Cuba a oscuras: cómo se vive la crisis energética y la incertidumbre en la isla
Desde la captura de Maduro, la frecuencia de los apagones en la nación caribeña ha aumentado vertiginosamente. Diversos testimonios de residentes de La Habana recopilados por La Tercera relatan cambios en el mundo social, laboral y personal. Según Carlos, por la falta de petróleo "el país se detiene, pues no es solo los apagones, los motores de agua no funcionarán, el transporte se inmoviliza, al igual que las fábricas y centros de trabajo".
Desde que Cuba perdió acceso a los suministros de petróleo de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos a comienzos de enero, los residentes de la isla han visto cómo se ha agudizado una situación que hace rato ya era precaria. En estos días, los cortes de luz se han extendido por hasta 21 horas, con enchufes sin corriente y refrigerios que deben ser cocinados de inmediato para que no se pudran. Ello, sin contar con las calles sin ninguna iluminación.
Con la caída del Presidente venezolano, la isla perdió su principal vía de acceso al petróleo, un elemento vital para su sobrevivencia. Así, quedó atrás la alianza estratégica que hace 25 años sellaron Hugo Chávez con Fidel Castro. En la región, el único país que suministra crudo a La Habana es México. Y esto actualmente se ve dificultado por una orden ejecutiva que Donald Trump firmó para imponer tarifas a los países que exportan carburantes al territorio cubano.
Al mismo tiempo, el Presidente republicano ha aumentado la presión política sobre la isla: la semana pasada declaró a Cuba era una “amenaza extraordinaria” para su seguridad nacional y por lo mismo buscaría un cambio de régimen antes de que finalice 2026. En una inusual comparecencia televisiva, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel aseguró este jueves que su país “está dispuesto a un diálogo con Estados Unidos” sobre “cualquier tema”, pero “sin presiones, sin precondicionamientos, en una posición de iguales y de respeto a nuestra soberanía“.
De apagones a “alumbrones”
Carlos, un ingeniero en termo energía jubilado y residente de La Habana, no solo ha presenciado los apagones de los últimos años sino que también gran parte de la historia reciente de la isla: “Por mi edad, conocí la dictadura de Fulgencio Batista, derrocado por Fidel Castro, y he vivido todas las etapas de la Revolución cubana”.
De acuerdo con el ingeniero, el bloqueo económico estadounidense ya era suficiente “para sufrir apagones frecuentes”. Actualmente, a eso se suma “no tener el petróleo para echar a andar esas obsoletas termoeléctricas”. Cuando las horas a oscuras superaron a las de luz, “en vez de apagones empezamos a tener alumbrones”, dice.
En la orden que Trump firmó el 29 de enero, se declara que las acciones de las autoridades cubanas califican una “amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos. Además, se acusa al gobierno de la isla de aliarse y apoyar a “actores malignos adversos a EE.UU.”, como Rusia, China, Irán, Hamas y Hezbolá; de alojar servicios de inteligencia rusos; de apoyar el terrorismo y de perseguir y torturar opositores al régimen cubano.
Según Rafael, un abogado de La Habana, “la gente se siente mal y desalentada” producto del aumento de los apagones. En su experiencia reciente, “vivir dentro de las casas es un problema serio”, porque “la mayoría de los equipos de cocción son eléctricos” y “hay escasez de gas”. En su día a día, ha visto que muchas personas están cocinando con leña o carbón.
Apenas vuelve la luz, ya sea de día o de noche, Carlos ha presenciado que “nuestras amas de casa se lanzan a la cocina a preparar y cocinar los alimentos”. En su vida diaria, el ingeniero retirado imparte clases de Tai chi en una plaza de La Habana, y afirma que cuando llega la electricidad sus alumnos le solicitan suspender las sesiones “para ir a sus casas a realizar sus necesidades caseras”.
Según Irma, trabajadora del turismo en La Habana, los cambios se notan en “toda nuestra vida”. Esto incluye transporte, “tanto para acceder al trabajo como para hacer la vida social normal”, e incluso “servicios primarios de salud”, donde se atrasan en realizar “análisis clínicos” y “radiografías”. Desde su perspectiva, “si cada día tenemos menos petróleo, ¿cómo trataremos a los enfermos entonces?”.
“En las calles, la vida continúa con normalidad”, opina Irma. “Las personas en un momento de apagón en las noches pueden reunirse afuera, conversar, se pueden poner a jugar dominó. Y las personas que tenemos que realizar labores en las casas permanecemos dentro de ellas, pero continuamos lo mejor que podemos”, asegura.
Carlos afirma que sin petróleo “el país se detiene, pues no es solo los apagones, los motores de agua no funcionarán, el transporte se inmoviliza, al igual que las fábricas y centros de trabajo, todo colapsará y eso bien lo sabe ese Gobierno que nos trata de hacer desaparecer”.
La dependencia de la isla
Con la puerta del petróleo venezolano cerrada, las opciones de la isla para obtener combustible se reducen a México y Rusia. Luego de la amenaza arancelaria de Trump, la Presidenta mexicana Claudia Sheinbaum anunció este miércoles que buscarán enviar ayuda humanitaria al país, como alimentos y productos de necesidad básica, manteniendo la diplomacia con Estados Unidos.
En la misma vocería de Sheinbaum, el presidente de la petrolera estatal mexicana Pemex afirmó que solo hay un contrato de combustible vigente, que data de 2023, y que se mantendrá activo según la disponibilidad de sus reservas, aunque las exportaciones de la empresa se están reduciendo por cambios en su infraestructura.
De acuerdo con datos recopilados por el periódico Financial Times, el último cargamento enviado por México fue de 84.900 barriles el 9 de enero. Sumados al inventario de 460 mil unidades que había previamente en la isla, el 29 de enero, el diario londinense consignó que las reservas de petróleo de Cuba podrían durar entre 15 y 20 días. Sin embargo, este jueves Díaz-Canel declaró que la isla no recibe petróleo desde hace un mes.
A su vez, el turismo -una fuente de ingresos vital para la isla- se ha visto afectado precisamente por la crisis energética y la incertidumbre política. De los 4,8 millones de turistas que visitaron Cuba en 2018, entre enero y noviembre de 2025 bajaron a 2,3 millones. Este retroceso, en todo caso, se atribuye a la pandemia de Covid-19, a los apagones y al endurecimiento de las sanciones de Washington.
¿Un nuevo Período Especial?
En septiembre de 1991, cuando la Unión Soviética anunció que cesaría de apoyar económica y militarmente a la isla caribeña, Castro anunció el comienzo de “un periodo especial en época de paz”. El líder cubano declaró que el futuro del combustible, de la electricidad, de las materias primas, sería incierto desde entonces. Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado en 2018, el PIB en Cuba “sufrió una caída de poco más del 50%” entre 1989 y 1994.
Carlos, el ingeniero jubilado, afirma que la actual crisis es diferente a lo que se vivió en ese entonces. En el Periodo Especial “no era la electricidad lo que más nos afectaba en la vida diaria, faltaba la ropa, los zapatos, la comida”, recuerda. “Teníamos dinero, pero no había qué comprar, y volvió a ser el bloqueo -la presión sobre Cuba que ahora Trump dijo con todas sus letras- un ente presente”, agrega.
En cambio, “es ahora el dinero el que falta, pues por vías disímiles entran al país medicamentos, alimentos y diversidad de artículos, con el inconveniente de tener precios muy altos no compatibles con los estándares a los que estábamos acostumbrados”, añade el residente de La Habana.
Este miércoles, una nota informativa del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Cuba constató que el sistema eléctrico se vio afectado por 21 horas durante la jornada. Como también que en las horas de más alta demanda, el déficit generativo afectaría a un 51,1% de los requerimientos energéticos del país. Es decir, la mitad de la isla estaría sin corriente.
Un ballet sin luz
A oscuras, una compañía de ballet se presentó días atrás en un estudio de baile de La Habana. Aunque no había electricidad en los enchufes, la agrupación consiguió lámparas a batería y una radio portátil. “El arte ha tenido que encontrar una estrategia para hacerse mostrar”, dice Osnel, el coreógrafo de la obra Here Comes Alex, cuya gestación fue comisionada por la Embajada de Alemania.
La idea surgió en junio del año pasado, cuando la presentación solo se debía a sí misma. Para su estreno, la compañía agendó la noche de un viernes y sábado en el Teatro Miramar de la capital. El día de la apertura no hubo inconvenientes. Pero un apagón interrumpió la segunda puesta en escena cuando el público ya estaba sentado. “Con esa frustración, nosotros lo que hicimos fue convocar un ensayo en el estudio”, recuerda Osnel.
En el estudio, Argel, un fotógrafo cultural, tomó imágenes de los bailes en penumbras. Estas fotografías han sido parte de varias exhibiciones organizadas por el retratista y el coreógrafo del proyecto. Recientemente, en una de ellas, Osnel relata que “teníamos citada prensa, teníamos citadas personas para hacer un debate”, pero la corriente también se cortó. Sin embargo, según el bailarín, esto no fue un problema, porque “el público se acomoda”, y los realizadores cuentan con equipos inalámbricos.
Al comenzar su carrera, Argel se mudó desde su pueblo natal a La Habana por los frecuentes cortes de luz que experimentaba su localidad. “Todo mi oficio en general se nutre de la electricidad, la computadora para editar, la cámara se alimenta de las baterías. Dependo mucho de que haya luz en el teatro para que se dé la presentación que voy a fotografiar. Es muy difícil cuando falta la luz, la fotografía depende de la luz”, afirma.
Desde la perspectiva del fotógrafo, a nivel país “no existe esperanza en una mejora, como no existen ideas de cómo dar soluciones”. En ese sentido, para él, el proyecto fotográfico es “la resistencia, la negación del caos que nos consume y un acto de libertad”, además de una oportunidad “de que la persona que eres sobreviva intacta a esta década terrible”.
En opinión de Osnel, “la gente en Cuba, amén de todo, no ha perdido la felicidad, no ha perdido el optimismo. Solemos decir que los cubanos se ríen siempre de sus problemas, buscan anécdotas y buscan formas para compartir y para seguir trabajando, pero se hace cada vez más difícil cuando no hay nada”.
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