Ray Loriga: "Sería ridículo seguir escribiendo de jóvenes"
Los límites de la ficción. En 2006 se separó. Después de 14 años y dos hijos, su relación con la cantante Christina Rosenvinge terminó. En 2007 publicó una carta ensayo donde hablaba de su hastío con la ficción. Algunos la leyeron como una despedida, pero se trataba de otra cosa: "Era un aburrimiento con mi ficcion, era sobre la relación con mi escritura, y me llevó a plantearme nuevas cosas y seguir con nuevo vigor", cuenta Ray Loriga. Así, al año siguiente editó Ya sólo habla de amor, una novela sobre las derrotas amorosas: la historia de Sebastián, un escritor cuarentón y divorciado que no quiere volver a amar. Ya saben: cualquier similitud con la realidad, es mera coincidencia.
"La novela tiene que ver con muchas cosas y con ningún nombre", dice Loriga desde Madrid, a horas de embarcarse a Santiago. Editada por Alfaguara, Ya sólo habla de amor será presentada hoy en la Feria del Libro por su autor y Alberto Fuguet, amigo suyo. "Ray es un escritor clave para muchos y para mí. Lo leí en el momento preciso. Ray ha ido creciendo en edad y en temas y en prosa y además tiene el buen gusto de hacer cine", anotó Fuguet en su blog.
A principios de los 90, Loriga fue el chico terrible de la narrativa española. Con look de tipo rudo y una narrativa que hablaba de jóvenes, drogas y rock & roll, se convirtió en la imagen del artista rebelde. Admirado como autor de culto, pero con el éxito de un rockstar, en sus referencias se cruzaban Patti Smith, Kerouac, Dylan, Salinger y Scorsese. Pero más allá de su pose irreverente, Loriga le inyectó energía, frescura y modernidad a la literatura española.
Desde entonces, no ha hecho sino crecer como autor. Hizo cine (La pistola de mi hermano, Teresa el cuerpo de Cristo), escribió guiones para Almódovar (Carne Trémula) y Carlos Saura (El séptimo día), fue y volvió de Nueva York, y con novelas como Tokio ya no nos quiere y Trífero su obra ganó madurez y densidad. Y Loriga comenzó a preguntarse por la naturaleza de su oficio. Algo de eso y de sus experiencias emocionales se filtra en Ya sólo habla de amor.
"En el libro hay una separación y una mujer, pero esa mujer no tiene nombre ni rostro. La novela tampoco se corresponde con ese momento de mi vida, pero sí con las emociones encontradas a lo largo del camino", dice.
El origen de la historia está en una invitación a hablar sobre la derrota en la novela europea, a la que no pudo llegar. "A partir de eso, se me ocurrió indagar en la derrota, si acaso es un terreno fértil. De ahí viene Sebastián, que encuentra en el fracaso no el paraíso, pero sí un parque de diversiones", afirma.
Con Fuguet en Chile, Fresán en Argentina y Paz Soldán en Bolivia, Loriga fue parte de una generación que renovó la literatura en español. Eran la versión latina de la Generación X. Veinte años después, ¿pasó ya la época del sexo, drogas y rock? "Supongo que el sexo seguirá en la casa de cada uno... jajaja... No lo sé. Lo que sí compartimos es la idea de que hay que separarse de los clichés". ¿Volverá a escribir sobre jóvenes? "Empecé a los 25 años escribiendo sobre mis experiencias de esa edad. Sería ridículo seguir escribiendo de experiencias juveniles. Tal vez volver a la juventud, pero a la manera de Twain".
Las modas literarias también cambiaron y hoy la tendencia es la literatura sobre escritores: Bolaño, Vila-Matas y compañía. "Toda literatura es válida si cumple su formulación. Stephen King aborda un territorio específico y es perfecto si sus resultados son buenos. No hay una literatura más elevada que otra. Me gusta mucho Vila-Matas, pero cada uno en su camino".
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