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Teatro Municipal presenta histórica sinfonía sobre el ataque alemán a Leningrado

<P>Estrenada en Chile en 1943, la Sinfonía Nº 7 de Shostakovich es tocada hoy por la Orquesta Filarmónica.</P>

Las partituras comenzaron a circular durante las frías noches de Leningrado y eran pasadas de mano en mano y de página en página, eludiendo cualquier sospecha. El ataque alemán a la segunda ciudad más importante de la Unión Soviética ya llevaba un año y era necesario evitar que el enemigo se enterara de movimientos extraños, aunque apenas fueran la planificación de un concierto de música docta.

Compuesta por Dimitri Shostakovich (1906-1975) a fines de 1941, durante los meses previos e inmediatamente posteriores a la invasión alemana, su Sinfonía N° 7 no era precisamente una obra de salón. Por el contrario, operaba como un artístico Caballo de Troya, detentando un contenido patriótico que Stalin y los suyos supieron usar con habilidad.

Llegado el momento, el 9 de agosto de 1942, la Orquesta de la Radio de Leningrado interpretó la obra y para saciar el apetito de quienes quedaron sin entradas, se dispusieron altavoces en las calles de la ciudad sitiada. Esa misma mañana, el general Leonid Govorov había bombardeado ciertas posiciones de artillerías alemanas y las desarticuló momentáneamente. De esta manera, durante el día del concierto retransmitido por radio y altavoces no hubo fuego enemigo que opacara la emisión.

La Sinfonía Leningrado fue interpretada por única vez en Chile en versión de la Orquesta Sinfónica en 1943, apenas dos años después de su estreno en Moscú y uno desde el patriótico concierto de Leningrado, actual San Petersburgo.

Muy larga y con un contingente que requiere 110 músicos, la Séptima sinfonía de Dimitri Shostakovich ha sido siempre una prueba de fuego para las orquestas y recién ahora, casi 70 años después, se vuelve a interpretar en el país. La ocasión serán los conciertos que la Filarmónica de Santiago ofrece hoy y mañana, a las 19 horas, en el Teatro Municipal, dirigida por el británico Jan Latham-Koenig.

La sinfonía está dominada en su primer movimiento por dos motivos principales: el de la Rusia de la preguerra y el de la invasión alemana. Shostakovich creó grandes segmentos de esta primera parte antes de inicio del sitio a Leningrado (en septiembre de 1941) y muchos han querido ver también que el amargo pasaje de la Rusia antes de la guerra es una alusión a las purgas estalinistas de 1936 a 1938. El propio compositor fue objeto de la censura al ser acusado de "formalista" por los comisarios de la cultura soviética durante la década del 30 y su relación con Stalin fue siempre ambivalente.

El periodista y musicólogo ruso Solomon Volkov dio a entender en Testimonio (1979), su famoso libro de conversaciones con Shostakovich, que el compositor empezó la sinfonía como una sombría alegoría sobre el totalitarismo estalinista.

El director Latham-Koenig, sin embargo, apela a otro aspecto. "Shostakovich tuvo problemas con las autoridades, pero no hay que olvidar que era un ruso. Es decir, gente patriota por naturaleza, que ama a su país. Cuando vino el sitio a Leningrado, que duró de 1941 a 1944 y costó cerca de cuatro millones de vidas, Shostakovich trabajó como bombero, protegiendo el conservatorio. Es decir, es alguien que vivió la guerra desde adentro y su sinfonía refleja eso", explica.

¿Es una obra optimista entonces?

La sinfonía termina en forma triunfal y eso es profético, pues los rusos lograron finalmente alejar a los alemanes. Es también una muestra del afecto de este compositor por su ciudad y su gente. Y eso va más allá del estalinismo. Tiene que ver con el alma rusa.

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