Ben Kingsley: El inolvidable Gandhi cumple 65 años
El actor británico de origen hindú Ben Kingsley, la cara más inolvidable de líder pacifista indio Mahatma Gandhi, cumple mañana 65 años, pero lejos de pensar en la jubilación llega a esa edad con una agenda repleta de compromisos laborales.
Krishna Bhanji, que cambió su nombre por el de Ben Kingsley, iba para médico pero colgó los libros tras asistir a una representación de Ricardo III por la Royal Shakespeare Company, en la que logró ingresar en 1967 tras pasar por varias compañías teatrales y a pesar de haber sido rechazado por la Royal Academy of Arts.
Su debut en el cine lo hizo en 1972 con la película Fear is te key, pero tras esa breve incursión regresó al teatro, donde desarrolló sus primeros años de carrera.
No regresó al cine hasta diez años después, en 1982, cuando logró el reconocimiento mundial con su interpretación de Gandhi en la cinta del mismo nombre, de la mano del director Sir Richard Attenborough (Chaplin).
Kingsley, al que le une un gran parecido físico con el padre de la independencia india -país de origen de su padre-, tuvo que adelgazar nueve kilos para entrar en el personaje y enfrentarse al reto de transmitir en la gran pantalla la inteligencia, el magnetismo y el carisma de Gandhi.
Esa interpretación le valió no sólo el Oscar al mejor actor (1982), con el que quizás no contaba pues al recogerlo señaló: "si hubiera sabido que iba a ganar no habría venido vestido como un camarero", sino también el Globo de Oro en la misma categoría y el premio Bafta británico.
Otro de sus papeles más recordados, y que le dejó a un paso de un nuevo premio Bafta, fue el del contable judío Stern, quien ayudó a salvar a cientos de judíos de los campos nazis de concentración en La lista de Schindler (1993).
Kingnsley se siente "más vinculado, emocional y profesionalmente, a las películas que cuentan historias extraordinarias sobre destinos extraordinarios", según sus propias palabras.
Con el título de Sir desde 2002, cuando fue nombrado Caballero de la Corona Británica por Isabel II, Kinsgley se ha metido en mil pieles: desde un despiadado gángster en Sexy Beast (2000), a un ex coronel del Ejército iraní en La casa de arena y niebla (2003), o un presunto torturador en La muerte y la doncella (1994), según la obra teatral del chileno Ariel Dorfman, dirigido por Roman Polanski.
Sin olvidar los personajes históricos, en especial para series de televisión, de manera que encarnó a Pericles en The war that never ends (1991) y a Vladimir Lenin (1998) en Lenin: the train.
Con un elenco de los más variados personajes en su haber, Kingsley asegura que siempre intenta encontrar algo que admire en cada papel y cuando elige uno lo hace porque reconoce al hombre o porque siente curiosidad por él, y en caso contrario "es mejor no interpretarlo".
Desde que ganara el Oscar en 1982, Kingsley ha logrado otras tres candidaturas, una como mejor actor en 2003 por La casa de arena y niebla y dos como secundario, en 1991 y 2001 por Bugsy y Sexy Beast, respectivamente, así como otras tres a los Globos de oro por las mismas cintas.
Hombre de múltiples facetas, en la década de los 60, los beatles John Lennon y Ringo Starr intentaron incluso convencerlo de que dejase la interpretación en favor de la música, tras escuchar su voz y las canciones que él mismo componía.
Aunque mañana llega al umbral de los 65 años, Kingsley parece muy lejos de pensar en la jubilación, pues sólo en este año ha participado, con papeles más o menos importantes, en seis películas, entre ellas Elegía (en la foto), de Isabel Coixet, donde protagoniza una singular historia de amor con Penélope Cruz, treinta años más joven.
Además, en los próximos dos años se estrenarán otros cinco filmes en lo que ha colaborado, entre ellos Queen of the South, basada en un libro de Arturo Pérez Reverte y que está en fase de producción, y el nuevo thriller de Martin Scorsese, Shutter Island.
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