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El antes y el después del Caso La Polar en la industria financiera

EL RETAIL "SE ALEJA" DEL NEGOCIO FINANCIERO
El caso cambió por completo el panorama para el retail, dejando a su vez coletazos importantes para su negocio financiero. El estallido del caso dejó en evidencia que no existía claridad sobre quién era el encargado de regular a una industria que daba créditos al 43,5% de los hogares (Encuesta Financiera de Hogares 2011-2012), derivando en diferencias entre la SBIF y el Banco Central. Pero la disputa finalmente se zanjó y se clarificaron los límites.

Con La Polar la atención se centró sobre la industria y, desde entonces, la regulación se endureció para todo el sector. Prueba de ello es la emisión de la circular III.J.1, cuya puesta en marcha originó una disputa entre regulador y regulados. El gerente general del Retail Financiero, Claudio Ortiz, sostiene que el endurecimiento de las regulaciones “fue parte de las externalidades que trajo La Polar, y creemos que en algunos momentos se sobre reaccionó. Soy un convencido de que por cómo fue creado el caso La Polar, probablemente las nuevas regulaciones no habrían sido capaces de captar los errores que había en la información, porque habían pecados de origen”.

Hubo personajes que llamaron a no pagar estas deudas -a lo que se sumó el borronazo de Dicom-, lo que tuvo un fuerte impacto en el comportamiento de cumplimiento de sus compromisos financieros. Las empresas han hecho sus propios esfuerzos por limpiar sus carteras, al aplicar el llamado descreme, para concentrar sus esfuerzos en los sectores con mejor comportamiento de pago. Lo anterior se evidencia también en la cantidad de tarjetas del retail, que pasó de 22,5 millones en 2007 hasta 13 millones hoy. La drástica baja responde en efecto a una depuración de las carteras, pero también a mayores salarios y a un nuevo comportamiento de los clientes que los lleva a tener un endeudamiento más responsable.

Lo anterior provocó que los principales retailers hayan traspasado (o estén en vía de hacerlo)) la administración de sus tarjetas de crédito a bancos. Cencosud, por ejemplo, tras la fallida negociación con Itaú, finalmente optó por Banco Paris, a través de la creación de una empresa de apoyo al giro que dependerá del banco, la que gestionará el negocio del retail financiero de Cencosud en Chile. Ripley integró el negocio financiero de la casa comercial al banco del mismo nombre, lo que le permitió escalar al octavo puesto en colocaciones de consumo. Falabella, por su parte, anunció hace menos de un mes que creará Promotora CMR Inversiones S.A., cuyo fin “será la emisión de tarjetas de crédito y la realización de todas las actividades y operaciones complementarias del giro principal”.

LOS NUEVOS ÉNFASIS EN FISCALIZACIÓN DE LA SVS
La SVS venía trabajando cada una de estas iniciativas con tiempo, pero el Caso La Polar gatilló que muchas de ellas terminaran por materializarse. La primera de éstas tiene relación con el foco que puso la SVS sobre las auditoras externas, pues el cuestionamiento sobre PwC por no haber advertido anomalías en los balances de La Polar lo sufrió toda la industria. Así fue como en 2012, la SVS creó el Área de Control de Empresas Auditoras. Una de las diversas tareas de dicha unidad es la supervisión de las empresas de auditoría externa en relación a los servicios de auditoría de los estados financieros de emisores de valores.

Cuestionamientos que también lo sufrieron las clasificadoras de riesgo, considerando que Fitch Ratings y Feller Rate tampoco cuestionaron la información provista por el retailer. Así, en marzo de este año el regulador elevó los estándares de funcionamiento de las clasificadoras. Entre varios aspectos, la norma 361 estableció que éstas deben informar sus políticas y procedimientos sobre la preparación y asignación de los equipos para llevar a cabo una clasificación de riesgo, las que deben mencionar aspectos como: experiencia mínima exigida, rotación de los equipos de trabajo, normas de confidencialidad, de formación continua y capacitación; entre otras disposiciones.

El regulador también creó unidades de análisis multisectoriales. Partió con el retail, instruyendo a las compañías del sector a revelar más información en sus estados financieros, como por ejemplo el detalle de sus carteras repactadas. Lo anterior, motivó una acalorada respuesta de Falabella: “Llama la atención, al revisar la experiencia comparada, verificar que los estados financieros preparados bajo NIIF por compañías de otros países con mercados más desarrollados que el chileno, no presentan el volumen de información que hoy por hoy se está requiriendo por parte de la superintendencia a su cargo”, sostuvo el entonces gerente general de la entidad, Juan Benavides, a través de una carta en septiembre de 2012.

La fiscalización sobre el retail fue sólo el puntapié inicial. Luego se puso el foco sobre las constructoras -cuando se discutía la existencia o no de una burbuja inmobiliaria- y recientemente hizo lo propio con la industria salmonera.

Las corredoras de bolsa también sufrieron coletazos. Los reclamos eran de los clientes fueron pan de cada día y, con el paso de las semanas, la SVS dispuso de una norma de idoneidad para todos los ejecutivos de las intermediarias, incluyendo las áreas de research. Está en proceso otra norma que busca regular los conflictos de intereses de estas compañías.

CRECIÓ EL COSTO DE SER PARTE DE UN DIRECTORIO POR EL PELIGRO DE HACERLO MAL POR OMISIÓN
Si el negocio del retail cambió al destaparse el caso La Polar, también lo debieron hacer los gobiernos corporativos. Esta vez, no sólo del retail, sino que también del resto de las industrias. Y es que la labor que ejercieron o no los directores a cargo de la compañía dejó en evidencia que éstos no se estaban involucrando lo suficiente en las decisiones de las compañías. Desde entonces -aunque también ligado a otros casos emblemáticos del mercado de capitales-, la búsqueda de ejecutivos se ha vuelto más acuciosa. Las AFP, por ejemplo, la externalizaron, dejándola en manos de head hunters. La Superintendencia de Valores y Seguros también decidió avanzar en la materia y emitió a comienzos de noviembre de 2012 la norma -la NCG 341- para la difusión de información sobre las prácticas de gobierno corporativo adoptadas por las S.A., permitiendo a las inversionistas tener más y mejor información sobre los gobiernos corporativos. La SBIF hizo lo propio: en noviembre de 2013 publicó la normativa referente a los gobiernos corporativos de los bancos.

El presidente de Seminarium, Rafael Rodríguez, explica que “los directores tomaron conciencia de lo fundamental que es formarse una opinión propia más que hacer fe de lo que dice el controlador”. Afirma que “esto ha llevado a que, en general, los directores pidan más antecedentes y la administración presenta más antecedentes. En eso hay un antes y un después de La Polar”.

Añade que en la búsqueda de directores hay características que se mantienen -por ejemplo, el hecho de haber vivido negociaciones colectivas, el haber llevado adelante proyectos, etc.- pero hoy “la diferencia radica en que hay un mayor énfasis en los directores independientes de la capacidad de cuestionar lo que la empresa presenta a los directores para ser aprobados o los temas de fondo en los que se requiere tener una posición. Que la persona tenga el carácter para pedir la información, que tenga la inteligencia para entender los elementos fundamentales y analizarlos. Lo otro, es que la persona que veía que el cargo de director era un premio al cual se accedía por una trayectoria destacada y que era para dar ideas, pero no para participar el riesgo de la toma de decisiones, creo que esa visión ya no existe. La Polar hizo patente el riesgo de ser director y hacerlo mal por omisión, no por acción. El pecado por omisión tomó una relevancia distinta tras este caso”.

DEFAULT CREÓ DIFERENCIACIÓN ESTRUCTURAL DE SPREADS ENTRE DISTINTAS CLASIFICACIONES
"Aunque una mayor tasa siempre ha significado mayor riesgo, después del evento de La Polar el factor riesgo se conversa más, tanto a nivel de comités de inversiones, como también con clientes", comenta el portfolio manager de renta fija de uno de los mayores bancos internacionales de la plaza.

La impresión es parte del sinceramiento que necesariamente tuvo que ocurrir en la industria financiera a raíz del fraude de La Polar.

Hasta antes del evento los spreads de mercado, que son el reflejo del riesgo de crédito de cada emisor, estaban relativamente juntos uno de otro, no habiendo mucha diferenciación entre las distintas clasificaciones de riesgo de los emisores.

Datos de LVA Índices muestran que mientras que a fines del 2011 el tramo de bonos corporativos con clasificación ‘BBB’ transaba a 161,98 puntos base (pb) de spread, al cierre del año siguiente el mismo tramo se negociaba ya a 301,81 pb de spread.

De hecho, en los meses que le siguieron a la revelación del fraude, no sólo los papeles con menor grado de inversión aumentaron su spread (lo que se traduce en una menor prima a nivel de precios), sino que el fenómeno afectó, en cambio, a todo el mercado de bonos corporativos, elevando por varios meses el spread de todos los tramos.

Este momento es descrito por los traders de renta fija como un período de alta incertidumbre, por la evidencia de que, aún cuando La Polar contaba con una clasificación con grado de inversión, el mercado se enfrentaba con un riesgo corporativo que claramente no estaba siendo bien medido.

Pero más allá de las repercusiones de corto plazo, el episodio también terminó cambiando de manera estructural la diferenciación que los inversionistas harían en adelante con instrumentos de distinta clasificación de riesgo.

“La mayor diferencia por riesgo de crédito que ahora hace el mercado con las distintas clasificaciones es un cambio que llegó para quedarse”, señala un manager de activos de renta fija.

Salvo un breve período entre marzo y abril del 2013, la diferencia de puntos de spread entre el tramo ‘BBB’ y el siguiente, el tramo ‘A’, no ha vuelto a ser inferior a los 100 puntos base.

Los datos de LVA Índices muestran, por ejemplo, que a fines de mayo el tramo ‘BBB’ transaba de manera agregada a 374,45 puntos base, estando a 221,84 puntos base del tramo superior, el ‘A’, que transaba a 152,61 puntos base.

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