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Las graves consecuencias de la polución tóxica que genera la guerra en Irán (que podría perdurar por décadas)

La guerra en Irán no solo destruye edificios: en Teherán la lluvia ácida, el humo tóxico y la contaminación del aire amenazan la salud de millones de personas, tras los ataques a sus instalaciones petroleras.

Las graves consecuencias de la polución tóxica que genera la guerra de Irán (que podría perdurar por décadas). Foto: Xinhua.

Lluvia ácida y negra, humo que bloquea el sol y un olor a quemado intenso. Así se han visto afectados los habitantes de Teherán, la capital de Irán, por la guerra.

Los ataques de Estados Unidos a sus instalaciones petroleras están provocando que los residentes tengan que inhalar y estar en contacto con sustancias tóxicas que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), pueden repercutir gravemente en su salud.

Los daños de los bombardeos e incendios “van más allá de los edificios: están dispersando residuos tóxicos en el aire de ciudades que albergan a millones de personas”, advirtió Armin Sorooshian, académico de química e ingeniería ambiental de la Universidad de Arizona, en un artículo de The Conversation.

Así, se instalan amenazas invisibles, cargadas de metales pesados y otros contaminantes que son liberados en aire, suelo y agua y que pueden permanecer durante décadas allí, según revelaron los especialistas consultados por Bloomberg.

Y es que, el mayor problema de Teherán en medio de la guerra, es su proximidad con los depósitos de petróleo que los expone todavía más a la polución tóxica.

Las graves consecuencias de la polución tóxica que genera la guerra en Irán (que podría perdurar por décadas). Foto: Europa Press.

La contaminación: el “enemigo invisible” en la guerra

El académico Sorooshian relató que, en un reciente episodio de la guerra en Irán, unos misiles alcanzaron las refinerías de petróleo del país: se desató un incendio que generó nubes negras tóxicas y desataron “una lluvia aceitosa que se depositó sobre edificios, automóviles y personas”.

“Los residentes describieron dolores de cabeza y dificultad para respirar”.

Además, las autoridades iraníes recomendaron a los residentes que permanecieran, en lo posible, en interiores para evitar el contacto con la lluvia ácida que podía quemarles la piel y dañar sus pulmones.

Los contaminantes provienen desde los metales pesados de las municiones hasta de los materiales que se dispersan en el aire después de explotar. Las consecuencias impactan directamente en la calidad del aire a tal nivel que se convierte en un grave problema de salud pública, a corto y largo plazo.

Por ejemplo, cuando el 11 de septiembre de 2001 sucedió el ataque terrorista contra el World Trade Center en Nueva York, se liberaron grandes masas de contaminantes en el aire como gases con compuestos orgánicos volátiles y partículas de polvo, hidrocarburos aromáticos policíclicos, metales amianto y bifenilos policlorados.

Las graves consecuencias de la polución tóxica que genera la guerra en Irán (que podría perdurar por décadas). Foto: Xinhua. Sha Dati

Tras el evento, “muchos rescatistas y trabajadores de recuperación desarrollaron problemas respiratorios crónicos. Este riesgo también existe para quienes buscan sobrevivientes en edificios bombardeados tras ataques militares y posteriormente durante la limpieza de los escombros”.

“Cuando los edificios sufren daños graves o se derrumban, los escombros suelen contener hormigón triturado, yeso y materiales fibrosos cancerígenos, como el amianto. Incluso después de que el polvo se asiente, el viento y otras perturbaciones (como esfuerzos para encontrar sobrevivientes o retirar escombros) pueden dispersar esos materiales en el aire, poniendo en riesgo a más personas”.

En la guerra, se le suman las bombas y artillería que suelen contener explosivos y metales pesados, como plomo y mercurio, que también contaminan el suelo, el agua y el medio ambiente.

Cómo se puede limpiar la contaminación del aire tras una guerra

“La naturaleza, incluyendo la lluvia y el viento, puede ayudar a reducir los niveles de contaminación atmosférica”, escribió Sorooshian.

En Irán, hubo pocas lluvias desde el comienzo de los ataques militares. Aunque en el contexto actual, es un escenario poco ideal, ya que las precipitaciones pueden arrastrar los contaminantes hacia los arroyos y dañar y contaminar los cultivos y el suelo.

El viento también ayuda a dispersar los contaminantes, pero Teherán también está geográficamente en desventaja: la ciudad está rodeada de montañas que hace difícil la circulación del aire.

Por tanto, “las personas en zonas de guerra, donde ya se encuentran bajo estrés, pueden reducir los riesgos para su salud permaneciendo en interiores los días posteriores a los ataques militares, si es posible”, aseguró el ingeniero ambiental.

“Mantener las ventanas y puertas cerradas puede ayudar a reducir la cantidad de aire contaminado que entra”.

También “se puede intentar evitar los cultivos, el agua y los mariscos que probablemente se hayan visto afectados por contaminantes tóxicos en el aire. Sin embargo, obtener información sobre los riesgos se dificulta en tiempos de guerra, y la escasez de información puede dejar a las personas con pocas opciones”.

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