Luis Cordero, abogado: “Un proceso constituyente con una sociedad civil activa permite alejar los fantasmas del populismo”

El académico de la Universidad de Chile y director de Espacio Público cree la pandemia ha mostrado que nuestras instituciones carecen de flexbilidad y adaptación. Además, releva el rol de la sociedad civil en la crisis y agrega que postergar el proceso constituyente sería un "autoengaño".




Como profesor de derecho administrativo de la Universidad de Chile, el abogado Luis Cordero sabe bien cómo funcionan nuestras instituciones, cómo lo han hecho hacia atrás y es una voz autorizada para analizar cómo se están desempeñando hoy en días de pandemia y luego de un estallido social.

Por eso, en esta entrevista, el director de Espacio Público da su opinión sobre el rol de las instituciones chilenas y también reafirma la importancia que le da a un proceso constituyente con una sociedad activa que aporte con datos y evidencia, para así “alejar los espíritus populistas”.

A través de varias columnas has demostrado y evidenciado como, post estallido social, estaban quedando paradas nuestras instituciones, y también cómo varios problemas se habían manifestado con gran fuerza desde ese momento. Ahora con la pandemia, ¿qué crees que nos está demostrando esta crisis sanitaria?

En términos institucionales, creo que desde el 18 de octubre en adelante, más allá de la fractura y de las grietas sociales evidentes que han demostrado las crisis, cabe preguntarnos si hemos tenido un régimen institucional con la suficiente capacidad de adaptación y de intervención oportuna para abordarla. El elemento común que tienen los hechos del el 18 de octubre y el covid-19 es que nos enfrentamos a un Estado que pareciera que en los últimos años ha estado funcionando con cierta inercia y, en consecuencia, para abordar un estrés de magnitud global no ha tenido capacidad suficiente.

¿Por qué no la ha tenido?

Porque es cierto que las catástrofes estresan a las instituciones, sucede en todas las partes del mundo y que todo nuestro régimen institucional de catástrofe estaba pensado para las catástrofes naturales, para los terremotos. Pero para una crisis social, que permanece en el tiempo, no. Y eso de alguna u otra manera lo que demuestra es un estado de un régimen institucional, sin capacidad de adaptación, sometido a ciertas inercias que no le ha permitido codificar razonablemente bien sus ámbitos de intervención. Un ejemplo claro sería la importancia de la información, la importancia de la evidencia, la importancia de que esa evidencia esté disponible para todo el mundo. Bueno, pareciera ser central en los procesos de decisión en cualquier lugar. De hecho, desde hace mucho rato, distintas personas de distintos lugares, asociados a las políticas públicas, decían con evidencia que en momentos clave, el Estado ha estado tomando decisiones con opacidad de información y pareciera que eso no es sostenible.

Una inercia que se viene dando hace mucho tiempo…

Claro. Y en el fondo, a prácticas institucionales que se venían desarrollando hace mucho tiempo. Por ejemplo, ¿qué cosa hemos hecho en los últimos 30 años? Desde el retorno a la democracia pareciera que eludimos debates legislativos sustantivos y los debates más importantes de políticas públicas terminan trasladándose anualmente o a la ley de presupuesto, o a la ley de reajuste. Entonces, políticas públicas relevantes estaban quedando incorporadas en glosas presupuestarias porque no somos capaces de dar discusiones de fondo. Entonces nos acostumbramos a una cierta inercia de que pareciera que ni ante las glosas presupuestarias podríamos ir enfrentando dilemas de política pública, y la verdad es que cuando entramos en una crisis sustantiva ese modelo de ir resolviendo año a año, como si fuera día a día, finalmente no sirve para abordar crisis de estas magnitudes. Para abordar crisis de estas magnitudes tienes que tener un aparato institucional lo suficientemente maduro y reflexivo para este proceso. Creo que durante estos años nos acostumbramos a hacer política pública a través de la ley de presupuesto y no en cosas más sustantivas.

¿Cuánto le atribuyes a la política, a los dirigentes políticos que se hayan dejado llevar por esa inercia?

La única manera de lograr rentabilidad política en el corto plazo, es discutiendo leyes de corto plazo en una ley de presupuesto. Y por lo tanto, creo que aquí hay una cierta responsabilidad constitucional colectiva, no solo de la política, también de la sociedad civil.

¿En qué sentido?

Si hay algo que podría rescatar del movimiento del 18 de octubre en adelante, es que pasamos a tener una sociedad civil mucho más activa, mucho más beligerante, con instituciones de la sociedad civil que aporten con información, con datos para poder contrastar la decisión pública, y lo han hecho uno de los grandes activos a partir del 18 de octubre. Y eso también implica que las autoridades comiencen a comprender que la justificación de sus roles no se basa única y exclusivamente del cargo que detenta. Es decir, la legitimidad de las actividades que se desarrollan se juega día a día, se juega en el correcto sentido de la función y se juega en comunicar razonablemente bien una medida, se juega en la confianza pública que estas pueden provocar. Tengo la sensación de que en esto, hay una responsabilidad especial de la política, cuando digo la política es, de los distintos actores que participan en esa decisión, pero también en algún sentido de la sociedad civil, que se mantuvo con una cierta pasividad durante mucho tiempo. Una manera correcta de mantener en buen estado físico las instituciones es que uno tenga una sociedad civil que sistemáticamente le exija a esas instituciones actuar de modo adecuado. En democracia ser criticón es un activo, no es algo que debiera herir susceptibilidades.

Pero parece que si hiere susceptibilidades. El mejor ejemplo es el Colegio Médico, que ha tomado un rol importante en esta pandemia, ha chocado varias veces con el gobierno con una demanda: ser escuchados como gremio. ¿Crees que la sociedad civil tiene actualmente mayor preponderancia en las decisiones o por culpa de nuestro régimen político presidencialista todavía la cuesta incidir?

Nosotros estamos aprendiendo a ser una sociedad civil activa. Lo que ha ocurrido de octubre hasta ahora nos permite desarrollar eso. La propia sociedad civil tiene que ir comprendiendo, que esto no se reduce a una opinión en redes sociales y creo que un ejemplo es la manera en cómo ha funcionado el Colegio Médico. El Colegio Médico ha sido finalmente un articulador, pese a las diferencias que ha tenido con el gobierno, pese en algunos momentos a declaraciones que algunos podrían considerar tensas, el Colegio Médico sigue aportando y sigue siendo una institución creíble que va aglutinando. Y por otro lado, el propio gobierno ha tenido inevitablemente reconocer en ellos un interlocutor válido. Lo que ha hecho el Colegio Médico uno debiera aspirar a que estuviera en distintos sectores. Por eso yo digo e insisto, tener una sociedad civil activa, tener una sociedad civil beligerante, en términos de mantener en buen estado físico, un buen ritmo del estado tiene que ver con el rol esencial que tiene.

“¿Prorrogar indefinidamente el proceso constituyente? Eso sería un suicidio de la clase política”

¿Qué rol debe tener la sociedad civil en el proceso constituyente?

Un proceso constituyente con una sociedad civil activa permite alejar los fantasmas del populismo, los fantasmas de las recetas fáciles. De esos que creen que para poder construir políticas públicas razonables se requiere solo de una cuña. No, se requiere de un argumento y requiero evidencia. En la gran tragedia que estamos viviendo y los días difíciles que vamos a seguir viviendo, pareciera ser clave entender que para tomar decisiones necesitamos plena información. En eso, la evidencia para tomar decisiones correctas es bien determinante. Eso de alguna u otra manera evita espíritus populistas.

¿Cómo se puede compatibilizar el proceso constituyente con la situación sanitaria y social que estamos viviendo?

La situación que estamos viviendo con la pandemia y los días difíciles que vamos a tener, demuestran de un modo bien inevitable que la única manera de salir de esto es conversando juntos y buscando una solución relativamente pactada. Y el proceso constituyente es una oportunidad para eso. Deja de ser una cuestión, estrictamente, de cómo distribuir el poder sino que también se transforma en una ruta para razonablemente ir construyendo un objetivo común. El proceso constituyente tiene una oportunidad distinta a la que tuvo en octubre, distinta al acuerdo de noviembre. Pareciera que el acuerdo de noviembre es un acuerdo de la clase política, lo que ha estado pasando con esta crisis sanitaria deja en mucho más evidencia de que ese proceso requiere muchas más personas. Por eso yo ponía tanto énfasis en el rol de la sociedad civil. El rol de la sociedad civil producto de la crisis sanitaria es infinitamente mayor que el que vivíamos hace mucho tiempo. Y que, por el contrario, es una sociedad civil beligerante pero propositiva y esa es precisamente el tipo de sociedad civil que uno necesita para tener un proceso constituyente honesto y efectivo.

Y, ¿es compatible tener esa reflexión profunda cuando vivimos tanta incertidumbre en términos económicos y sociales?

En momentos de crisis económica, en momentos de crisis sanitaria, en momentos donde pareciera que la incertidumbre para muchas personas de sus vidas, no sólo del familiar que puede estar enfermo, si no que la incertidumbre sobre su trabajo, en fin, depende de tener alguna ruta de esperanza. Y una ruta de esperanza tiene que ver con tratar de canalizar en un camino determinado. Este es un momento donde los discursos populistas no sirven y hay que mirarlos con mucha desconfianza. Las personas lo que pueden estar mirando hoy día es que hay una desgracia, en que parecía que tener antecedentes, tener datos, es más útil que no tenerlos. Que es mejor darse un espacio de conversación, que no tener ese espacio de conversación. Si no tenemos un proceso constituyente y el argumento es “no vamos a tener un proceso constituyente, posterguemoslo porque tenemos crisis económica, porque tenemos una crisis sanitaria”, la verdad, eso es un autoengaño.

¿Por qué?

El proceso constituyente ya comenzó. Desde el momento en que las personas comenzaron a tener conciencia de que las reglas del juego pactadas debían ser distintas. ¿Cuánto se demore eso? No lo sabemos. El proceso, como proceso constituyente, como momento del desarrollo de una nueva etapa constitucional, yo creo que ese momento ya lo estamos viviendo. Lo que viene a continuación es cómo lo canalizamos formalmente. ¿Podrá realizarse el plebiscito en octubre? Bueno, si las condiciones sanitarias lo impiden, ¿eso va a significar que lo vamos a prorrogar indefinidamente? Eso sería un suicidio de la clase política, sería sencillamente un imposible.

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