Qué es la “falacia de la llegada” que nos genera sufrimiento innecesario, según un psicólogo
Para muchas personas, la plenitud y la felicidad parecen estar al final de una meta. Sin embargo, esa expectativa puede convertirse en un arma de doble filo.
“Cuando llegue ahí, por fin seré feliz”. La frase, repetida de forma consciente o silenciosa, atraviesa la vida de muchas personas que esperan la plenitud al alcanzar un logro.
Puede aparecer al pensar en un ascenso, en una relación estable, en terminar una carrera o en alcanzar cierta seguridad económica.
El problema es que, una vez logrado ese objetivo, la satisfacción suele durar menos de lo esperado y deja una sensación incómoda: la plenitud prometida nunca llega del todo.
La falacia de la llegada
Ese fenómeno es conocido en psicología como la “falacia de la llegada”, un concepto que explica por qué depositar la felicidad en metas futuras puede generar frustración y sufrimiento innecesario.
Así lo expone el psicólogo Jason N. Linder, doctor en Psicología de la University of California San Diego, en un artículo publicado en Psychology Today.
Según Linder, la falacia de la llegada es “la falsa creencia de que alcanzar una meta específica traerá satisfacción duradera”.
Si bien cumplir objetivos puede producir una sensación temporal de logro, la felicidad anticipada “tiende a desvanecerse rápidamente”, lo que deja a las personas desanimadas o con la impresión de que algo no funciona como debería.
El término fue acuñado por el psicólogo Tal Ben-Shahar, referente de la psicología positiva, y se relaciona con la llamada adaptación hedónica.
El cerebro humano, explica Linder, se acostumbra con rapidez a nuevas circunstancias, incluso cuando son positivas.
Así, lo que antes parecía el máximo logro se transforma pronto en la nueva normalidad y la atención se desplaza hacia el siguiente hito, alimentando un ciclo constante de insatisfacción.
El patrón se repite en distintos ámbitos. Una persona que busca el éxito financiero puede creer que alcanzar cierto nivel de ingresos le dará seguridad y felicidad permanentes.
Sin embargo, cuando la meta se cumple, la emoción dura semanas o meses antes de ser reemplazada por nuevas presiones, como mantener el estatus, enfrentar impuestos o competir en un entorno más exigente.
Lo mismo ocurre en las relaciones personales, los objetivos físicos o los avances profesionales.
Los peligros de este pensamiento
Más allá de la decepción, la falacia de la llegada puede tener consecuencias emocionales más profundas.
Linder advierte que esta mentalidad puede generar insatisfacción constante, al impedir disfrutar el presente; pérdida de motivación, al cuestionar el sentido del esfuerzo; y una autopercepción negativa, al asumir erróneamente que la falta de satisfacción es un problema personal.
Además, la búsqueda permanente del próximo logro puede tensionar las relaciones, al postergar vínculos importantes bajo la promesa de “más adelante”.
Para contrarrestar este fenómeno, el psicólogo sugiere varias estrategias.
Entre ellas, cultivar la atención plena (mindfulness) para reconectar con el momento presente, redefinir el éxito más allá de metas externas y encontrar valor en el proceso, no solo en el resultado.
También recomienda asumir que la emoción asociada a los hitos se desvanecerá naturalmente y equilibrar la ambición con la gratitud por lo que ya se tiene.
En lugar de buscar la felicidad en un punto futuro, concluye Linder, reconocer la falacia de la llegada puede ayudar a vivir con menos frustración y a apreciar la vida que ya está ocurriendo.
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