Histórico

Director de Cahiers du Cinema: "Sólo la mitad de los ganadores de Cannes se lo merecieron"

Jean-Michel Frodon dirige desde el 2003 la revista, desde donde analiza el presente y el pasado del influyente festival que comenzó esta semana.

El número de mayo de Cahiers du Cinéma le da largamente la palabra a Francis Ford Coppola, que regresa a Cannes 30 años después de Apocalipsis ahora. También a Almodóvar y a Alain Resnais, un canónico local. "Y mostramos", dice su director, "cómo, 50 años después, el espíritu de la Nueva Ola sigue soplando y que eso se ve en Cannes 2009". 

Jean-Michel Frodon (55) no lo dice por nada. Hijo de crítico, este profesor y fotógrafo tiene claro cuán simbólico es el nexo entre los Cahiers y el festival más convocante y expuesto del planeta. En 1959 François Truffaut, ex crítico de la revista, se alzaba con el Premio del Jurado, catapultando a la cima a los comentaristas mutados en cineastas tras escribir en la publicación: Rohmer, Chabrol, Godard. 

Fueron la Nouvelle Vague y el señalado es un momento estelar para el director y para cualquiera que haya pasado por la redacción que habita. Así que no es llegar y pelar a Cannes con Frodon, que se toma el tiempo para analizar las glorias y miserias de Cannes.

Se ataca al festival glamoroso y por ser menos exigente que Locarno o Rotterdam,  ¿Hay algo de razón ahí?
La particularidad de Cannes es la de admitir un gran número de aspectos del cine. Las seis programaciones  son sólo una parte del festival, que es también uno de los principales mercados del cine, un lugar de encuentro, un lugar de intercambios políticos y de convergencia para cinéfilos no profesionales. En cuanto a la sección más prestigiosa,  atrae a los nombres mayores del cine mundial, aspecto en que su único rival es Venecia, cuya restante programación no es del mismo nivel.

Poco antes de asumir como jurado en Cannes 2002, Raúl Ruiz dijo que había un problema con este y otros festivales: los ganadores tienden a ser los que no molestan a ninguno de los votantes y las películas realmente extraordinarias no se pueden premiar. Agregaba que muchas receptoras de la Palma de Oro hoy están olvidadas.
Eso depende de la composición del jurado (algunos reúnen gente dispuesta a correr riesgos) y la voluntad de su presidente. Fue el jurado en su conjunto el que hizo compartir, en 1997, la Palma de Oro entre dos películas magníficas y valientes, El sabor de la cereza y La anguila. Fue David Cronenberg, como presidente, quien impuso en 1999 la entrega de la Palma a Rosetta, de los hermanos Dardenne, tal como Wenders impuso Sexo, mentiras y video en 1989. Ahora, si uno mira la lista de palmas de oro, se puede decir que la mitad la mereció y la mitad no. Elefante y 4 meses, 3 semanas, 2 días, son ejemplos de los premiados no evidentes.

Escribiendo para Cahiers, usted definió la Palma a Fahrenheit 9/11 (2004) como una "derrota política del cine". ¿Ha habido triunfos políticos?
Creo que Fahrenheit no es un filme, sino un panfleto, un objeto de propaganda. Que yo comulgue con la causa a favor de la cual se hace la propaganda, no cambia nada. Jamás debió estar en la competencia y que además ganara el premio principal es una negación del trabajo político del que el cine es capaz. Por el contrario, cada vez que se premia una película que desarrolla una mirada nueva, problematizadora, que le da libertad al espectador, para mí es una victoria política. Además de los filmes mencionados, podría remontarme a Apocalipsis ahora (1979) y La conversación (1974), de Coppola; a París Texas (1984), para hablar sólo de palmas de oro y no llegar a los premios del jurado a La mamá y la puta (1973) y a Los 400 golpes (1959), el año en que la Palma fue a la olvidada Orfeo negro.

¿Descubre talentos o define tendencias el festival?
De nuevo hay que distinguir. El año pasado, la Caméra d'or (al mejor debut) jugó un rol importante al premiar un filme muy radical: Hunger, de Steve MacQueen. El festival de los últimos años le ha dado un nuevo lugar al documental y a los filmes más cercanos a las artes plásticas. Creo que hoy son más bien los medios los que no están haciendo el trabajo que hacían 15 años atrás, prestando más atención al glamour (que es indispensable en Cannes, por otro lado). Pero, cuando pasa algo importante en el cine chino, iraní, argentino o rumano, Cannes da cuenta de eso.

¿Qué estatus tiene el chileno en el circuito?
Aparte de Tony Manero, Machuca y Calle Santa Fe, no he visto películas chilenas recientes. Lo lamento y sin duda es injusto, pero esto testimonia también que si un filme chileno encuentra un lugar, cada tanto, en las pantallas internacionales, el cine chileno aún no se ha revelado.

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