Gradualidad y equidad

Los bonos del Banco Central en UF (BCU) a 7 y 10 años están en nuevos mínimos históricos.



Por Marcela Vera, economista y académica de la Usach

El mundo está creciendo bajo la atenta mirada de las políticas fiscales expansivas de los gobiernos. Estas medidas han sido acompañadas con inflación, que tiene como origen fundamentalmente las alzas en los precios de las materias primas (como el gas, el petróleo y los minerales), los cuellos de botella en las cadenas de suministros mundiales, el alza en los costos de distribución de las mercancías y la escasez de trabajadores en ciertos sectores productivos. Todos, elementos que han impactado directamente en los costos y en la oferta de bienes.

Dada la reactivación mundial y las presiones inflacionarias descritas, es importante enfatizar la proyección que están haciendo los bancos centrales, como la FED, respecto de que la economía mundial podría acercarse a un proceso de estanflación. Es decir, que el próximo año exista un estancamiento o recesión económica combinada con un alza de los precios generales.

Para que esta proyección económica no ocurra, es fundamental que los gobiernos mantengan sus políticas expansivas tanto mediante su política fiscal como a través de su política monetaria, para así incentivar la generación de inversiones que aumenten la capacidad instalada y el empleo en los distintos sectores productivos. De esta forma podría aumentar la oferta disponible de productos, reduciendo las presiones inflacionarias.

Es por ello que es tan relevante que tanto la política monetaria como la política fiscal se alineen con la estabilización de los procesos de reactivación de nuestra economía. Darán así sostenibilidad a la reducción del desempleo, generando los incentivos adecuados para el fomento de empleos estables y duraderos.

En este contexto, cualquier alza en la tasa de política monetaria debe ser gradual y avisada con anticipación de manera que aquellos agentes más vulnerables alcancen a tomar las decisiones adecuadas a tiempo, como, por ejemplo, las Pymes, que dependen de los sistemas de crédito para conseguir el capital de trabajo que les permita superar la actual crisis pandémica. También, los hogares, que producto del bajo nivel de salario real del que disponen deben solicitar créditos de consumo o hipotecarios. Tales actores han sido afectados por la tasa de variación de 450% de la Tasa de Política Monetaria, fijada por el Banco Central en menos de tres meses.

Otro efecto que podemos observar producto de esta alza tan sustantiva de la Tasa de Política Monetaria son las pérdidas que ha tenido y tendrá el Fondo E del sistema de pensiones, pues se han elevado las tasas de interés de largo plazo, generando una reducción del precio de los bonos del tesoro público, afectando sustantivamente la rentabilidad del supuesto fondo menos riesgoso.

El dólar está actuando como una moneda de refugio para los inversionistas, y, por tanto, como ya es posible observar, el alza en la tasa de interés no controló el aumento de la divisa.

En síntesis, solo la gradualidad y la correcta comunicación de las políticas monetarias nos permiten superar los efectos perversos a nivel distributivo de un alza de la tasa de interés. En tanto, el aumento de la inflación y del precio del dólar deben atenuarse con políticas económicas que surjan de la articulación de las acciones del Ministerio de Hacienda, de la Comisión de Mercados Financieros y del Banco Central.

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