Colosal iceberg a la deriva: estudio liderado por científico de la U. de Santiago alerta sobre colapso de plataformas de hielo antárticas por olas de calor

Imagen referencial.

Investigación encabezada por Raúl Cordero, señala que el fenómeno generaría un complejo escenario en el continente blanco. Tal como ocurrió en 2002 con la plataforma de hielo Larsen B, la historia podría repetirse casi 20 años después. El cambio climático sigue siendo el gran responsable.




Este viernes la revista Scientific Report, perteneciente a la editorial Nature, publicó un estudio del grupo científico @Antarctica de la Universidad de Santiago y otras universidades internacionales, el que analizó cómo las olas de calor en la Antártica pueden hacer colapsar (tipping point en inglés) alguna de las grandes plataformas de hielo flotantes que rodean al continente blanco. Esto ya sucedió hace casi 20 años, en 2002, con la plataforma de hielo Larsen B.

La investigación proyecta considerables alzas en la frecuencia de olas de calor en la Antártica, mostrando además que estas temperaturas extremas podrían provocar el fenómeno en pocas décadas. Como consecuencia del alza sostenida de la temperatura, en el continente blanco se han registrado en los últimos años frecuentes récords, como el ocurrido en el norte de la Península Antártica de 2020.

El 6 de febrero de ese año, los termómetros en la Base Esperanza superaron los +18°C, alcanzando el valor más alto jamás medido en el continente antártico. Se trató de una temperatura muy superior a los valores típicos en ese punto, que en febrero rondan los +4°C. El nuevo récord es además, 0,8°C mayor que el récord previo, el que también se registró en la Base Esperanza en marzo de 2015.

La gráfica explica cómo las olas de calor pueden afectar a las plataformas de hielo.

Raúl Cordero, académico de la Universidad de Santiago y líder de la investigación, junto a Sarah Feron (Universidad de Groningen, Países Bajos y Usach), señala que las olas de calor son períodos de al menos tres días consecutivos con temperaturas significativamente más altas de las consideradas típicas para la fecha y el lugar. “Por ejemplo, en el extremo norte de la Península Antártica, una temperatura superior a los 4°C durante tres o más días configura una ola de calor. Aunque nos cuesta considerar una temperatura de +4°C como ‘calurosa’, las temperaturas que nosotros consideramos frías en nuestras ciudades, pueden considerarse olas de calor en latitudes polares, donde pueden provocar efectos adversos en la biosfera local e intensificar los derretimientos estivales”.

El fenómeno podría ser similar a lo ocurrido en 2002. “Debido al aumento proyectado en la duración y la amplitud de las olas de calor, varias plataformas de hielo de la Antártica tienen una probabilidad creciente de alcanzar los niveles de derretimiento récord alcanzados anteriormente”, explica Cordero. “Para algunas de éstas, el riesgo de alcanzar esos niveles riesgosos de derretimiento es considerable. Nuestros resultados plantean preocupaciones sobre la estabilidad de varias plataformas de hielo, que podrían alcanzar su punto de quiebre antes de fin de siglo”, agrega.

El estudio desafía la hipótesis comúnmente aceptada de que las olas de calor no tienen consecuencias en la Antártica porque la mayor parte del agua que resulta del derretimiento, se vuelve a congelar. Según señala Cordero, “en este trabajo mostramos que las olas de calor prolongadas que ocurren actualmente pueden conducir a persistentes pozas de agua que pueden desencadenar el colapso de las plataformas de hielo, tal como ocurrió con Larsen B hace unos años”.

Especialmente en zonas costeras, las olas de calor antárticas tienen efectos inmediatos sobre la nieve y el hielo, provocando enormes eventos de derretimiento. Durante el verano, vía imágenes satelitales, es posible apreciar enormes pozas o lagos en esas zonas del continente. Por ejemplo, atribuible a la ola de calor récord de febrero de 2020, la capa de nieve en el extremo norte de la península antártica se derritió 106 milímetros del 6 al 11 de ese mes. Aproximadamente el 20% de la acumulación de nieve estacional se derritió en este único evento en esa zona.

¿Las olas de calor, como la ocurrida en 2020, son hechos aislados? La investigación señala que las olas de calor más frecuentes en la Antártica no son eventos puntuales o casuales, sino que son una consecuencia directa del cambio climático, explica el estudio.

Resultado de la ola de calor que afectó a la península antártica en febrero de 2020.

Hasta finales de siglo, “se proyecta que el número de olas de calor se duplique en la Antártica Occidental (incluida la Península Antártica) y se triplique en el vasto interior de la Antártica Oriental, incluso en un escenario de emisiones moderadas. Hay importantes diferencias regionales en el aumento esperado de las olas de calor antárticas: si bien el número de olas de calor aumentará más a lo largo de la costa de toda la Antártica, éstas durarán más (al interior del continente hasta 20 días consecutivos)”, señala Cordero.

Cambio climático y calentamiento global

En paralelo al estudio de Cordero y Feron, un grupo de científicos de la Universidad de California Irvine (UCI) y el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la Nasa, también analizaron la situación de las plataformas de hielo flotantes. En un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, detallan el adelgazamiento de la sustancia que actúa como “tapagrietas” en el hielo.

Lo anterior, ha sido identificado como una de las principales causas de los desprendimientos de grandes icebergs en la Antártica. Esta mezcla de hielo, que es una combinación de fragmentos de la plataformas de nieve arrastrada por el viento y agua de mar congelada, actúa como un pegamento para fusionar grandes fisuras en el hielo flotante en la Antártica.

Cordero señala que al estudiar datos de reanálisis, modelos climáticos globales (GCM) y modelos climáticos regionales (RCM), concluyeron que el cambio climático está aumentando la probabilidad de ocurrencia de olas de calor en la Antártica. “Después de analizar los cambios en la frecuencia de ocurrencia de temperaturas extremas en la Antártica, proyectamos que las olas de calor serán cada vez más frecuentes y duraderas en todo el continente, independientemente del escenario de emisión”, señala Cordero.

Esta situación es literalmente, “la punta del iceberg” de un problema mayor y de aún mayor cuidado. “El problema de fondo es el calentamiento global. Mientras no lo detengamos, el riesgo de colapso de algunas plataformas de hielo continuará aumentando y será cada vez más rápido”, argumenta Cordero.

De acuerdo al estudio, debido a las cada vez más frecuentes olas de calor, algunas plataformas de hielo (Larsen C, Wilkins y Abbot) corren el riesgo de alcanzar su punto de quiebre antes de fin de siglo.

Debido al aumento proyectado de las olas de calor, varias plataformas de hielo de la Antártica tienen una probabilidad creciente de alcanzar los niveles de derretimiento récord registrados en las plataformas de hielo Larsen A y Larsen B antes de su colapso en 1995 y 2002, respectivamente. Para algunas plataformas de hielo, el riesgo de alcanzar esos niveles riesgosos de derretimiento es considerable. “Nuestros resultados plantean preocupaciones sobre la estabilidad de varias plataformas de hielo, que podrían alcanzar su punto de quiebre mucho antes de fin de siglo”, advierte Cordero.

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