mirada, añade, la instancia “es muy positiva, sin embargo, no basta con una, dos o tres jornadas: lo necesario para construir una educación sexual plena implica modificar nuestro currículum”.

Eso sí, hubo también instituciones que no participaron de la jornada, como las pertenecientes a la red Marista, donde Pedro Díaz, exrector del Colegio Alonso de Ercilla y hoy miembro del equipo educativo de la red, justifica la ausencia: “En nuestro proyecto hay muchos elementos de formación en el área de la sexualidad, con fuerte énfasis en temas de inclusión, diversidad y tolerancia en el ámbito de educación no sexista; tenemos programas permanentes. Esto era a comienzos de año, con un gobierno que recién asumía, algo precipitado. Era una invitación y estas iniciativas tienen que estar en armonía con el proyecto educativo de cada institución”.

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