Por Gloria FaúndezEnrique Correa: “Este es un gobierno restaurador y redentor, aunque con buena educación y guante blanco”
El presidente de Imaginacción Consultores y exministro sostiene que el Presidente José Antonio Kast comenzó a definir el sello de su administración y que su objetivo no se diferencia del afán refundador que intentó imponer el Frente Amplio cuando estuvo en el poder. Y si bien dice que no es “nada para echarse a morir”, hay que “tenerlo en cuenta”.
En algo no se pierde: asegura que los mejores gobiernos son los que se ubican más al centro. Aquellos que son “más neutros ideológicamente”, dice, y agrega con cierta intención: “Más neutros religiosamente”. El presidente de Imaginacción Consultores y exministro, Enrique Correa, advierte sobre el sello que está adquiriendo el gobierno del Presidente José Antonio Kast y se suma a quienes empujan que se llegue a un acuerdo con la oposición en la megarreforma. Un win win, asegura.
A casi tres meses de instalado el gobierno, ¿ve que adquiere un sello particular?
Es posible ya advertir un tipo de sello y un proceso, aunque sea poco tiempo. Es un sello naturalmente conservador, muy conservador, en donde lo que pudiéramos llamar los personeros de derecha más liberal, como (José) García Ruminot y (Claudio) Alvarado, son como Carolina Tohá y Mario Marcel en el gobierno del Frente Amplio. Es un gobierno en el que predomina la idea de un fuerte conservadurismo que se da a notar sentado sobre una base en que llegan a restaurar un país que la izquierda desarticuló, casi destruyó.
Suena algo al afán del Frente Amplio…
Son restauradores, al modo como el Frente Amplio era refundador. Pareciera que restaurar es la palabra de derecha para hablar de refundación, ¿no? Son sinónimos, parece. Y de alguna manera, dada su inclinación religiosa, son redentores también de un país que requiere redención de tanta carencia, de estar tan cerca de las tinieblas, tan cerca del abismo. Todo esto, en todo caso, con muy buena educación, con guante blanco, palabras suaves, no altisonantes ni amenazantes. ¿Se puede convivir con un gobierno tan conservador? Sí, ¿por qué no? Como se pudo convivir con un gobierno cuyo origen era bastante de izquierda. ¿Qué es lo mejor para el país? Bueno, es cuestión de opinión. En la mía, es mejor que los gobiernos estén ubicados más al centro y sean un poquito más neutros ideológicamente y religiosamente.
Antes de lo que señala como un proceso, ¿ese sello que señala contradice la promesa de campaña del Presidente Kast sobre que su gobierno no sería ideológico?
En el mensaje de la Cuenta Pública, en un tono mesurado, cuidadoso, muy caballeroso, habiendo hecho un cumplimiento riguroso del ritual republicano, aparecen ciertas cosas como el orden, la familia en el concepto más conservador, destacar con más fuerza la responsabilidad incluso que los derechos, la idea de que el gobierno tiene obligaciones con los más necesitados, en un conservadurismo compasivo en el lenguaje de los republicanos americanos más que en el lenguaje de protección social, que sería el lenguaje más europeo o del progresismo chileno. En ese sentido, esta especie como de hálito, de aliento conservador, se da a notar en las palabras, en la manera de enfocar los problemas. Nada para echarse a morir, pero sí para tenerlo en cuenta.
Volvamos al proceso. ¿Cómo encuentra al Presidente Kast en su primera Cuenta Pública?
Este es un presidente que ha llegado a dar su primer mensaje presidencial mucho más débil que cuando asumió el gobierno. Se debilitó en el poco tiempo que hubo por dos tipos de procesos que le han impuesto un verdadero vía crucis. Por un lado, porque la gente esperaba, y era posible esperar dado su discurso, que la aguja en materia de seguridad iba a variar. Que iba a haber dos o tres acciones espectaculares, que los delincuentes iban a tomar en cuenta, que iban a irse con más cuidado, y esa aguja no se ha movido, y como si fuera poco, hubo dificultades con la ministra de Seguridad. Hoy la situación de seguridad del país sigue siendo la misma que cuando Boric era el presidente. Y hubo un segundo problema, con el conflicto con Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y la política de shock que el ministro de Hacienda resolvió aplicar; le dio al país un golpe de inflación de un punto más de inflación. Inflación, más seguridad que no mejora, generó una caída de expectativas muy fuerte y debilitó al presidente.
Son dos factores potentes. ¿Es irreversible el golpe en la aprobación presidencial?
No lo golpeó de una manera dramática, porque todavía su piso está por encima del techo de Boric. ¿Esto puede cambiar? Claro que puede cambiar. Y puede cambiar muy positivamente, porque tienen varios años sin elección y depende de cómo hagan las cosas.
Al apostar por una política de shock para enfrentar el alza de las bencinas, el gobierno tomó una decisión audaz…
Creo que se pudo haber hecho más gradualmente desde el comienzo y no haber pegado un golpe de un punto y tanto en la inflación en un mes. Porque si usted está esperando novedades positivas del gobierno, voto por él, y que en un mes le sube la vida repentinamente…, yo prefiero siempre las políticas graduales. Las políticas de shock son a veces indispensables cuando las crisis son grandes, pero Chile no necesita políticas de shock.
Pero resulta coherente con la personalidad del mandatario y esta decisión de que iba a tomar decisiones complejas, de manera rápida y sin ambigüedad…
Puede ser, pero tiene sus costos. Y desde ya tuvo sus costos en las encuestas. Es perfectamente legítimo decir que no se gobierna con las encuestas, pero lo que es erróneo es considerar que un mal resultado de encuestas es una virtud. No es que diga ‘mire que soy virtuoso, mire que soy valiente, mire cuántas cosas hago que le desagradan a la gente’. Eso no se puede convertir en una religión. Convertir las bajas encuestas en una virtud puede ser un error de funestas consecuencias.
En el tema de la seguridad hubo cambio de ministro y equipos. Ahí hay un implícito de error, ¿no?
Estas dos semanas del ministro han sido muy positivas. Mientras el ministro (Jorge) Quiroz consideraba a sus antecesores unos incompetentes, el ministro (Martín) Arrau se preocupa de conversar de los asuntos de fondo con su antecesor. Él le recordó al país que hay un plan de seguridad que se emite mediante una ley y va a dar continuidad al paquete de agenda legislativa tomada en acuerdo entre la exministra Tohá y el exsenador Coloma. El ministro sabe, porque es un hombre que conoce el país, que estamos ante un enemigo nuevo que es el crimen organizado. Y sabe que, en definitiva, la nota que el gobierno saque en seguridad va a depender de cómo se deja ese crimen organizado.
El relato de la campaña era el de una emergencia que no se había sabido abordar…
Lo más importante es que convenció a los chilenos. Los chilenos estaban en la idea de que Chile está en un problema de seguridad muy severo. Sentían que el país había cambiado después del estallido y la pandemia, y había cambiado para peor. Esta idea pesimista del país, la campaña de Kast la profundizó. Es muy complicado cuando se hace política profundizando el pesimismo de la gente, pero se profundizó, eso es lo que importa. Se profundizó hasta el punto de llegar a afirmar que si no llegaba un gobierno muy decidido se iba a caer en una decadencia irreversible. Pero a medida que van gobernando se van dando cuenta de que tienen que adaptar el discurso, porque lo que prometieron no estaba bien construido, porque se había construido en base a un país que no existe, que no es así.
Los esfuerzos del gobierno ahora se concentran en sacar adelante la megarreforma, aun sin acuerdo con la oposición. ¿Es una buena idea?
Es una megarreforma que busca cambiarlo todo en la economía. Es una de las leyes más complejas que se han presentado, que tiene distintos temas. No tengo recuerdos, salvo excepciones, de momentos que haya que apurar una tramitación para lograr una votación. Presentarla con suma urgencia, restringiendo muy fuertemente el debate parlamentario. La lógica es que esta amplitud de promesas hechas se pueden cumplir si pasamos por ese estrecho desfiladero que es hacer ley el proyecto de la megarreforma. Y el corazón de la reforma es la rebaja de la tasa corporativa sin compensación. Que es el corazón del cambio de cómo ellos quieren hacer las cosas en la economía. Paradójicamente, sin embargo, puede ser el terreno en el que se llegue a un acuerdo.
¿Por qué lo dice?
Porque el exministro Marcel propuso una ley, la rebaja de la tasa corporativa en niveles similares, pero compensados. Y si se quieren hacer las cosas mejor, pues se puede llegar a un acuerdo transversal y no agudizar el exceso fiscal. Eso cambiaría el clima del país. Ahora, es posible que no estén las cosas en el gobierno para un cambio de esta envergadura, porque modifica de fondo lo que está en el concepto del ministro de Hacienda y del presidente, y es que no es necesario compensar cuando rebajo impuestos, porque o lo compenso con el crecimiento o con el recorte. Ni una ni otra cosa es cierta. En primer lugar, con el crecimiento, porque hay un tema de tiempo y porque no necesariamente lo que reduzco lo obtengo en el crecimiento. Además, si hay un acuerdo en este sentido, de alguna manera atiende lo que le dice el Fondo Monetario Internacional y el Consejo Fiscal Autónomo.
El gobierno tiene los votos para su megarreforma. ¿Cuál es el incentivo para intervenir el corazón de su iniciativa?
Hacer un cambio que sea estable en el tiempo y de largo plazo. Si el gobierno persiste en el error de la baja de la tasa cooperativa sin compensaciones puede condenar al país a tiempos difíciles y pasar ellos mismos por tiempos difíciles como gobierno.
¿Y qué gana la oposición?
La oposición tampoco puede tener una oposición ciega al proyecto. No puede ganarse el título de obstruccionista, porque no es una buena idea ser obstruccionista, como tampoco es una buena idea del gobierno ser intransigente. Si la oposición quiere gobernar de nuevo, tiene que tener en cuenta que no podemos volver a la lógica de que cada gobierno centra su éxito en el fracaso del anterior.
Pese al desplome en respaldo del gobierno, la oposición no capitaliza en apoyo. ¿Qué pasa?
La gente no aprecia el obstruccionismo. Hay una frase que vaga por barrios, ciudades: no lo dejan gobernar al presidente. Y a la larga se puede abrir un camino a un populista.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, aparece muy empoderado. Habrá escuchado la comparación con la ascendencia de Alejandro Foxley, ¿le hace sentido el parangón?
No lo había oído. Todos los ministros de Hacienda tienen poder. Pero ese poder depende para su ejercicio correcto de su conexión, de la construcción de puntos de vista comunes, con el equipo político. Un buen acuerdo, afiatado, entre los equipos políticos y económicos de los gobiernos está en la tabla del uno de la gobernabilidad. Y lo que no funciona es un ministro de Hacienda que se entiende directamente con el presidente, que prescinde para la mayor parte de los asuntos del equipo político y que funciona como casi un primer ministro.
¿Existe un escenario de estancamiento en el país? Así es como el gobierno explica su megarreforma, cambiar la receta…
Comparto la idea de que siendo la chilena una economía fuerte es una economía estancada, porque tiene un crecimiento potencial muy bajo. El gobierno de Boric y el ministro Marcel tuvieron que hacer primero un ajuste de grandes proporciones, porque venía un sobregasto por la pandemia y el retiro de los fondos. Creo que las cosas tienen que volver a su cauce. Chile ha tenido una política económica muy razonable por mucho tiempo, que se estancó. Y al estancarse hay que tomar medidas por el crecimiento. Así que vuelvo a la idea de un acuerdo con un incentivo tributario compensado para una mayor inversión. Los gobiernos, cualesquiera sean, no solo deben buscar llevar sus ideas a las leyes y a sus decisiones administrativas, sino que tienen que buscar la estabilidad del país. Y la estabilidad del país se resuelve, por lo menos, teniendo al frente, no digo que sea la solución, teniendo al frente tres cosas: seguridad, crecimiento con un mercado libre de trabas y protección social, que es el gran ausente del mensaje presidencial.
A propósito del debate sobre el manejo de las finanzas públicas que ha atizado la posibilidad de una acusación constitucional en contra del exministro Nicolás Grau, el gobierno ha señalado cierta responsabilidad moral de la oposición para allanarse a aprobar la megarreforma.
Comparto por completo el editorial de su diario respecto a este tema, en el que llama al ministro a tener más prudencia. No se puede, por ejemplo, decir que bajo un gobierno, cualquiera sea, se pueden haber falseado los números de las grandes cuentas. Tiene repercusiones en las agencias de clasificación, en el fondo monetario, en las predicciones de crecimiento, hace al país más desconfiable y la obligación de todos es que el país sea más confiable. Cada uno tiene su personalidad, pero esto de que hubiera dicho el ministro Quiroz que la inversión negativa era por Codelco, faltó poco que dijera que Máximo Pacheco era el responsable de que la economía hubiera... Eso no sirve. Y la presentación de la acusación constitucional por parte del Partido Republicano es incomprensible. Nadie puede esperar acuerdo alguno si hay una acusación constitucional contra el ministro de Hacienda del gobierno anterior. Y es el partido del presidente. La duda va más a lo alto. O el presidente no tiene liderazgo en su propio partido, o está de acuerdo con lo que está haciendo su partido.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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