Política

El “cardenal” de La Moneda bajo fuego cruzado

José García Ruminot quedó en la mira política luego de que el Senado no lograra -por falta de votos en el propio oficialismo- aprobar el informe de la comisión mixta sobre compensaciones a los municipios y despachar la megarreforma. Sus detractores le critican que "no ronca" en el equipo político, mientras sus partidarios cierran filas con su estilo conciliador.

José García Ruminot: El “cardenal” de La Moneda bajo fuego cruzado. MARIO TELLEZ

Las últimas dos semanas han sido de las más complejas para el ministro de la Segpres, José García Ruminot (71).

El miércoles 22, tras 144 días en el gobierno, este histórico militante de Renovación Nacional -un amplio conocedor de los códigos con los que se mueve el Congreso, luego de 36 años como diputado y senador- se convirtió en blanco de los cuestionamientos en el propio oficialismo, justamente en esa cancha.

Sus críticos en algunos sectores de la UDI lo responsabilizan -en voz baja- por el bochorno sufrido ese día en el Senado, que terminó con la postergación hasta el 4 de agosto de la votación del único artículo que había quedado pendiente de la megarreforma sobre la compensación a los municipios, por no contar con los votos para aprobarlo. Incluso, se comenta que el propio ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, es uno de sus detractores.

José García Ruminot y Claudio Alvarado

No es lo único. Otras voces lo ven como el eslabón menos incidente de la tríada que conforma junto a Quiroz y al biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, y que “no ronca” en el gabinete imponiendo su expertise. Lo anterior, junto a la crítica por el envío de algunos proyectos con errores, los que han debido corregirse.

En la mira está la División Jurídica, que encabeza la abogada Carolina Helfmann, exasesora de Evelyn Matthei en la Municipalidad de Providencia, quien junto al abogado Rodrigo Pérez son los “guardianes” de la firma del Presidente José Antonio Kast.

“Es una área que se planea reforzar”, admiten en la Segpres.

Pese a ello, en esa repartición exhiben a su favor las 23 leyes aprobadas, de los 33 proyectos ingresados en este período, tal como lo informó este jueves el propio García Ruminot, junto a la subsecretaria Constanza Castillo, en la entrega de la cuenta pública de la cartera en Ercilla.

A diferencia de Quiroz, quien es reconocido por su estilo frontal, que se mueve sin motricidad en el mundo de la política, que -a pesar de ello- tiene seguidores que se declaran “Quiroz lovers” y que, por sobre todo, tiene la llave de las decisiones, García Ruminot es identificado por su capacidad para conciliar posiciones.

Tanto así que en el propio gabinete hay quienes lo han bautizado como el “cardenal”, por sus habilidades de escucha y mediación cuando enfrentan un problema. Y en el Congreso, por haberse convertido en una suerte de “brazo político” para llegar a sectores donde el oficialismo no tiene entrada, tal como lo ha reconocido el presidente de la Comisión de Hacienda, Javier Macaya (UDI).

El ministro José García Ruminot en reunión con parlamentarios del Frente Amplio.

Ese estilo de bajo perfil -no levanta la voz y habla como si estuviera pronunciando una homilía- ha sido de dulce y agraz en su trayectoria, y así lo ha reconocido el propio secretario de Estado. “Yo tengo dos características que para algunos son virtudes y para otros son debilidades. Pero escucho harto y trato de comprender a la persona que tiene una posición distinta a la mía. Busco actuar de consenso”, dijo en marzo, siete días después de asumir la cartera, en “Conoce a tu ministro”, de Icare.

En el mismo encuentro advirtió que, pese a ello, el espacio de conversación tiene tiempos acotados, “porque uno no puede vivir consensuando; uno tiene que cortar y tomar decisiones”.

Y las ha tomado.

Junto al ministro Alvarado -con quien conforma la dupla política de La Moneda- tuvo el primer enfrentamiento con el ministro Quiroz a fines de marzo, cuando -ante la imposibilidad de aplicar un sistema con mayor gradualidad- ambos exigieron medidas compensatorias ante la histórica alza de las bencinas, que le infligieron al Presidente José Antonio Kast un desplome en las encuestas y le costaron al propio ministro de Hacienda un duro recibimiento en el Congreso, hasta con manifestaciones.

También -junto a Alvarado, en un comité político- cerró filas para aplazar el ingreso de la megarreforma al Congreso, con el objetivo de abrir un espacio prelegislativo. El 6 de abril la dupla política logró postergar hasta el 22 de ese mes el despacho, frenando así la intención original del ministro Quiroz, quien quería ingresar el texto de inmediato.

Once días más tarde, el 17 de abril, después de una semana de profundas contradicciones, el dúo García-Alvarado logró que el Ejecutivo desechara la iniciativa del titular de Hacienda de establecer un tope a la edad en materia de gratuidad universitaria. Y el 22 de ese mismo mes, tuvo un papel decisivo en el acuerdo con el PDG -en el marco de la megarreforma, para amarrar los 14 votos de ese partido-, que consideraba otorgar una bonificación en el IVA en medicamentos y pañales.

A pesar que desde Hacienda siempre sostuvieron que el pacto se cerró entre Quiroz y el fundador del Partido de la Gente, Franco Parisi, los diputados del PDG le reconocieron a García haber sido el puente para que el acuerdo prosperara como una iniciativa paralela, y no como un artículo dentro de la megarreforma.

Para remarcar aquello, el día de la votación, el 20 de mayo, la bancada del PDG hizo un gesto a García y con él hicieron un punto de prensa donde relevaron que el gobierno, además, se había comprometido a mantener el impuesto para las pymes en 12,5%.

Aunque en rigor el ministro Segpres solo les mencionó que era un compromiso del Presidente Kast desde la campaña, aquella puesta en escena molestó en Hacienda, ya que los libertarios, quienes tienen una rivalidad especial con el PDG, vieron un guiño innecesario de García al partido de Parisi.

Desde entonces, García decidió replegarse, manteniendo un rol casi ausente y solo de acompañamiento del ministro de Hacienda y de Interior en las negociaciones de la megarreforma, a pesar de que desde la misma oposición y RN le pedían que tuviera un mayor protagonismo.

En otro episodio ocurrido en mayo -ante el debate abierto por el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, de que el ministro de Interior debía tener un predominio sobre el jefe de los asesores del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval-, García Ruminot se alineó con su partner político. “Está fuera de toda duda que Claudio Alvarado es nuestro jefe”, enfatizó.

Y no dudó, además, en llamar al orden y a la moderación al ministro de la Vivienda, Iván Poduje, luego de que este se enfrascara en altercados con Quiroz -tras insistir en que el titular de Hacienda era un ministro más, por el tema de los recortes, y que su único jefe era el presidente-, y con los diputados Álvaro Ortiz (DC) y Antonio Rivas (PS), durante una reunión en la región del Biobío.

“El ministro García no se irrita, no levanta la voz, es un ‘señor de la política’. Pero no hay que confundirse, cuando tiene que tomar decisiones, las toma”, sostiene Ximena Ossandón, diputada de RN.

Y aunque él parece no molestarse con nada, su estilo conciliador ha provocado desazón. El fin de semana en Mesa Central -aunque insistió en que el Ejecutivo no ha tomado posición- generó incomodidad su apertura a dialogar sobre el proyecto “Escucha su corazón”, impulsado por los libertarios. Esto, porque para La Moneda su foco está en la emergencia y no en la agenda valórica como plan inmediato.

La trastienda de un “bochorno”

El lío partió el martes 21, con imágenes que lo graficaban todo. La Moneda había logrado aprobar el grueso de la megarreforma en la Cámara de Diputados, incluido su corazón -la rebaja tributaria-, y pese a ello no celebró.

El rechazo del artículo que establecía un mecanismo de compensación a los municipios -que obligaba a verlo en comisión mixta- aguó el festejo. Tanto así que Quiroz, Alvarado y García Ruminot permanecieron en sus asientos, recibiendo allí las felicitaciones de algunos parlamentarios del oficialismo.

El Presidente Kast en Copiapó, por los temporales.

Fuentes de La Moneda sostienen que desde Copiapó, Kast se comunicó con Alvarado, Quiroz y García Ruminot apenas conoció el resultado. Y la decisión que les transmitió fue despachar el proyecto sin demoras. Un mensaje que luego hizo público en medio de su despliegue por los temporales. “Hay que resolver rápido”, sentenció el jefe del Estado, al insistir que “esto va a permitir mayor inversión”.

Quiroz transmitió, de inmediato, la instrucción a su equipo.

“No es que el ministro de Hacienda se estuviera mandando solo”, sostiene una fuente del Ejecutivo, al afirmar que hasta ese minuto contaban con los votos para despachar el texto.

Pero el panorama se complicó al día siguiente.

Luego de que la comisión mixta evacuara una nueva fórmula para compensar a las municipalidades, la Segpres levantó una nueva alerta. En la víspera había advertido sobre las dificultades para conformar una comisión mixta y lograr la aprobación en la Cámara y el Senado en tiempo récord. Y el mismo miércoles comunicó que hasta ese minuto había unos ocho pareos en la Cámara (terminaron siendo 12), mientras Alvarado y García Ruminot conseguían tres votos clave: Priscilla Castillo, Javier Muñoz y Felipe Camaño, de la DC, más el de Jaime Mulet (Federación Regionalista Verde Social).

En medio de esa convulsionada jornada, la diputada Pamela Jiles (PDG) se acercó a García Ruminot para advertirle que la bancada de los nacional libertarios iba a votar en bloque en contra. En ese diálogo, la parlamentaria le garantizó que todos los votos de su partido apoyarían el informe de la mixta, cosa que se cumplió.

En La Moneda respiraron tranquilos cuando en la Cámara contaron los 80 votos a favor, 48 en contra y tres abstenciones. Un triunfo.

Pero el verdadero problema estaba por venir en el Senado.

No contaban con que no iban a tener ningún voto de la oposición. Y, a esas alturas, tampoco tenían el sufragio del senador UDI Enrique van Rysselberghe, quien había viajado a su región por un asunto familiar. Además, Gustavo Sanhueza, también UDI, informó que se iba a abstener, demandando una fórmula para zanjar la deuda previsional que tienen las municipalidades con sus funcionarios.

Los ministros Alvarado, Quiroz y García Ruminot en sesión del Senado. KARIN POZO

Infructuoso fue el esfuerzo de García Ruminot para convencerlo, en la propia sala, mientras se levantaban las disidencias -con distintos tonos y demandas- de los senadores Matías Walker (independiente asociado al Comité Evópoli), Rojo Edwards (independiente-RN), Vanessa Kaiser (PNL) y Sergio Gahona (UDI).

El oficialismo no tenía alternativa. No contaba con los 26 votos que necesitaba para terminar de despachar la ley y debían pedir postergar la votación hasta el 4 de agosto, cosa que se aceptó.

El “bochorno” estaba a la vista.

Uno de los más drásticos con lo sucedido fue el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri (UDI), quien calificó el retraso como un “error grave” y sostuvo que “evidentemente el gobierno no había contado los votos en la mañana“.

Un cuestionamiento que molestó a Renovación Nacional, porque la encargada del conteo es justamente la Segpres y porque el problema para dar el quórum no había estado precisamente en ese partido.

Andrea Balladares, presidenta de RN, salió en defensa de García Ruminot. “El ministro ha sido un articulador permanente de acuerdos. Gracias a ese trabajo, el gobierno ha logrado avanzar en proyectos relevantes y abrir espacios de entendimiento que al inicio de este período muchos creían imposibles”, sostuvo a La Tercera.

Una visión similar tienen desde el Partido Republicano. Su presidente, Arturo Squella, calificó de “absurdo” responsabilizar al ministro porque supuestamente no hizo el conteo de votos.

“Eso no es así. Si todos sabíamos, al mediodía, que no iba a estar Enrique van Rysselberghe, porque tenía una urgencia familiar. Y el comentario general de todos, y hablo en primera persona, porque me tocó vivir eso, era que, en el fondo, los votos estaban de sobra, porque la compensación era justamente algo que había pedido la izquierda”, afirma, al destacar la labor de García Ruminot en materia de acuerdos y por su conocimiento del Congreso y del área económica.

Para algunos, el episodio demuestra que el despacho de la megarreforma, el proyecto estrella del Presidente Kast, en tiempo récord, en menos de cuatro meses, ha tenido costos y ha dejado cicatrices al interior del propio oficialismo.

Los ministros Alvarado, Quiroz y García Ruminot en el Congreso Nacional. Dedvi Missene
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