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Sencillos consejos permiten mantener la calidad del jamón serrano

Esta variedad ibérica debe tener un aroma intenso, agradable y equilibrado.

El jamón es el nombre genérico del producto obtenido de las patas traseras del cerdo, salado en crudo y curado de forma natural. Como aperitivo, primer plato o aperitivo, la variedad ibérica infunde un auténtico placer en el paladar de quienes lo degustan.

El jamón ibérico o serrano, como su nombre lo indica, se obtiene del cerdo originario de la península ibérica. Es rico en grasas y minerales como el zinc, esencial para los huesos y los cartílagos, hierro y fósforo.

Producto sumamente útil para dietas de adelgazamiento, 185 calorías/100 gramos, el jamón contiene también ácido oleico útil para combatir enfermedades cardiovasculares. Además de poseer las vitaminas B1, B2, B3, B6 y del grupo D, es rico en proteínas y resulta bueno para el sistema nervioso y el correcto funcionamiento del cerebro.

JAMON SERRANO
Para notar estos beneficios nutricionales del jamón, hay que conseguir que no pierda su aroma y sabor adecuado. Lograrlo depende en gran medida de la habilidad que se ponga en el corte, que tiene que ser a mano, en el sentido de la fibra y en finas lonjas para que al contacto con el aire desprenda todas sus propiedades y despierte el gusto.

Una vez cortado, se aconseja conservar el jamón bien tapado en un lugar fresco y oscuro. De lo contrario, en el caso del ibérico de bellota, se podría perder la grasa aromática y madura, infiltrada de forma natural y paulatina, entre las fibras de su masa muscular, que dan a su carne una textura y sabor tan característicos.

Varios son los factores que hay que tener en cuenta a la hora de apreciar la calidad del jamón serrano: a la vista, las lonjas deben tener un color entre rojo púrpura y rosado pálido. Asimismo, deben presentar un aspecto brillante, a causa de la grasa. Las capas internas serán de color blanco, o con un pequeño tono amarillo.

SABOR Y AROMA
El segundo factor es el tacto. Al tocar las lonjas, éstas deben ser suaves, deslizantes y blandas. También el jamón debe estar jugoso, no seco ni demasiado fibroso.

Otro elemento a tener en cuenta es el aroma. El jamón serrano debe tener un aroma intenso, agradable y equilibrado. Para percibirlo, hay que unir el olfato con el gusto, las fosas nasales y el paladar. Su clasificación se realiza analizando diferentes elementos: la intensidad, la persistencia, el aroma curado y la ranciez.

Por último el sabor, que en el caso del jamón serrano debe ser salado, dulce y amargo. El contenido de sal en el jamón no debe de ser alto desde un punto de vista nutricional y sensorial, pero tampoco muy bajo por el tema de la conservación. El sabor dulce del jamón ibérico se debe a componentes como aminoácidos y derivados de azúcares.

Además de ser un exquisito manjar, el jamón es también un gran acompañante para una variada cantidad de recetas, que van desde el desayuno hasta el almuerzo, pasando por el aperitivo y plato de consistencia, combinado con huevo, verdura, carne o fruta, entre otros alimentos.

Un huevo frito acompañado de unas lonjas de jamón, con un buen jugo de naranja y unas tostadas de pan de molde. Energético desayuno ideal para aguantar hasta la hora de comer.

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