El espíritu navideño está en nuestro cerebro
<P>Tan enraizada está en nuestra cultura la celebración de la Navidad, que basta que veamos un pino o unas luces para que inmediatamente se active en nuestro cerebro una zona relacionada con las emociones, responsable del ánimo festivo que tenemos en esta fecha.</P>
ES ESA fecha del año otra vez. Esa de los villancicos en las tiendas, de las luces hipnotizantes del árbol de Pascua en la casa y de ponerse de acuerdo con la familia sobre qué hacer y dónde pasar la Navidad. A usted puede gustarle esta temporada o puede sentir ganas de salir corriendo del supermercado cuando repiten por quinta vez Jingle Bells en menos de una hora, pero la verdad es que, de todas formas, esta fiesta cambia nuestro ánimo.
Felicidad, expectación y mayor sensibilidad frente a la realidad son sólo algunos de los sentimientos que genera la cercania de la Navidad. Porque tan asentada está esta fiesta en nuestra memoria colectiva que incluso nuestro cerebro reconoce inmediatamente sus primeros signos (el pan de Pascua, las luces en las calles) y sólo con exponerse a éstos activa regiones relacionadas con la expresión de estas emociones.
En otras palabras, el espíritu navideño tiene un lugar en nuestro cerebro. Así lo comprobó un grupo de investigadores daneses que se dieron a la tarea de realizar un estudio piloto para explorar con mayor profundidad qué ocurría en las conexiones neuronales durante estas fechas.
"El espíritu navideño es un elemento emocional bien conocido, pero complejo, de la sicología humana occidental. El sentimiento es tan fuerte que puede causar una sensación de felicidad y placer en un momento frío y oscuro del año" (para ellos es invierno), escriben los autores en la investigación La representación cerebral del espíritu navideño. Y agregan: "Este sentimiento aparece incluso sin asistencia farmacológica, aunque el consumo de pasteles y bebidas calientes ayuda a sostener el sentimiento", ironizan.
A través de imágenes de resonancia magnética funcional, analizaron lo que ocurría en los cerebros de personas de distintas culturas (y, por tanto, diferentes aproximaciones a la celebración de la Navidad) cuando se les exponía a estímulos relacionados con las celebraciones típicas de la fecha, como las luces en las calles y dulces tradicionales.
Cuatro personas fueron sometidas a este análisis. Dos eran danesas y se habían criado celebrando tradicionalmente la Navidad. El resto había nacido y se había criado en Dinamarca, pero siguiendo tradiciones indias y paquistaníes. O sea, nunca habían celebrado la Navidad como tradicionalmente la concebimos.
Al aparecer las imágenes navideñas, que fueron mezcladas con otras neutras (unas galletas en un bowl y la esquina de una calle cualquiera) para medir la diferencia, los cerebros de los participantes que habían vivido la Navidad mostraron una fuerte actividad en zonas específicas, como el área frontal, parietal occipital y subcortical del cerebro. Sin embargo, en el caso de los participantes que se habían criado sin fuertes tradiciones navideñas, el cerebro sólo se activaba en la zona de percepción visual y de la misma forma frente a cada imagen, tuviera o no que ver con las festividades.
El autor principal de este estudio, Faisal Mohammad Amin, médico y estudiante de doctorado en el Centro de Cefalea y Departamento de Neurología de la Universidad de Copenhague, dice a Tendencias que estas zonas están típicamente relacionadas con la sensación de expectación, emocionalidad e integración multisensorial, y que ello explicaría el cambio de comportamiento en estas fechas, en que empiezan a asomar por todas partes estímulos que recuerdan la celebración.
Si bien en su estudio los investigadores no profundizan en las causas de la activación de ciertas zonas cerebrales (se trató de una investigación exploratoria publicada en una edición especial de Navidad de una revista danesa), hay buenas razones para creer que una de las principales causas de este fenómeno tiene que ver con el tipo de recuerdos relacionados con la Navidad. No importa si son buenas o malas; la mayoría de las memorias vinculadas con esta fecha involucran un fuerte componente emotivo. Ya sea porque los estímulos que la rodean (la música, las películas, etc.) buscan despertar una respuesta emocional; o bien, porque pasamos más tiempo con la familia y los amigos, y eso evidentemente tiene un componente más emotivo que racional.
Son precisamente los recuerdos relacionados con sentimientos los que se almacenan con más fuerza en el cerebro, particularmente en la zona subcortical, que se conoce como "cerebro antiguo", porque es la parte encargada del procesamiento de las emociones y que se enciende cuando percibimos estímulos navideños.
Además, está el tema de las memorias felices. Si bien en esta fecha ocurren tantos sucesos negativos como en cualquier otra del año, la mayoría de la gente tiene recuerdos positivos de ella, lo que inmediatamente evoca en el cerebro la liberación de dopamina, un neurotransmisor ligado al circuito de recompensa y que es capaz de cambiar nuestro ánimo positivamente.
Por supuesto, estar de mejor ánimo tiene muchos beneficios y, hasta cierto punto, ayuda a aliviar el estrés relacionado con la fecha. Sin embargo, no hay que dejar que el espíritu de estas celebraciones lo dejen volando tan bajo, ya que su bolsillo podría salir perjudicado.
La música navideña, por ejemplo, que es uno de los estímulos que encienden estas zonas relacionadas con una mayor emocionalidad, es usada hace años por las tiendas para predisponer a los clientes a un estado más consumista que el habitual, o sea, uno más cercano a la emoción del momento que a la racionalidad del cálculo de cuánto se puede gastar.
"Hemos demostrado que la 'música apropiada de festividad', combinada con 'aromas de Navidad' (galletas, pinos, etc.), puede influenciar a los compradores, aumentando la cantidad de tiempo que pasan en una tienda, su intención de volver a ésta y de comprar algo ahí", dice a NBC News, Eric Spangenberg, decano del College of Business en la Universidad Estatal de Washington en Pullman, quien ha estudiado la influencia de la música sobre el comportamiento navideño.
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