Suicidios en Chile
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Señor director:
La nota sobre suicidio infantil con fármacos, publicada en su diario el 12 de abril, muestra que nuestra comprensión de este problema es aún limitada.
En 2008, el Minsal anunció un Plan Nacional de Prevención del Suicidio basándose en evidencia internacional. Este plan incluía sugerencias de la OMS para dificultar el acto suicida, como el enrejado de líneas de tren o reglamentación sobre tenencia de raticidas bajo llave. Medidas originalmente destinadas a países como Reino Unido y China, respectivamente, donde los trenes abundan y el suicidio es un problema rural.
Ahora, en Chile, la mayoría de los suicidios se siguen produciendo por colgamiento en hogares urbanos. ¿Serviría de algo normar la venta de cuerdas o las vigas en los techos? En 2001, Chile ya había apostado por otra medida exitosa en Europa, como es prevenir el suicidio a través del tratamiento de la depresión. Sin embargo, evidencia posterior ha demostrado que la relación entre ambos problemas es mucho más débil en países en desarrollo como el nuestro.
La investigación sobre suicidio en Chile es esporádica, asistemática e insuficiente, pero indispensable para prevenirlo. Como no reporta beneficio a privados, el Estado, que se estima pierde US$ 12.600 millones anuales por este problema, debiera fomentarla. Para eso requiere una oficina interministerial permanente, con grupos de investigadores y fondos ad-hoc, que analice nuestras particularidades culturales y que sugiera alternativas locales reales para su prevención.
Jaime Fontbona T.
Doctorando en Salud Publica
U. de Melbourne, Australia
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