Paren la música
Semana con movimientos en la batalla de los DJ. El senador Squella sorprendió a sus contendores y adelantó por los palos montado en “privaticemos Codelco”, una propuesta que -supone- resulta atractiva para los sectores más ortodoxos del republicanismo y contiene la presión que ejercen los libertarios en la agenda con sus icónicos proyectos de indulto general y “Escucha su corazón”.
No estamos frente a un profundo y sesudo debate de ideas, sino una versión con esteroides del “quién pone la música” que instauró Kaiser, donde los proyectos resuenan más por disruptivos que por viables. Y en ese terreno, Squella se mueve con una libertad y desenvoltura que sorprenden.
Sorprenden porque pareciera no tener límites ni contrapesos, desafiando incluso a parlamentarios y figuras de su partido que, en privado, declaran cierta incomodidad porque se “enteran por la prensa” de los anuncios de su presidente. Sorprenden porque alimentan una agenda de camino propio que ya provocó temblores, como su disputa con el Segundo Piso o la promoción de una ministra de Seguridad que no daba el ancho. Y sorprenden porque interfieren en la agenda comunicacional del gobierno, distraen la atención y terminan afectando los anuncios y propuestas del Ejecutivo.
¿Qué permite a Squella moverse con tanta soltura? Quizás la percepción de férreo control del partido con la bancada más numerosa. Tal vez una estrecha relación de confianza con el presidente. A lo mejor la sensación de que el mandatario tiene un carácter menos confrontacional que posibilita correr el cerco sin demasiado riesgo.
“Más Squella y menos Valenzuela”. La frase se la escuché pocas semanas antes del cambio de mando a una conocida figura del socialismo. En su lógica, implicaba conformar una administración más dialogante que combativa.
Porque mientras Valenzuela apuntaba a los “parásitos”, el senador lucía esa imagen de seriedad y serenidad tan necesaria y oportuna para atraer a los votantes que aún dudaban de las credenciales republicanas.
Sin embargo, una vez en Palacio, Valenzuela optó por el pragmatismo, dejó atrás su elocuente capacidad de traducir emociones en votos y ha promovido una agenda que, entre otras cosas, busca elevar la estatura política de Kast, incluyendo guiños a Aylwin, Frei y Lagos.
Menos evidente ha resultado el espíritu dialogante y colaborativo de Squella al que aspiraba ese opositor. Porque el senador no está interesado en avanzar hacia una coalición oficialista. Protagonizó uno de los primeros cismas de gobierno por su molestia con el Segundo Piso. Justificó y votó a favor de la bochornosa acusación constitucional contra Grau. No le agradó que el Senado montara una mesa de negociación por la megarreforma. Y pretendió abrir un complejo frente acusando “exceso” en las atribuciones de Contraloría.
El senador tiene un problema y se llama presidencia del Partido Republicano, donde una postura serena y dialogante podría jugar en contra de sus posibilidades de reelección. Y aunque en algún momento haya insinuado que no está convencido de mantenerse al frente del conglomerado, sin ese sitial corre el riesgo de ver nivelado su peso específico con el de otros senadores tanto o más vociferantes, como Ossandón o Carter.
El tirón de orejas, por lo mismo, llamó la atención. La ejecución estuvo a cargo del propio Presidente Kast, quien aprovechó una tribuna (un evento de la Cámara de Comercio) donde cualquiera habría supuesto que la temática giraría en torno a la megarreforma y las expectativas de crecimiento económico.
“La agenda de los chilenos es la agenda del gobierno”, planteó el mandatario, luego de cuestionar si las “diversas materias de discusión que van marcando la agenda” corresponden a las que realmente deberían estar primando.
En otras palabras, paren la música: aquí ya existe un DJ y soy yo. Un mensaje que, en democracia, solo tiene sentido cuando se dirige a quienes se espera que cumplan un cierto compromiso de lealtad y alineamiento, como son los partidos que lo apoyan y, en especial, la tienda que él mismo levantó.
Es decir, con su fundador al frente de La Moneda, la esencia y eje del actuar republicano debería radicar en que son el partido oficialista y que, por lo tanto, lo que se espera de ellos es auspiciar, promover, aprobar y difundir la agenda de La Moneda. Tiene lógica: antes que pretender destacar con ideas disruptivas, el éxito del partido está amarrado al éxito del gobierno.
No es el primer intento de Kast por ordenar las filas. Ya hemos visto reuniones en Cerro Castillo, convocatorias a los presidentes de partidos, comités en La Moneda. Quizás la diferencia es que ahora lo hace en público y con un tono que, llevado al estilo del mandatario, podría interpretarse como un golpe a la mesa.
La eficacia de ese llamado la podremos medir durante las siguientes semanas. Porque mientras algunos creen que el mensaje se ordena con el retorno de un vocero, eso no ocurrirá sin un liderazgo que haga sentir que el país ya cuenta con un DJ y que tiene costos pretender intervenir en su playlist.
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