Bernardo Fontaine: “Kast tiene la voluntad para tomar las difíciles decisiones que se vienen, porque el próximo gobierno va a ser difícil”
El economista relata cómo fue su aterrizaje en el comando del republicano. Afirma que la oposición debe unirse ante la candidatura de Jeannette Jara, y detalla los objetivos del Plan Desafío 90 –del cual está a cargo–, y que busca poner plazos y acciones al "gobierno de emergencia".
“Fue una decisión profunda”, dice el economista Bernardo Fontaine al relatar por qué –después de tantos años como independiente claramente identificado con Chile Vamos– decidió alinearse con el republicano José Antonio Kast.
Fontaine es un liberal. Representó en varias ocasiones a Renovación Nacional. Fue convencional constituyente del primer proceso, personaje clave de las campañas del “Rechazo” y del “A favor” en el caso del segundo proceso. Fue el ideólogo del préstamo de los cotizantes al Estado que en parte destrabó la reforma previsional. Y hace unos meses comenzó un paulatino acercamiento con Kast y su equipo, hasta ahora conformado por militantes republicanos y simpatizantes comprometidos.
El economista dice que su incorporación –a cargo del plan Desafío 90, que busca priorizar medidas a implementar en los primeros tres meses de un eventual gobierno del republicano– es una señal de que ahora esa campaña es amplia y convocante.
“Progresivamente fui llegando al convencimiento de que José Antonio Kast es el presidente que Chile hoy necesita, y de que necesitamos un cambio radical y profundo. Él es la persona ideal para liderarlo”, dice.
¿Y por qué un liberal como usted se mete a la campaña de un conservador como Kast?
Porque la emergencia que vive Chile es tan grande que necesitamos unir fuerzas. Yo siempre he sido un ferviente partidario y defensor de la unidad. Y veo que la candidatura de Kast va mucho más allá del partido Republicano, es cada vez más amplia, más abierta y más ciudadana, y la misma incorporación mía es una manifestación de ello. Soy independiente, sigo siendo de centroderecha, no soy republicano y mi incorporación muestra la apertura a incluir a todos los chilenos que queremos sacar a Chile del pantano donde está.
¿No le incomodan sus posiciones valóricas?
No, no es tema hoy. La invitación es a un programa de gobierno que consiste en volver a posibilitar que Chile despegue económica, social e institucionalmente. Los temas valóricos, en los cuales podemos o no tener diferencias, no son parte de este proyecto.
¿Eso es una convicción? Usted fue convencional en el primer proceso constituyente. El segundo proceso, donde los republicanos tuvieron mayoría, en parte fracasó por el debate del aborto.
Mira, lo clave aquí es la unidad para el futuro y dejar atrás las diferencias que puedan haber habido entre unos y otros. Eso lo digo para toda la oposición, en su conjunto, y unirnos, como yo trabajé intensamente por unir a toda la oposición en el rechazo y caramba que fuimos efectivos. Tenemos que dejar atrás las diferencias, que pueden ser muy legítimas, y decir: ¿estamos de acuerdo en que hay una emergencia en seguridad y que debemos actuar eficaz y rápidamente? Sí. ¿Estamos de acuerdo en que hay una emergencia económica con este nivel de desempleo que es el más alto en los últimos 15 años sin pandemia? Sí. Tenemos más acuerdos que diferencias, y lo importante es que nos juntemos todos porque Chile está primero.
La mirada liberal no es solo en lo valórico, sino que implica una concepción del mundo. ¿No le incomoda el modo en que los republicanos han manejado el disenso en sus filas?
Veo en ellos una convicción liberal, en el sentido de considerar que el individuo o la persona es el centro y donde lo que debe buscar una sociedad libre y democrática es generar las condiciones para que cada persona desarrolle su proyecto de vida lo mejor posible. Y eso pasa por una libertad política, una libertad de opinión, de prensa, por instituciones democráticas, pasa por libertad económica. Todo eso, y otras cosas más que son comunes a la doctrina liberal, las veo reflejadas en lo que los republicanos están planteando hoy día.
Y creo que eso es lo que une básicamente a toda la oposición. Si le ponemos etiquetas políticas, desde amarillos hasta los más de ultraderecha compartimos la idea de una sociedad libre y democrática.
Al contrario, al otro lado lo que hay es un grupo que juega fútbol americano sin casco, que es capaz de adherir a la violencia, de pasar por arriba de la democracia y de la libertad y que quiere capturar el poder para tener una sociedad dominada por ellos. Yo lo viví en la Convención. Y creo que en la candidatura de Jeannette Jara –si uno lee el programa original, no el camuflado que presentó ahora, si lee las conclusiones del PC de enero de este año– están todas las iniciativas que estaban detrás de la constitución de la Convención del 2022.
Por eso esta elección presidencial y parlamentaria es demasiado importante para que empecemos a buscar diferencias. Lo que nos une es derrotar un gobierno fracasado que lo ha hecho pésimo, y también impedir que Jara, candidata comunista continuadora de este mal gobierno, resulte electa.
Kast no se la jugó por la unidad. Él no quiso ir a una primaria con Chile Vamos y tampoco quiso una lista parlamentaria única.
Eso es una discusión política en que no me quiero meter... Pero él ha sido siempre muy claro en que va a apoyar al candidato de oposición que gane en la primera vuelta. Y ha estado muy claro en no atacar a los que compartimos posiciones de oposición.
Dijo que considera que Kast es “el presidente que Chile necesita”. ¿Por qué él y no Matthei? ¿Qué los diferencia?
Ellos comparten la misión y el esfuerzo por derrotar esta izquierda radical que nos ha sumido en un pantano, y derrotar expresamente a la candidata comunista Jeannette Jara, que es la continuadora del gobierno. Genuinamente, ambos tienen todas las ganas y la intención de sacar a Chile adelante. Ahora, primero, creo que en la candidatura de Kast hay un convencimiento de que la urgencia de las crisis que sufre Chile es muy grande. Chile está en decadencia y está al borde de irse al camino del subdesarrollo. La candidatura de Kast enfrenta esta situación de emergencia con un gobierno de emergencia, que tiene un programa de emergencia, que en vez de querer arreglarlo todo va a querer arreglar ciertos temas que son los más urgentes para los chilenos. Y requiere entonces de medidas más profundas.
Y lo segundo es que yo veo en Kast todo el carácter, la voluntad, la decisión para tomar las difíciles decisiones que se vienen, porque el próximo gobierno va a ser difícil.
¿Matthei no tiene ese carácter?
Ella ha sido una política muy destacada, pero no voy a emitir juicios sobre su candidatura.
A dos meses y medio de la primera vuelta, ¿el partido entre Kast y Matthei está jugado?
No, todavía hay encuestas que van y vienen. Es cierto que hay una enorme mayoría de chilenos que quieren un cambio y que no quieren seguir con el mal gobierno de Boric con la candidata Jara. Y, segundo, hoy las encuestas le dan una ventaja muy importante a Kast. Pero lo más importante es derrotar a Jara, que nos va a llevar a un retroceso aún mayor que lo que nos ha llevado Boric, y el mejor candidato para eso es Kast.
Plan Desafío 90
Hablemos del Plan Desafío 90. ¿Qué tipo de medidas busca incorporar?
El desafío 90 es un plan de acción para los primeros 90 días de gobierno, que cubre todas las áreas principales. ¿Por qué ponerlo hoy? Por la urgencia. Porque no podemos llegar al gobierno a ver qué vamos a hacer. Tenemos que llegar preparados, con un plan concreto de acciones. Evidentemente va a tener un énfasis muy fuerte en el tema de seguridad, de control de la inmigración ilegal, pero también medidas económicas y para enfrentar la crisis en la gestión del Estado.
El foco fundamental tiene que ser recuperar los territorios, la presencia de fuerzas de orden en todos los lugares, o en el máximo de lugares posibles donde hay dominio de la delincuencia, narcotráfico, el crimen organizado.
Vamos a llegar con un conjunto de proyectos de ley el primer día y vamos a tener un plan que siga un calendario estricto para empezar a hacer un cambio ya. Este no es un gobierno que va a llegar con diagnósticos y planes relativamente generales, sino con un plan de acción. Donde cada ministro tendrá su responsabilidad y tendrá claras las tareas y cuándo se espera que las haga.
Por supuesto que es imposible pensar que vamos a arreglar estas tremendas emergencias en 90 días, pero sí que se note un cambio de un gobierno que está de cara a la ciudadanía, ejecutando lo que prometió rápida y efectivamente.
Gonzalo Sanhueza, economista del equipo de Matthei, planteó que en el primer mes de gobierno van a enviar su reforma tributaria. ¿Ustedes harán algo parecido?
Sí. Pero, mucho más allá que anunciar un catálogo de medidas, lo importante es tener un plan que sea consistente y completo.
El próximo gobierno va a tener muchos desafíos, porque va a obtener una oposición, liderada probablemente por el PC, muy fuerte, muy dura. Así que esto va a ser una tremenda tarea.
¿Un gobierno de emergencia debiera mostrar resultados pronto?
Lo que tiene que demostrar, antes que todo, es la voluntad y las acciones concretas para conseguir sus objetivos. Y no solo va a depender del gobierno, va a depender de la ciudadanía, del Congreso.
Obviamente estos cambios incluyen medidas de gestión del Estado, administrativas y legislativas, para las que se requiere el concurso de la mayoría en el Congreso. Por eso es tan importante que los chilenos que buscan el cambio, que son la mayoría, voten por candidatos al Congreso que estén firmemente comprometidos con este cambio urgente para enfrentar esta emergencia.
¿Y se puede asegurar un gobierno de emergencia si no hay un parlamento a favor?
No es que se pueda asegurar. ¿Se puede prometer, digamos? Pero es que los chilenos lo están pidiendo y exigiendo, hay una enorme mayoría que se saturó del mal gobierno de Gabriel Boric.
Se saturó de la mala gestión, del desempleo, de la falta de plata, de la falta de seguridad, de la falta de gestión sanitaria, educacional. Creo que está todo dado para obtener un Congreso que apoye el cambio.
¿De qué se trata ese cambio profundo? ¿No tiene que ver con una versión renovada de una refundación?
El cambio que estamos planteando es recuperar el Chile que fue grande, los valores con los cuales fue exitoso, la seguridad que tuvimos, el control de las fronteras. Recuperar el crecimiento que tuvimos y las políticas sociales efectivas. No estamos hablando de crear un país nuevo sino de volver al curso que teníamos y a partir de ahí dar un salto adelante.
¿Cuándo se perdió ese Chile exitoso?
Ese Chile exitoso se fue progresivamente perdiendo, pero particularmente Bachelet II fue un gobierno que descarrió a Chile, y eso tiene que ver con la entrada al gobierno del Partido Comunista y el crecimiento del Frente Amplio, que fue una fuerza rupturista. Ellos sí querían y quieren una refundación.
Kast ha planteado recortar 6 mil millones de dólares en 18 meses. ¿Cómo se hace cargo su plan de esto?
Hay muchas cosas que se pueden hacer en el Estado cuando hay voluntad, un buen análisis técnico y un buen plan de acción. Por ejemplo, Dorothy Perez destapó el tema de las licencias médicas y eso se sabía pero nadie había dicho nada. ¿Necesitó cambiar las leyes? No. ¿Necesitó cambiar un reglamento? No, pero necesitó aplicar la ley existente y nosotros hemos detectado una serie de campos en los cuales ocurre eso mismo. Hay otras áreas en las cuales el Estado es entre poco prolijo y directamente corrupto para administrar su plata. El caso de las fundaciones, por ejemplo. Después hay labores de gestión del Estado en las cuales el tema es la velocidad; el Estado puede ser mucho más rápido y se ha convertido en un freno al desarrollo de los chilenos.
Claro, pero eso tiene que ver con agilizar la gestión, no tanto con recortar plata.
No, pero es que también el tiempo cuesta. Bueno, y después hay otros temas que son de eliminación de programas ineficaces o que no están cumpliendo su objetivo.
Si es que elimina esos programas ineficaces, ¿de qué monto se trata?
Vamos a entregar más adelante las cifras más detalladas.
Según la DIPRES, el 92% del gasto fiscal está asociado a leyes, o sea, solo un 8% se podría cortar de manera administrativa...
Lo que hay es un presupuesto que destina el 92% de los fondos y eso es un límite de gasto, no un mandato. Entonces uno puede redistribuir parcialmente fondos, o reducir uno y aumentar otro, o reducir el gasto.
¿Y eso implicaría el recorte de programas sociales, que es lo que critica el oficialismo?
No vamos a recortar ningún programa social que signifique un alivio significativo a las personas. Lo que vamos a recortar son los malos programas.
¿Cuáles serían los efectos colaterales en el bolsillo de la gente, en distintos programas, en inversión pública?
Este no es un programa que busque rebajar el gasto público solamente. Siempre hay gastos que son inútiles. Y hay que recortarlos. Y eso no tiene mayor efecto. Si hubiera algún efecto, lo que hay es un traspaso con un aumento de la actividad privada por la vía de la facilitación regulatoria, de cambiar el sistema tributario y de políticas específicas respecto del empleo.
Nosotros estamos planteando una rebaja tributaria de 20% a 23%, más una reducción de impuestos bajo el 23% para las empresas que contraten trabajadores con riesgo de caer en la informalidad. Eso lo haríamos a través de un crédito tributario que reduciría la tasa de 23%. Pensamos que puede generar un fuerte impulso al empleo formal.
Y, por otra parte, vamos a reestructurar algunos programas sociales para constituir un sistema de impuesto negativo. Esto significa que, bajo el umbral que se establezca, las personas recibirían un subsidio del Estado directamente a su bolsillo, que complementa el ingreso que obtengan con sus salarios formales. Eso también va a significar un alivio a las familias y una forma más directa, más transparente de traspasar recursos del Estado a los ciudadanos.
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