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Nace en Chile el primer club para personas altas

<P>El único requisito para ingresar es que ellas midan más de 1,80 m y ellos sobre 1,90 m.</P>

Como toda adolescente, Jocelyn García (25) tenía un grupo de amigas inseparables en el colegio. Hasta que su metro y 84 centímetros comenzó a transformarse en una barrera infranqueable. No podía escuchar lo que hablaban sus amigas 25 centímetros más abajo. "Me tenía que agachar siempre, pero igual no escuchaba y quedaba 'colgada'", recuerda. Al final decidió andar con audífonos y encerrarse en su propio mundo. La altura también fue una complicación para pololear. "A los 22 años pololié con un chico que me llegaba a la nariz. Le daba vergüenza andar conmigo. Usaba zapatos con taco interno para verse más alto. Duramos un año y tres meses", cuenta la estudiante de técnico en sonido.

Por eso, cuando supo de la existencia de clubes exclusivos para personas altas en el mundo, decidió crear el primero de su tipo en nuestro país: el Club de Altas y Altos de Chile.

El club partió este año, fruto de dos grupos de Facebook que al día de hoy reúnen a cerca de 400 personas. ¿El requisito para entrar? Que ellas midan sobre 1,80 m y ellos más de un 1,90 m.

En febrero se reunieron por primera vez en el Parque O'Higgins. "Llegaron 30 personas de todo Chile: Santiago, Viña del Mar, Quillota, Villa Alemana, Temuco y Concepción", cuenta Karelyn Wettergreen (1,80 m) una de las organizadoras del evento. El éxito fue tal, que preparan una nueva reunión para el 7 de abril, en el parque Padre Hurtado.

Datos y pololeos

El club es un punto de encuentro donde se comparte tanto amistad, como información de datos útiles. Wettergreen revela los suyos: "Encuentras pitillos largos en Zara, zapatillas en outlet y otras cosas en la ropa americana", dice.

García, en tanto, encontró pololo en el club, quien con sus 2,02 m no tiene ningún complejo en que ella mida 1,84 m. Aunque es uno de los más altos del grupo, no es el primero. Ese privilegio recae en Víctor, que se empina en los 2, 08 m.

En el club ya se han formado tres parejas y también varias amistades donde el punto de encuentro son las experiencias comunes: a todos los han mirado como bichos raros en el metro o la calle, no les han entrado las piernas en los asientos del Transantiago, los pantalones que se prueban les queden como pescadores, han recibido apodos escolares como 'kilómetro parado' o 'jirafa' y les han preguntado si son basquetbolistas.

Para el sociólogo de la Universidad Central, Rodrigo Larraín, estos grupos cumplen el rol de entregar una identidad a sus miembros. "Vivimos en una sociedad que tiene una cultura de aceptación de la diversidad, pero simultáneamente buscamos mecanismos diferenciadores. A lo miembros de grupos de este tipo, estas organizaciones les permiten conseguir una identidad que los hace distintos, validándose con los mismos miembros del grupo", dice.

Estatus

La Federación Europea de Personas Altas, con sede en Holanda, es la agrupación de este tipo más grande del mundo. Al igual que en el club chileno, allí se intercambian datos sobre dónde comprar ropa y zapatos, medios de transporte, alojamiento, salud y mueblerías especiales para personas de mayor estatura. Clubes de Inglaterra, Francia, Suecia, Suiza, Holanda y Alemania forman parte de ella y sus miembros se reúnen anualmente en la feria Europatreffen.

El fenómeno también se da en Canadá y en EE.UU. donde más de 50 clubes y dos mil personas forman parte de la Tall Clubs International. En EE.UU. los clubes para altos no son cualquier organización, según The Wall Street Journal.

En sus juntas, los altos estadounidenses fortalecen sus redes sociales para conseguir nuevos empleos y mejores rentas. Algo en que, según los estudios, la estatura es un punto a favor.

Así lo reveló un estudio de Gallup (2009), realizada en 400 mil personas en EE.UU., que arrojó que las personas más altas que el promedio (1,77 hombres y 1,62 mujeres en EE.UU.)- tienen mejor calidad de vida, reconocen más emociones positivas y poseen mejores sueldos. De hecho, por cada 10 centímetros más, el sueldo crece en igual porcentaje, según un estudio del National Bureau of Economic Research (EE.UU.)

Los altos chilenos no están ajenos a eso: saben que sus centímetros de más son una ventaja en un país donde el promedio de estatura masculina es 1,69 m y la femenina de 1,56 m. "Al ser alto, llamas más la atención, no necesitas vestirte o ser de una forma particular para resaltar", reconoce Diego Rojas (1,96 m), estudiante de ingeniería. El sociólogo de la U. Central dice que la altura en nuestro país "conlleva ser más 'europeo', lo que le entrega a la característica física una connotación social". Algo que comparte Francisco Leiva (1,95 m). "El porte me otorga más presencia y facilita el respeto".

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