El comienzo del fin del Covid: Las cicatrices de la pandemia

Desde que se registró el primer caso de coronavirus en Chile han transcurrido 942 días, tiempo en el que el país enfrentó un desafío inédito. A partir de hoy se eliminarán todas restricciones que marcaron este complejo tiempo.


China, diciembre de 2019. Un habitante de la ciudad de Wuhan es hospitalizado. Hasta ahí, ninguna novedad. Luego vendría lo peor, algo impredecible: su sintomatología no cuadraba con ninguna enfermedad conocida. Fue el primer de caso de Covid-19, enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2 que sumergió literalmente a todo el planeta en una crisis sanitaria.

Tres meses después, el 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al mundo en pandemia, es decir, que el brote epidémico ya afectaba a más de un continente y que los casos de cada país ya no eran importados, sino que estaban siendo provocados por transmisión comunitaria. Ocho días antes, el 3 de marzo, se confirmó el arribo del virus a Chile a través de un médico de Talca que regresaba del sudeste asiático. En poco tiempo, y al igual que el resto del mundo, Chile se vio forzado a implementar medidas estrictas para controlar la propagación del Covid.

Doce días después de haberse conocido el primer caso y con 75 contagios confirmados, el Presidente en ejercicio, Sebastián Piñera, anunció la suspensión de las clases en jardines infantiles, colegios municipales, subvencionados y particulares. En un comienzo sería por dos semanas, pero el tiempo y la diseminación del virus dirían otra cosa.

Veinticuatro horas después, el gobierno decidió cerrar todas las fronteras terrestres, marítimas y aéreas del país para el tránsito de personas extranjeras. Eso sí, los chilenos o residentes permanentes, que provenían de lugares de riesgo, podían ingresar, pero debían someterse a la Aduana Sanitaria y a una cuarentena obligatoria de 14 días.

El 18 de marzo, Piñera anunció el estado de excepción constitucional de catástrofe para todo el territorio nacional, que finalmente se extendió hasta el 30 de septiembre de 2021. Fueron 560 días en los que la medida le permitió al gobierno decretar las máximas restricciones de movilidad, como el toque de queda nocturno y el confinamiento.

Desde que llegó el primer caso a Chile han pasado 942 días -dos años y seis meses- y durante todo ese tiempo el país se enfrentó a distintas medidas sanitarias y cuatro ministros de Salud debieron liderar la batalla y tratar de morigerar las consecuencias. Hoy se acaban las restricciones más duras y el fin de la pandemia parece estar cada vez más cerca. Eso sí, la ministra Ximena Aguilera fue clara: “El Covid-19 no se va a ir, seguirá con nosotros”. Al igual que las cicatrices que dejó.

Una nueva realidad

El Covid-19 se propagó rápidamente y en poco tiempo se convirtió en una amenaza mortal. Fue necesario tomar medidas y desde marzo en adelante, los chilenos debieron aislarse y cambiar hábitos; y, lo principal, aprender a batirse con una nueva realidad, cruzada por el miedo a contagiarse, a perder a un familiar, a quedar sin trabajo. Incluso, a morir.

También debieron aprender el significado de muchas palabras, por ejemplo qué era pandemia y qué la separaba de una endemia. Y también a entender y utilizar otras, como cuarentena, que para algunos era familiar, pero que pasó a ser de uso diario. El 25 de marzo las autoridades anunciaron aislamiento total para siete comunas de la Región Metropolitana: Lo Barnechea, Vitacura, Providencia, Las Condes, Ñuñoa, Santiago e Independencia. Esa nueva realidad aportó otros cambios y pausó abruptamente la vida nocturna, porque por meses se instauró el toque de queda a las 22.00.

Otro elemento que llegó para quedarse un largo tiempo -más de dos años- fue la mascarilla. El 17 de mayo de 2020 se decretó su uso obligatorio en espacios públicos, tanto abiertos como cerrados, para evitar el contagio. Desde entonces, los chilenos han estado obligados a usarla y, de hecho, no hacerlo podía derivar en una multa de hasta cinco UTM, es decir, casi $ 300 mil.

Hoy el uso obligatorio llega a su fin. Este 1 de octubre se eliminan las medidas más estrictas que iban quedando, como el Pase de Movilidad y el aforo, abriendo así el capítulo final de la pandemia.

Los momentos más críticos

Los funcionarios de la salud, que desde la pandemia pasaron a ser reconocidos como la “primera línea”, fueron los encargados de protagonizar el rol más severo del Covid-19. Al interior de hospitales y clínicas, cada ola se vivió con una intensidad inédita. Turnos de 12, 18 y 24 horas, de lunes a domingo, y sostenidos por varias semanas, fueron necesarios para cumplir las cuotas de los equipos.

Uno de los momentos más críticos fue el invierno de 2020. El 24 de junio los trabajadores del sistema sanitario debieron atender a las 9.006 personas que se encontraban hospitalizadas en alguna unidad debido al coronavirus, transformándose en la cifra más alta de toda la pandemia.

En 2021 la historia se repitió durante el mismo período y la “primera línea” se enfrentó a un nuevo peak. El 20 de mayo hubo 8.560 pacientes internados, 3.372 de ellos en una unidad de cuidados intensivos.

“Nosotros como UCI no estamos acostumbrados a tantos fallecimientos, y en un momento fallecían muchas personas. Antes de la pandemia, los pacientes estaban en UCI unos cuatro días, pero con Covid podían estar hasta 30 y sin mejora. Era algo que nunca habíamos visto”, relata Pablo Carrasco, enfermero del Hospital El Carmen de Maipú.

Desde marzo de 2020 hasta el 28 de septiembre de este año, 30.362 personas pasaron por la UCI. Este viernes el número llegó a 123 pacientes, una de las cifras más bajas.

Un virus mortal

Para muchas personas, el virus fue mortal. El 21 de marzo de 2020 el Minsal informó el primer fallecimiento asociado al Covid-19. Fue una mujer de 82 años, de la comuna de Renca, quien presentaba varias patologías de base, entre ellas una enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Desde entonces, 61.154 personas han fallecido, 49.517 muertes confirmadas y 11.637 sospechosas y probables.

Durante los meses más restrictivos, los funerales también se vivieron de otra forma. Hubo momentos en que la ceremonia y el entierro no podían superar los 90 minutos y el aforo era de 20 individuos.

José Miguel Urzúa, asistente de la funeraria Hogar de Cristo, fue parte de esa “primera línea” del duelo y relata: “Fue duro emocionalmente, porque a uno le daba impotencia ver cómo las personas no se podían despedir de sus seres queridos”. Añade que “ahora con las vacunas es distinto, pero entre mayo y agosto de 2020 fue terrible y estamos muy perseguidos. Nadie quería tocar nada por el temor a contagiarse o contagiar a alguien de la familia”.

Vacunas, la salida

A las 11.41 del 24 de diciembre de 2020 se inoculó a la primera persona en el país contra el Covid-19. Así comenzó una campaña de inmunización que ya ha administrado más de 62 millones de dosis entre esquemas básico y de refuerzo.

La primera mujer que recibió la vacuna del laboratorio Pfizer BioNTech -de un primer cargamento de 9.750 dosis- fue Zulema Riquelme (48), técnico en enfermería de la UCI del Hospital Sótero del Río, con 26 años de carrera.

“Nunca me dio miedo ponerme la vacuna, a mí me daba miedo la pandemia, uno siempre tenía miedo de contagiarse. Yo trabajé con pacientes y era duro, entonces cuando salió la vacuna fue una luz de esperanza y ser la primera en vacunarse fue aún más emocionante”, cuenta.

La vacunación contra el coronavirus lo cambió todo en el país. Las dudas y los miedos fueron quedando atrás y el proceso afianzó la lucha que daban las autoridades y el personal de salud.

Según las últimas cifras publicadas en Our World in Data, Chile es el segundo país con más personas vacunadas contra el coronavirus por cada 100 mil habitantes, después de Cuba. Pero ocupa el primer lugar en el mundo respecto de la aplicación de dosis de refuerzo.

“Las vacunas salvan vidas”, es la frase que repiten a diario las autoridades sanitarias y diversos expertos, pues la inmunización ayudó a reducir las hospitalizaciones y las muertes. Las cifras también lo demuestran: según el último informe epidemiológico del Minsal, la incidencia de fallecidos sobre 100 mil vacunados es de 0,6 en el grupo con la primera vacuna de refuerzo, mientras que con las dos dosis basales sube 0,4; en el caso de los no vacunados aumenta a 0,8.

La otra pandemia

Ahora que los casos de Covid-19 no desbordan las salas de los hospitales y clínicas, resurgió un problema que había quedado de lado, en el olvido: las listas de espera.

Diversos especialistas ya habían advertido que cuando la batalla contra el Covid diera tregua, las personas acudirían de golpe para atender sus dolencias, visibilizando la necesidad de asistencia médica que debió postergarse desde la llegada del SARS-CoV-2. Y así llegó la “pandemia” de las enfermedades crónicas descompensadas.

Desde hace meses que las cifras y las autoridades dan cuenta de que las listas de espera actuales son las más abultadas. Las patologías del Auge/GES son las que más crecieron, llegando a 67.417 según informe del Ministerio de Salud del 31 de julio de 2022. Dos años atrás esa cifra era de 45.8660, es decir, se produjo un incremento del 47% (21.551 casos).

Trabajar desde otro país

La pandemia también generó nuevos caminos. Cientos de personas alrededor del mundo cambiaron ciudades e incluso países de residencia, porque la tecnología y los encierros a causa de la crisis sanitaria abrieron la puerta a lo telemático. Puerta que, por cierto, está lejos de cerrarse. Estudios y trabajos hoy son posibles de realizar a miles de kilómetros de distancia.

Tal es el caso de la periodista chilena Nicole Olguín (33), quien durante seis meses -entre noviembre de 2021 y mayo de 2022- trabajó para un medio español, pero estando en Concepción.

Su historia dice que se fue con visa de estudiante a España y, estando allá, consiguió una posibilidad de trabajo para la sección Motor del diario El País. Para eso, sin embargo, tenía que volver a Chile a regularizar su situación y conseguir visa de trabajo. En el intertanto acordó con Grupo Prisa trabajar a distancia.

“Fue una experiencia que tuvo de todo, porque me permitió estar con mi familia, compartir con ellos y tener las tardes libres, porque trabajaba desde las 4 de la mañana hasta el mediodía”, relata desde Madrid, donde ya está trabajando de nuevo presencialmente.

Antes, pasó medio año viviendo en casa, pero trabajando lejos de ella. “Teletrabajé todo ese tiempo”, dice.

La profesional asegura que la experiencia “tiene su lado positivo y su lado negativo”. Dentro de lo primero enumera el estar cómoda en su casa, viajando por el sur del país y a ratos a un costado de la piscina de la casa de sus padres.

¿Lo difícil? “El cambio de horario. Me tenía que acostar muy temprano, pero a veces no lo lograba. A veces el cuerpo costaba que respondiera, con reuniones y cámara prendida”, cierra.

Cuatro ministros

Con la llegada del Covid, el titular de Salud, Jaime Mañalich, asumió un rol principal. Fue tanteando junto a su equipo, probando. Hubo aciertos, pero también duras críticas.

Su salida -102 días después del primer caso- se debió principalmente a dos temas: la demora para tomar medidas preventivas y la controversia sobre la cifra total de fallecidos.

El médico y bioestadístico de la U. de Chile Mauricio Canals dice que en el primer periodo de pandemia hubo errores técnicos: “En el primer brote de 2020, se le dijo a la población que podía salir a tomar café o hacer otras actividades. Eso fue un error, porque después hubo un gran brote que tuvo su peak en junio”.

Francisca Crispi, presidenta del Colmed de Santiago, coincide en que ese mismo periodo se caracterizó por algunos errores: “Durante el primer año de la pandemia, una de las mejores medidas fue la integración de la red pública y la privada, pues logramos poner lo mejor de nuestro sistema a disposición de la población. Sin embargo, la política sanitaria de los primeros meses estuvo marcada por la imposibilidad de contener los casos, con medidas que fracasaron y que significaron muchas muertes y el colapso de la red”.

En lugar de Mañalich llegó Enrique Paris y el manejo de la pandemia pareció tomar forma, pero las críticas no cesaron. De hecho, Crispi afirma que “durante el primer año hubo un consenso transversal sobre los errores. Cuando empezamos con la vacunación se mantuvo un tono muy crítico y eso pudo haber jugado en contra. Como Colegio Médico mantuvimos un tono muy crítico durante mucho tiempo, cuando había más para valorar, como la vacunación”.

“A pesar de las críticas y los problemas que tuvimos con algunos grupos, la evaluación en general es buena y Chile recibió muchos reconocimientos. Además, se demostró que en el manejo de datos es el cuarto mejor del mundo y recibimos el premio Franz Edelman Award. Yo creo que el trabajo se hizo bien, pero no solo desde el ministerio, también desde los funcionarios de salud, los municipios y otros ministerios”, destaca el exministro Paris.

Este año, la cartera de Salud ha estado a cargo de dos mujeres, Begoña Yarza y Ximena Aguilera.

Boric y su equipo

El 11 de marzo de 2022 asumieron las nuevas autoridades de Salud, muchos de ellos muy críticos del manejo que se le dio a la pandemia y partidarios de endurecer las medidas e implementar, entre otras herramientas, las “cuarentenas cortocircuito”. En redes sociales se recordó el día que Cristóbal Cuadrado, nuevo subsecretario de Salud Pública, cuestionó el Pase de Movilidad y acusó de “criminales” a las autoridades del momento.

Con la doctora Yarza a la cabeza, el Minsal debutó anunciando cambios en la gobernanza e inauguró la Comisión Nacional de Respuesta para la Pandemia. Pero eso no los eximió de los tropiezos y las críticas. Las primeras llegaron cuando anunciaron el nuevo “Plan Paso a Paso”, al que se definió como “confuso” y “sin sentido”.

Pero los mayores reproches llegaron por la comunicación de riesgo. “El gobierno ha tenido luces y sombras en el manejo de la pandemia. Ha sido difícil entablar la comunicación de riesgo con la ciudadanía. Y las vacunas de refuerzo no han alcanzado los niveles de las dosis previas”, sostiene Crispi.

Con los contagios aún muy activos gracias a ómicron, el gobierno comenzó a relajar las medidas, contrariamente a lo que pensaban muchos expertos.

Hace unas semanas, Ximena Aguilera reemplazó a Begoña Yarza al mando del Minsal. Y a los pocos días de asumir, se oficializó la fase de apertura, que desde hoy liberará a los chilenos de mascarillas, Pase de Movilidad y aforos, entre otros.

Canals explica que el estado de la pandemia ya es diferente: “En 2022 llegó la variante ómicron, lo que hace que esta pandemia se vuelva una epidemia con más casos, pero con menos letalidad. Entonces, lo que ha tenido que hacer este gobierno es más bien administrar una enfermedad altamente transmisible, pero con una letalidad muy parecida a la de la influenza, entonces la situación es más cómoda”.

La ministra de Salud, Ximena Aguilera.

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