Por Rodrigo Yáñez Chile–Bolivia: una nueva oportunidad

Liderada por el canciller Pérez Mackenna y acompañado por la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez, este jueves una inédita delegación público-privada aterriza en Bolivia. Esta visita oficial histórica a La Paz y Santa Cruz es una señal concreta del punto de inflexión de la relación bilateral.
Existe hoy un espacio real para avanzar hacia vínculos pragmáticos, con foco en crecimiento, inversión, integración económica y otras áreas de interés mutuo. Esto gracias a una coincidencia de nuevos liderazgos que abrió una ventana de oportunidad poco habitual que, por lo mismo, es imprescindible capitalizar a tiempo.
Chile y Bolivia tienen una historia común, economías complementarias y cercanía geográfica, pero el comercio bilateral alcanza apenas los US$ 1.200 millones, y la inversión chilena en el altiplano bordea los US$ 300 millones en dos décadas. Son cifras modestas para países vecinos, que responden a diversas razones.
Para nuestra fortuna, La Paz ha dado señales de apertura económica y promoción de inversiones. Así lo explicó nítidamente el canciller boliviano Fernando Aramayo, cuando visitó Sofofa a mediados de enero pasado, a empresarios chilenos, quienes coincidieron en la importancia de avanzar a una nueva etapa en lo político y en lo comercial.
Para ello se requieren, eso sí, condiciones habilitantes o vías para aprovechar esta oportunidad. En este sentido, para una relación con tremendo potencial, nos queda “chico” el ACE N°22 de 1993, el acuerdo comercial vigente entre ambos países, pues opera bajo un esquema parcial, sin herramientas adecuadas para el comercio del siglo XXI.
Un acuerdo moderno permitiría corregir las brechas arancelarias y regulatorias para facilitar el comercio, dar certeza a la inversión y así poder desarrollar proyectos concretos. También abriría espacio para una agenda comprehensiva que abarque comercio de servicios, logística, integración productiva, hidrocarburos, minerales críticos, corredores bioceánicos, fronteras, aduanas, entre muchas otras. Sería, además, una importante herramienta para que Bolivia profundice su comercio exterior por el Pacífico.
De paso, sería beneficioso para este nuevo impulso económico-comercial el avance, en el plano político, hacia un nuevo impulso de las relaciones, que hoy son sólo de carácter consular. Está en manos de la diplomacia bilateral seguir pavimentando un reencuentro a nivel de embajadores, el piso mínimo para abordar conjuntamente los desafíos para la región y el mundo en pleno siglo XXI.
El potencial de ambos países -combinado- para abordar algunos de los nuevos desafíos globales es insospechado y explorarlo requerirá de audacia, pragmatismo y una buena dosis de voluntad política de ambos lados.
Comenzó, entonces, el partido, y Chile no puede darse el lujo de perder una ventana de oportunidad histórica con un país vecino como Bolivia. De lo contrario, no sólo perderemos, sino que esa oportunidad será tomada por otros en desmedro de la competitividad de nuestro país.
Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa
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