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José Miguel Insulza: "El gobierno y la Concertación tenemos un problema común"

<P>El ex ministro del Interior afirma que la actual crisis política debe ser resuelta "dando cada uno algo de sí".</P>

El 30 de enero de 2003 se firmó en La Moneda, con la presencia de todos los actores políticos, el Acuerdo de Modernización del Estado, que terminó por contener la crisis derivada del caso MOP-Gate. Uno de sus protagonistas, el actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza -el otro fue el entonces presidente de la UDI, Pablo Longueira-, revisa el actual escenario político, tras el llamado del Presidente Sebastián Piñera a suscribir un amplio pacto con la oposición. "Tenemos un problema común", advierte el ex ministro.

¿Cómo ve el actual clima político, marcado por las manifestaciones ciudadanas contra HidroAysén y la caída en las encuestas de todos los bloques políticos?

No ha dejado de llamarme la atención los últimos intercambios, los problemas, y, claro, ellos tienen que repercutir naturalmente en las encuestas.

¿A qué atribuye usted este nivel de "crispación", como se le ha llamado en ciertos sectores?

No ha habido probablemente un nivel de diálogo. Cuando digo diálogo, no digo que se junte el Presidente con los jefes de partido, esas cosas se hacen cuando ya ha habido diálogo. No sé en detalle cuál es el grado de relación que existe hoy día en el Parlamento, o la relación entre los ministros y los parlamentarios, pero tengo la impresión de que no ha existido -de ambos bloques- suficiente disposición a dialogar sobre los grandes temas que se están planteando. Eso no significa que vea una oposición cerrada, pero en general es el gobierno el que da los primeros pasos para el diálogo.

¿Usted cree que la solución pasa por que los políticos firmen un acuerdo, tal como ocurrió en algún minuto en los gobiernos de la Concertación, como con Lagos en 2003?

Eso es el final de un largo proceso. Los sectores políticos tienen cada uno su política y su propuesta, y acercar esas propuestas es un largo proceso de debate público, de conocimiento, que culmina con un acuerdo nacional o algo así. Pero eso no nace de la noche a la mañana, no podría estar seguro de que existan las condiciones para hacerlo. Si alguien quiere que eso se produzca, tendría que tratar de construirlas.

¿Qué diferencias ve entre el clima existente ahora y el que hubo previo al Acuerdo de Modernización, que usted promovió el 2003?

Debo reconocer que en el caso del gobierno de Lagos, donde se realizó el acuerdo, existía el interés común. Todos teníamos claro que a ninguno le convenía el clima que existía en ese momento y que había que hacer algo para resolverlo. Había habido una cierta amistad cívica. Para ser bien claro, la iniciativa la tomó Pablo Longueira, que yo recuerde. Fue a hablar con el Presidente Ricardo Lagos, el presidente le pidió que hablara conmigo y armamos el asunto y, bueno, conversamos harto tiempo. Esto tomó varios meses, yo recuerdo que el Presidente me llamaba a cada rato para preguntarme cuándo iba a estar, porque había preocupación. Creo que en ese momento el clima estaba bueno, a pesar de todas las dificultades que existían.

¿Fue clave que el senador Pablo Longueira -en esa oportunidad- formara parte de una oposición más homogénea y con menos conflictos sobre la manera de relacionarse con el gobierno?

La oposición era distinta. Claro, tenían que mostrar que ellos podían participar constructivamente del gobierno, y la verdad es que había interés del gobierno para salir de la condición en que se encontraba. A todos nos interesaba superar esa coyuntura que se vivía.

¿Cuál es la oposición que más le gusta? ¿La de los primeros meses del mandato de Piñera, cuando apoyó la reconstrucción, o una que se ha endurecido notoriamente, al punto de que rechaza casi todas las iniciativas de La Moneda?

A mí no me corresponde juzgar eso, porque no he estado allá. Pero tengo la impresión de que, efectivamente, al principio existió una disposición mayor de la Concertación, que probablemente no haya sido acogida suficientemente, y eso provocó las reacciones posteriores. Cuando los gobiernos comienzan, muchas veces -y eso no es una crítica , es una constatación de hechos- tienen una idea equivocada de que van a cambiar las cosas, que van a hacer un montón de cambios, que la gente los apoya, etcétera, y claro, lo que pasa es que con el tiempo los apoyos van disminuyendo y se va viendo que las cosas no son tan fáciles.

En algunos sectores de la Concertación son reacios a los acuerdos, porque éstos terminan finalmente beneficiando a quien está instalado en La Moneda...

Yo creo que ganan los dos bandos. O sea, que a la gente le gusta que sus políticos les resuelvan sus problemas. Cuando se logran acuerdos para resolver problemas, naturalmente la gente los valora, valora el diálogo, pero también cuando no hay acuerdo, no quiere cosas ficticias, sino que quiere posiciones claras. Tiene que haber un clima de confianza, y como tenemos un problema común y nadie lo puede resolver solo, todos tienen que estar dispuestos a dar algo de sí.

¿Usted cree, como Roberto Méndez, que el gobierno baja en popularidad porque hay una cierta intolerancia de la gente, que hay un cierto segmento al que le irrita que la derecha esté en el poder?

Yo creo que el sentido común del país es esencialmente progresista. Siempre he dicho que creo que la Concertación perdió no porque la gente no pensara parecido a ella, sino por un conjunto de errores. Naturalmente, hay mucha gente que resiente ese hecho, que sienten que con todo lo que se había hecho en el país no deberían haber perdido, pero eso no sé si será resistencia hacia el gobierno o, más bien, una molestia con nuestra propia conducta.

¿Por qué usted cree que la Concertación -entonces- no logra capitalizar la baja del gobierno y ha llegado a sus peores niveles de desaprobación?

La mayoría de la oposición nunca se expresa plenamente en las encuestas. Los chilenos son bastante tolerantes hacia sus gobiernos y no se vuelcan de inmediato de manera visible hacia los partidos de la oposición. Yo creo que la Concertación está en una posición más que razonable, y yo diría que está trabajando duramente y puede conseguir resultados. Eso lo vamos a saber en las próximas municipales, probablemente, pero no veo una gran crisis. Lo que veo todavía es ausencia de un proyecto lo suficientemente claro.

¿Cree que en la Concertación se esté imponiendo la tesis más dura de aquellos que promueven una mayor identidad opositora y no generar acuerdos con el gobierno?

La única que puede ganar es una Concertación unida. Si existen discrepancias en la Concertación, o que un sector está ganando a otro, eso no puede ser. Lo que la Concertación necesita es una voz clara, una sola dirección.

¿Usted es de los que piensan que la marca Concertación está agotada y que hay que dar vuelta la página, buscar otra forma de aglutinar a la Concertación?

No pienso que la marca esté agotada, yo pienso que la marca hizo muchas cosas y, claro, quedaron otras muchas cosas por hacer. Me preocupa que muchos hagan actos de masoquismo por las cosas que no hicimos, sin recordar las que hicimos. Y pienso que realmente todas esas cosas fueron conseguidas a costa de un esfuerzo muy arduo y con una discusión fuerte con la derecha, que de pronto permitió algunos acuerdos, pero que no fue un puro consenso.

En la medida en que la oposición se fue dando cuenta de que algunas de nuestras batallas eran importantes, nosotros pudimos hacerlas. Creo que tenemos que ofrecerle ese tipo de banderas al país. Como dice mi querido amigo Genaro Arriagada, no tenemos por qué, la Concertación no tiene que ir a pelearse por la letra chica, tiene que pelearse por los temas que valen la pena.

Hay una crisis de representación de la clase política y alguna gente dice que, para superar esto, el acuerdo entre el gobierno y la oposición debiera incluir un acuerdo de reformas políticas...

Yo pienso que nosotros tenemos un sistema político que no da cuenta de la realidad y densidad del país. El sistema binominal deja a un montón de gente en casa porque estrecha las opciones al máximo. Siento que empezar el diálogo sobre cambios reales al sistema político sería muy útil.

¿Por qué Bachelet permanece sin ser afectada por la crisis de credibilidad de los políticos? ¿Ha hecho bien estando fuera del país?

Son muchas razones. Los líderes mantienen popularidad porque la gente se identifica con ellos. Entonces, no creo que la miren como una líder excepcional dentro de la política, porque Michelle es una persona del mundo político también. Yo a ella la conocí en el Comité Central del Partido Socialista, no en las manifestaciones de organizaciones no gubernamentales. Ella ha compatibilizado muy bien la demanda al concepto de la política como una forma de resolver los problemas.

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