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El secreto del Pasaje Logroño

Durante 18 años la familia de Mariana Sepúlveda tuvo que convencerse de que su hija había desaparecido de Conchalí sin dejar pistas. Hoy, tras una confesión tardía e improbable de un antiguo vecino, puede que sus mayores miedos se vuelvan realidad: que su hija fue asesinada y escondida en el mismo pasaje donde fue vista con vida por última vez.

Mariana Sepúlveda se había pasado las últimas semanas caminando con tacos. Era un sonido al que su familia se estaba acostumbrando: ella ordenaba y se paseaba por la casa del Pasaje Logroño de Conchalí arrastrando los zapatos con poca gracia, como quien camina por primera vez. Quedaban cerca de dos meses para su licenciatura de cuarto medio y ya tenía el traje de pantalón y camisa con el que iba a lucir los tacones negros. Como le faltaba destreza, le decía a su madre que su caminata diaria era “para acostumbrar el pie y ablandar el zapato”. Así pasó semanas, hasta el 29 de agosto de 2008. Sepúlveda, o Loreto, como la llaman en su familia, salió rumbo al Colegio Pitágoras, en Independencia, como todas las mañanas, pero nunca regresó.

Sepúlveda no llegó a encontrarse, como era habitual, con su amiga Francesca Bascur y tampoco llegó al liceo. Esas fueron las primeras alertas. La familia de Sepúlveda sabía que algo andaba mal: no era común que no asistiera a clases. Así que comenzaron a buscarla entre personas cercanas, pero nadie tenía idea sobre dónde estaba. No interpusieron la denuncia inmediatamente, porque en Carabineros les dijeron que debían esperar al menos 24 horas. Que, seguramente, estaría de regreso mucho antes. Al día siguiente, sin noticias, Carolina, hermana mayor de la joven, junto a su madre, Marta León, presentaron una denuncia por presunta desgracia en la Quinta Comisaría de Conchalí.

León recuerda que desde que habló con los uniformados comenzaron los cuestionamientos hacia su hija: que podría haberse escapado, que debe estar de fiesta, que las jóvenes huían cuando estaban embarazadas. Por eso, le recomendaron que esperara a que regresara por su cuenta. La madre de la escolar añade que era común que Carabineros le diera estas respuestas: “Lo primero que me decían es que no me preocupara, que se había ido de carrete y que iba a volver el lunes, pero uno conoce a su hija, Mariana ni siquiera dormía en la casa de sus amigas”.

La búsqueda de Sepúlveda por parte de Carabineros comenzó una semana después de la denuncia, por la insistencia de la familia, que iba constantemente a consultar por los avances en la investigación a cargo del fiscal Patricio Cooper, que en ese entonces se desempeñaba en la Fiscalía Centro Norte.

“La primera diligencia que hicieron fue que nos andaban trayendo en una patrulla para recorrer los alrededores. Yo les decía que había que entrevistar a los vecinos. El peor error fue no empadronar a la gente del pasaje. Ahí la vieron por última vez. Debieron haberlo cerrado y buscado ahí durante las primeras horas”, dice Marta León.

La familia Sepulveda León había llegado al Pasaje Logroño de Conchalí en 2003: cinco años antes de la desaparición de la estudiante. Arrendaban una casa amplia, al igual que las demás de la calle, con patios grandes y fachadas antiguas. Vecinos del sector cuentan que eran personas reservadas, que las hermanas no eran de salir mucho. Quienes viven en las casas de Logroño en su mayoría son la tercera o cuarta generación que ocupan las viviendas. Todos se conocen desde hace años. Incluso, hasta hoy, las personas que vieron la desaparición de Sepúlveda siguen en las mismas casas. “Los vecinos no ayudaron mucho en la búsqueda, no éramos tan cercanos”, relata la madre. Algunos creían en los rumores de que se había escapado.

Realizar diligencias en el pasaje era fundamental para la familia. Marta León dice que minutos después de que Sepúlveda saliera de la casa, ella también salió. No había rastros de ella. “Yo tendría que haberla visto en el pasaje. Nos íbamos en la misma dirección y ella iba a buscar a su amiga al paradero. Mariana no alcanzó a salir del pasaje, o la habríamos visto”, relata la madre.

Pistas agotadas

En el país, en promedio, hay cerca de 10 mil denuncias anuales por presuntas desgracias. Acorde a datos de la PDI, gran parte de ellas se resuelve, pero hay un conjunto de casos que permanecen sin resolver y terminan en archivos judiciales. El caso de Sepúlveda pasó años estancado: fueron tantas las veces que se archivó la causa, que la familia perdió la cuenta de las aperturas. La cara de la joven de Conchalí ni siquiera tuvo tanta notoriedad en la cobertura periodística de esos días. Y eso fue porque su desaparición se produjo el mismo día en que nueve alumnas del Colegio Cumbres fallecieron cerca de Putre, durante un accidente vehicular durante su viaje de estudios.

Además, las líneas investigativas que no conducían a nada hicieron que el caso de Sepúlveda quedara bajo un manto de rumores y negligencias policiales. En octubre de 2009, a las tres de la madrugada, en el Retén El Salado, en la comuna de Chañaral, habría llegado una mujer a bloquear la cédula de identidad de Sepúlveda. La noticia hizo que los padres de la joven pensaran en viajar a Atacama, para seguir la pista de su hija. Sin embargo, en julio de 2010, el carabinero que realizó el bloqueo, Jorge Varela Cuadra, al ser notificado para declarar ante la Fiscalía, acorde a los informes, habría presentado “nerviosismo y titubeo al hablar sobre el carné”. Según su versión, la misma joven habría solicitado el trámite, pero esa historia se descartó meses después: cuando confesó que recibió una orden del suboficial de la Quinta Comisaría de Conchalí, Manuel Sáez Vinet, para realizar el bloqueo.

En los documentos de la carpeta de investigación Varela confiesa “que el día que me tomaron declaración, el personal de la SIP de Conchalí, a cargo del suboficial Sáez, este me presionó, manifestándome que yo había realizado el bloqueo de cédula de identidad a Mariana Sepúlveda, a lo cual yo le manifesté a mi suboficial que yo no realicé ese bloqueo, por tal situación mi suboficial me manifestó que si yo no decía que hice ese bloqueo me iban a dar de baja y me iban a meter preso, por tal razón yo me sentí presionado y, por ende, tuve que mentir”. Los uniformados fueron sancionados por el procedimiento, pero se desconoce la magnitud del castigo. Para la familia, esto se trató de una de las tantas negligencias en la investigación, aunque fuentes de la causa aclaran que solo fue un error administrativo.

Esa confusión se sumó a otras que enredaron el caso, como los mensajes que recibía a diario la familia de Sepúlveda. Uno de esos fue recibido por el padre de la joven, lo que llevó a que la Fiscalía no descartara la posibilidad de que él hubiese tenido contacto con su hija. Sin embargo, esa tesis fue rechazada por la familia.

“A mí me llamaban mucho, por eso decidimos entregar nuestros teléfonos para ver quién llamaba. Se mandó a hacer un informe a una compañía de teléfonos y resulta que aparecía como que alguien llamaba del norte al papá de Mariana. El fiscal, enojado, me dijo: ‘Tu esposo está en contacto con tu hija’. Ese informe ellos mismos reconocieron que estaba mal hecho. Era imposible, siempre estuvimos buscándola juntos en todos estos años”, dice la madre de Mariana.

Lo más cerca de un sujeto de interés en la investigación fue la arista que los llevó a otro vecino del Pasaje Logroño. Se trataba de un hombre que había sido acusado de violar a una integrante menor de edad en su familia. En esa causa, la familia mencionaba que él podría ser el responsable de la desaparición de Sepúlveda. Él se fue del pasaje un mes después de la denuncia de extravío, lo que causó más sospechas en la familia, pero las únicas indagaciones que se hicieron en su vivienda fue una búsqueda con perros y una declaración en la que negó conocer a la joven. Marta León dice que en ese entonces creía que todos en el pasaje estaban al tanto de algo que ella no sabía.

Luego de tres años, la investigación quedó archivada. Ese momento quedó grabado en la memoria de Marta León. El fiscal Cooper acordó una reunión con ella y su hija mayor. A ojos del Ministerio Público se habían quedado sin pistas, eso es lo que recuerda León.

“‘Hice todo lo posible. No hay nada más que hacer’, eso nos dijo. Nos entregó las carpetas. Pidió que las revisáramos y que si encontrábamos información que sirviera, él abría el caso. Sentí que me estaban dando una bofetada. Lo habría entendido si se hubiera hecho de todo, pero en tres años prácticamente no se hizo nada y eso lo sabemos ahora que nos hemos informado sobre los procedimientos en las desapariciones. Que te entreguen las carpetas es como que te manden a investigar a ti”, dice la madre.

La familia de Sepúlveda atravesaba un momento complejo. La investigación, que no llegaba a ninguna parte, coincidió con su salida del Pasaje Logroño. En 2013, el dueño de la casa les pidió entregarla. Para la madre, eso marcó un antes y un después en la búsqueda. “Yo no me quería cambiar de casa, dejar atrás la pieza donde estuvo Loretito fue muy difícil. Sentía que dejaba a Loreto allá. Nos íbamos lejos de la comuna y es dejar un lugar donde querías que tu hija estuviese. Todo lo que viví con ella se quedó en ese pasaje”.

Marta León y su familia consiguieron su casa propia en Pudahuel, dejaron atrás la pieza de Sepúlveda y desde entonces no volvieron al Pasaje Logroño. Las conmemoraciones en el lugar se hicieron más esporádicas y los carteles con la cara de la joven dejaron de ocupar un espacio en las calles y negocios del barrio. León siguió buscando pistas de su hija a través de una página en Facebook. “Los vecinos no se acercaban, no nos preguntaban nada. Solamente un par, pero a las conmemoraciones y búsquedas solo iban compañeros de colegio y amigos. Todos miraban de lejos”, recuerda ella.

Los residentes del pasaje relatan que luego de que se fue la familia, la imagen de Sepúlveda se fue desvaneciendo. Ya no había nadie que preguntara por ella.

La familia sólo volvió al pasaje en 2021, cuando se realizó una reconstitución de escena de la desaparición. Su abogada, Fabiola Aliante, fue clave en que se realizaran nuevas diligencias. Entre ellas, pericias a tres domicilios vinculados al vecino acusado por violación. Esto se produjo luego de que ella solicitara los permisos a los dueños de las casas y diera aviso al Ministerio Público, junto con tomar declaraciones a otros sujetos de interés. Una de ellas fue la amiga de Sepúlveda, Francesca Bascur, que había dicho en televisión que por su culpa habían secuestrado a la estudiante. Todos esos antecedentes, a juicio de la abogada, no fueron tomados en cuenta a inicios de la investigación.

Logroño 3980

El domingo 6 de septiembre de 2026, la madre de Sepúlveda recibió una llamada que removió el caso que llevaba estancado más de 18 años. “Me llamó un periodista y me dijo: ‘Encontraron a tu hija en el pasaje’. Yo no tenía idea. Nos pusimos a buscar y estaba en todas las redes sociales. Nosotros no teníamos la menor idea. Yo no quería ir al pasaje, pero fuimos y estaba lleno de carabineros”, dice.

El vuelco en el caso había sucedido unas horas antes, cuando Ghislain Quiroz, de 42 años, confesó en la Quinta Comisaría de Conchalí –donde años antes habían presentando la denuncia por presunta desgracia de Sepúlveda– que él había asesinado a la joven, cuando tenía 24 años y era vecino de la familia. También dio detalles del supuesto crimen: la habría enterrado en su casa, ubicada en Logroño 3980, a pasos de donde vivía la familia Sepúlveda León. El sujeto también dijo que en 2013 habría desenterrado los restos para deshacerse de ellos tirándolos a la basura.

Santiago, 8 de septiembre de 2026. El Ministerio Público somete a control de detención a sujeto de 42 años que confesó el asesinato de Mariana Loreto Sepúlveda, joven que desapareció hace 18 años en la comuna de Conchalí. Foto: Jonnathan Oyarzún/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

En las diligencias a la casa ubicada en el Pasaje Logroño, los peritos encontraron restos óseos. Hasta el cierre de esta edición seguían siendo identificados por el Servicio Médico Legal. Quiroz, padre de dos hijos, es descrito por los vecinos como alguien reservado y tímido. Algunos lo caracterizan como una persona “rara”, pero lejos de tener problemas para relacionarse con los demás. De hecho, les extrañó que se dijera en los medios que tiene una condición mental, ya que en las conversaciones con los vecinos nunca lo percataron. Ese punto también fue utilizado en la audiencia de formalización del viernes pasado, cuando la defensa argumentó que Quiroz tiene “un diagnóstico de una discapacidad cognitiva”. Por lo mismo, quedó en internación provisoria.

“Él había tenido un ACV hace poco. Quedó con su cara un poco desfigurada, pero siempre fue una persona con la que se podía conversar. Nunca notamos un problema, era un vecino activo”, cuenta un vecino de Logroño que vive ahí desde hace más de 50 años. En lo mismo coinciden otros dos residentes del sector.

Pasaje Logroño, Conchalí

Durante unas horas la familia de Mariana Sepúlveda pensó que Quiroz quedaría en internación hasta la próxima audiencia fijada para el 15 de octubre. Esa ilusión de que al fin tendrían una investigación adecuada, con un principal sospechoso, se derrumbó la misma tarde de la formalización.

La jueza del 2° Juzgado de Garantía, Elizabeth Melero, ordenó la liberación de Quiroz debido a que los delitos estarían prescritos, aunque la fiscalía ya anunció que apelará, la abogada de la familia calificó la decisión como “un horror que se repite”.

Después de tantos años con pistas falsas, datos inconclusos y falta de diligencias, aunque no estaban confiados en el testimonio de Quiroz, esperaban que las pericias pudieran aclarar qué ocurrió con su hija hace 18 años.

“La verdad es que a nosotros nos cuesta creer. Es muy difícil, porque nuestros hijos menores jugaban siempre con sus hijos. Los chiquillos iban a su casa, los invitaban a jugar Play o tomaban once. Incluso, uno de mis hijos jugaba Play con él. Él mismo me decía: ‘Mamá, si esto es verdad, yo cuántas veces estuve en esa casa’”, dice Marta León, que hoy también se lamenta.

Como tantas otra veces sucedió desde la desaparición de Sepúlveda, la posibilidad de tener algún avance en la investigación se truncó a medio camino. Aunque esta vez el desenlace podría incluso ser más frustrante: a pesar de que hay un posible autor confeso, aún así no pueden esclarecer qué ocurrió con su hija la mañana de ese 29 de agosto.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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