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Abatir a Jamenei: Cómo la inteligencia israelí y la CIA decapitaron al régimen islámico

El asesinato del líder supremo de Irán y otros altos funcionarios de la defensa islámica fue el resultado de un estrecho intercambio de inteligencia entre Estados Unidos e Israel que se gestó durante años.

Foto: khamenei.ir

Cuando los guardaespaldas, conductores altamente entrenados y leales de altos funcionarios iraníes llegaron a trabajar cerca de la calle Pasteur en Teherán —donde el ayatola Ali Khamenei fue asesinado en un ataque aéreo israelí el sábado— los israelíes estaban observando. Casi todas las cámaras de tránsito de la capital persa habían sido pirateadas durante años, sus imágenes encriptadas y transmitidas a servidores en Tel Aviv, Israel, según dos fuentes que declararon al Financial Times.

Una cámara tenía un ángulo que resultó especialmente útil, detalló una de las fuentes, permitiéndoles determinar dónde les gustaba estacionar sus autos personales a cada uno de los funcionarios iraníes. La investigación agregó detalles a los expedientes de los miembros de estos guardias de seguridad, que incluían sus direcciones, horas de trabajo, rutas que tomaban para ir a trabajar y, lo más importante, a quiénes se les asignaba proteger y transportar, creando lo que los oficiales de inteligencia llaman un “patrón de vida”.

Estas capacidades formaron parte de una campaña de inteligencia gestada durante años, que allanó el camino para el asesinato del ayatola por parte de las fuerzas israelíes. Esta fuente de datos en tiempo real —una de cientos de flujos de inteligencia diferentes— no fue la única forma en que Israel y la CIA pudieron determinar con exactitud a qué hora Jamenei estaría en sus oficinas esa fatídica mañana de sábado y quién se reuniría con él. Además, según el medio británico, Israel también fue capaz de interrumpir componentes individuales de aproximadamente una docena de torres de telefonía móvil cerca de la calle Pasteur, simulando que los teléfonos celulares parecieran estar ocupados cuando se llamaba e impidiendo que el equipo de protección de Jamenei recibiera posibles advertencias.

Mucho antes de que cayeran las bombas, “conocíamos Teherán como conocemos Jerusalén”, dijo un funcionario de inteligencia israelí al Financial Times. “Y cuando conoces (un lugar) tan bien como conoces la calle donde creciste, notas cualquier cosa que esté fuera de lugar”, agregó el funcionario.

Imagen satelital de la residencia de Alí Jamenei en Teherán, atacada el 28 de febrero de 2026. Foto: archivo

Esto fue el resultado de una recopilación de datos posible por la colaboración entre la Unidad 8200 —perteneciente al Cuerpo de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI)— y la agencia de inteligencia extranjera, el Mossad. Según la información recopilada por el Financial Times, Israel utilizó un método de análisis de redes sociales para analizar miles de millones de puntos de datos con el fin de descubrir centros de tomas de decisiones relevantes e identificar nuevos objetivos para vigilar y eliminar.

Todo esto alimentaba una cadena de montaje con un único producto: definir objetivos. “En la cultura de inteligencia israelí, la inteligencia dirigida es la cuestión táctica más esencial: está diseñada para facilitar una estrategia”, explicó Itai Shapira, general de brigada de la reserva militar israelí y veterano con 25 años de experiencia en su dirección de inteligencia. “Si quien toma las decisiones decide que alguien debe ser asesinado, en Israel la cultura es: ‘Nosotros proporcionaremos la inteligencia dirigida’”.

El país hebreo ha asesinado a cientos de personas en el extranjero, incluyendo líderes militantes, científicos nucleares e ingenieros químicos, y ha matado a muchos inocentes en el proceso. Pero un tema de intenso debate, tanto dentro como fuera de Israel, es hasta qué punto este uso agresivo de su destreza tecnológica ha allanado el camino para importantes avances.

Una decisión política

La efectividad de inteligencia israelita del país quedó plenamente de manifiesto en la guerra de 12 días del año pasado. Más de una docena de científicos nucleares y altos funcionarios militares iraníes, entre ellos el líder del Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Hossein Salami, fueron asesinados en cuestión de minutos en la embestida inicial. Esto vino acompañado de una desactivación sin precedentes de las defensas aéreas de Irán mediante una combinación de ataques cibernéticos, drones de bajo alcance y municiones precisas disparadas desde fuera de las fronteras de Irán, destruyendo los radares de los lanzadores de misiles construidos en Rusia.

“Primero les quitamos los ojos”, describió un oficial de inteligencia. Tanto en la guerra de junio como en la actual, los pilotos israelíes utilizaron un tipo específico de misil llamado Sparrow, cuyas variantes pueden alcanzar un objetivo tan pequeño como una mesa de comedor a más de 1000 kilómetros de distancia, lejos de Irán y del alcance de cualquiera de sus sistemas de defensa aérea.

Pero matar a Jamenei fue una decisión política, no simplemente un logro tecnológico, dijeron más de media docena de funcionarios de inteligencia israelíes actuales y anteriores entrevistados para esta historia. Cuando la CIA e Israel determinaron que Jamenei se reuniría el sábado por la mañana en sus oficinas cerca de la calle Pasteur, la oportunidad de matarlo junto a parte de los principales líderes islámicos fue especialmente oportuna. Entendían que darle caza después del inicio de la guerra habría sido mucho más difícil, ya que los iraníes rápidamente se aislarían en búnkeres subterráneos inmunes a las bombas.

El ahora fallecido líder supremo, a diferencia de su aliado líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, no vivía escondido. Nasrallah había pasado años de su vida en búnkeres subterráneos, eludiendo varios intentos de asesinato israelíes hasta septiembre de 2024, cuando aviones de combate israelíes lanzaron hasta 80 bombas sobre su escondite en Beirut.

En lugar de eso, Jamenei había hablado en público sobre la posibilidad de ser asesinado, desestimando su propia vida como algo intrascendente para el destino de la república islámica. De hecho, algunos expertos en Irán dijeron que esperaba ser martirizado. Pero durante la guerra, dijo una de las personas entrevistadas, sí tomó algunas precauciones. “Era inusual que no estuviera en su búnker —tenía dos— y si lo hubiera estado, Israel no habría podido alcanzarlo con las bombas que tiene”, aclaró.

El presidente y el vicepresidente de Estados Unidos, Donald Trump y JD Vance, junto al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en julio pasado. Foto: archivo OFICINA PRIMER MINISTRO DE ISRAEL EN X

Incluso en junio de 2025, en plena guerra, Israel no intentó bombardear a Jamenei. En cambio, atacó principalmente a la cúpula del CGRI, los lanzamisiles y arsenales, así como las instalaciones de enriquecimiento de uranio y a los científicos que trabajaban en ellas. Si bien Donald Trump había amenazado repetidamente con atacar a Irán en las últimas semanas y construir una “armada” en sus costas, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear de la república islámica debían continuar esta semana.

El mediador omaní dijo que Irán estaba dispuesto a hacer concesiones que pudieran ayudar a evitar una guerra y calificó la reunión más reciente del jueves pasado como fructífera. En público, el presidente estadounidense se quejó de que las cosas avanzaban con demasiada lentitud. Pero una persona familiarizada con el asunto afirmó que, en privado, Trump estaba “insatisfecho con las respuestas iraníes”, lo que motivaría la decisión de iniciar el ataque.

Y una persona informada sobre la situación dijo que el ataque a Irán había sido planeado durante meses, pero los funcionarios ajustaron su operación después de que la inteligencia estadounidense e israelí confirmara que Jamenei y sus altos funcionarios se reunirían en su residencia capitalina el sábado por la mañana.

El seguimiento de objetivos individuales solía ser una tarea laboriosa que requería confirmaciones visuales y el análisis de confirmaciones falsas, pero la vasta recopilación de datos basada en algoritmos de Israel ha automatizado esa tarea en los últimos años. Aun así, para un objetivo tan valioso como Jamenei, el fracaso no era una opción. La doctrina militar israelí exige que dos oficiales superiores, trabajando independientemente el uno del otro, confirmen con alta certeza que un objetivo se encuentra en el lugar que se va a atacar y quién lo acompaña. Una de las personas afirmó que esto demostraba que la reunión con Jamenei se desarrollaba según lo previsto, con altos funcionarios dirigiéndose al lugar. Sin embargo, los estadounidenses tenían algo aún más concreto: una fuente humana, según dijeron ambas personas familiarizadas con la situación.

Inteligencia americana

Durante la tarde del viernes, Trump, que viajaba en el Air Force One hacia Texas, dio la orden de proceder con la Operación Furia Épica. Así denominó Estados Unidos los ataques contra Irán. El ejército estadounidense facilitó las circunstancias para que los aviones de combate israelíes bombardearan el complejo de Jamenei lanzando ataques cibernéticos “interrumpiendo, degradando y cegando la capacidad de Irán de ver, comunicarse y responder”, según el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos.

El general explicó que el ataque al complejo del ayatola y compañía tuvo lugar a plena luz del día gracias a un “evento desencadenante” que las FDI pudieron llevar a cabo con la ayuda de la inteligencia estadounidense. Los aviones israelíes, que habían estado volando durante horas para llegar a tiempo al lugar correcto, dispararon hasta 30 municiones de precisión contra el complejo de Jamenei, dijo un ex alto funcionario de inteligencia israelí. El ejército israelí afirmó que atacar durante el día supuso una ventaja. “La decisión de atacar por la mañana en lugar de por la noche permitió a Israel lograr una sorpresa táctica por segunda vez, a pesar de la sólida preparación iraní”, añadió.

A la vez, la CIA también había estado rastreando al ayatola Jamenei durante meses, adquiriendo mayor certeza sobre sus ubicaciones y patrones, según explicaron fuentes anónimas al New York Times. Luego, la agencia se enteró de que una reunión de altos funcionarios iraníes se llevaría a cabo el sábado por la mañana en la calle Pasteur. Lo más importante es que la inteligencia estadounidense, mediante un agente, se enteró de que el líder supremo estaría en el lugar. Estados Unidos e Israel decidieron ajustar el momento de su ataque, en parte para aprovechar la nueva información de inteligencia.

El destructor USS Spruance lanzando misiles en Operación Furia Épica. Foto: archivo

Esta información brindó una oportunidad para que ambos países lograran una victoria crucial y temprana: la eliminación tanto del ayatola como de otros líderes del régimen. La operación demostró que los líderes iraníes no tomaron las precauciones adecuadas para evitar exponerse en un momento en que tanto Israel como Estados Unidos enviaban señales claras de que se preparaban para el ataque.

Según consignó el medio neoyorquino, la inteligencia conjunta determinó que la reunión incluiría a altos funcionarios de defensa iraníes. Entre ellos, el actual comandante en jefe del CGRI que asumió tras el asesinato de Salami el año pasado, Mohammad Pakpour; el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh; el jefe del Consejo Militar, el almirante Ali Shamkhani; el comandante de la Fuerza Aeroespacial del CGRI, Seyyed Majid Mousavi, y el viceministro de Inteligencia, Mohammad Shirazi.

Alrededor de las 9.40 de la mañana en Teherán, los misiles de largo alcance impactaron el complejo de la calle Pasteur. En el momento del ataque, altos funcionarios de seguridad nacional iraní se encontraban en un edificio del complejo. Jamenei se encontraba en otro edificio cercano.

Como resultado, además del líder supremo iraní, todos los altos funcionarios de la defensa persa anteriormente mencionados resultaron muertos.

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