Política

El complejo rearme de la campaña de Bachelet

Tras los malos resultados del primer straw poll en el Consejo de Seguridad, donde resultó cuarta, el equipo de campaña de la exmandataria decidió desplegar una fuerte ofensiva en Nueva York, que incluía retomar las gestiones para conseguir una audiencia con funcionarios del gobierno de Trump. Sin embargo, la misión que había quedado en manos de Brasil fracasó antes de partir, debido al conflicto diplomático entre Washington y Brasilia.

El lunes 3, a las 11 de la mañana, el equipo a cargo de la campaña de Michelle Bachelet para la Secretaría General de la ONU se reunió de manera virtual para analizar el mal resultado obtenido por la exmandataria entre los miembros del Consejo de Seguridad.

“No había nada que celebrar”, reconocen en el grupo a cargo de sostener la candidatura a la ONU, que integran el excanciller Heraldo Muñoz y la exsubsecretaria de Relaciones Exteriores Gloria de la Fuente -responsables del equipo chileno de apoyo a Bachelet-, junto a representantes de las cancillerías de Brasil y México.

Era la primera vez que el equipo se juntaba luego de que el medio de prensa Passblue, especializado en la cobertura de la ONU, filtrara el jueves 30 de julio los resultados del primer sondeo (straw poll) de los 15 miembros del Consejo de Seguridad sobre los candidatos a suceder al portugués Antonio Gutérres en la Secretaría General de la ONU.

Bachelet había quedado en cuarto lugar, con seis votos de aliento y cinco de desaliento a su candidatura, y cuatro abstenciones. Un resultado muy por debajo de las expectativas que el mismo grupo se había fijado el lunes 27 de julio, tres días antes del sondeo. “Evidentemente, el ambiente de la reunión no era de euforia, porque no había ninguna razón para tenerla, pero tampoco era de absoluto desánimo”, señala uno de los asistentes a esa cita.

El objetivo, entonces, fue evaluar acciones que permitieran ganar nuevos respaldos antes de la segunda votación, prevista para el 21 de agosto próximo. Entre los planes que se fijaron para reforzar esta nueva etapa figuraba insistir ante Estados Unidos para que la administración Trump recibiera en audiencia a Bachelet, una estrategia que se vino abajo en menos de 48 horas, lo que da cuenta de las dificultades que enfrenta para relanzar la campaña.

Lo que más les preocupó no fue que Bachelet estuviera lejos de ser la candidata con más alientos, posiciones que obtuvieron la costarricense Rebeca Grynspan (10 votos favorables, uno en contra y cuatro “sin opinión”), seguida de la gran sorpresa de esta ronda, la diplomática guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett (nueve votos a favor, dos en contra y cuatro abstenciones). Rodrigues-Birkett, una política de centroizquierda que se desempeñó por siete años como ministra de Asuntos Indígenas de Guyana, tiene amplia experiencia internacional tras su paso por el Banco Interamericano del Desarrollo y como jefa de la oficina de enlace en Ginebra entre la ONU y la FAO, cargos en los que ha destacado por una “impecable trayectoria”. En tercer lugar quedó el argentino Rafael Grossi (siete apoyos, dos en contra y seis abstenciones). Por eso, más que los votos a favor, lo que más impactó fue el hecho de que un tercio (del Consejo de Seguridad) optara por no alentar la candidatura de la expresidenta chilena y exjefa de ONU Mujer.

Guyana nomina a Carolyn Rodrigues-Birkett como candidata a secretaria general de la ONU

Habría esperado que los desalientos no fueran tantos”, dijo De la Fuente al inicio de la reunión del lunes, cita a la que no asistió Bachelet por encontrarse con un fuerte estado gripal que la dejó por varios días sin voz.

Con el reloj en contra, los representantes de las cancillerías de Brasil y México ratificaron su voluntad de seguir adelante con la campaña mientras Bachelet estuviese dispuesta a continuar. Desde el equipo chileno jamás pusieron en duda el interés de la expresidenta por seguir como candidata, pese a que el fin de semana algunos excancilleres y exsubsecretarios que apoyan desde Chile su campaña habían deslizado, en las conversaciones telefónicas que hubo entre ellos para analizar los resultados del primer straw poll, la posibilidad de que “se evaluara una salida honrosa”.

Para el equipo de campaña de Bachelet era imposible saber qué países habían desalentado la candidatura de la exmandataria chilena o cuáles se habían mantenido neutrales. Mucho menos si es que entre los cinco pronunciamientos en contra estaba alguno de los países con poder de veto al interior del Consejo de Seguridad, lo que marcaría el fin anticipado de su carrera por la Secretaría General de la ONU.

La razón es simple. En los dos primeros straw polls, los 15 miembros del Consejo de Seguridad votan en una papeleta similar. En cambio, a partir del tercer sondeo, las cinco potencias con poder de veto lo hacen en una papeleta roja, mientras que las naciones con asiento temporal usan una de color blanco.

Sólo podían intuir y especular a partir de las conversaciones que han sostenido las misiones diplomáticas de Brasil y México en Nueva York con los representantes ante el Consejo de Seguridad. Conversaciones que pueden dar luces, pero en ningún caso certezas.

De hecho, ni siquiera hubo consenso entre los miembros chilenos del equipo de apoyo a la candidatura de Bachelet. “Uno podría suponer que los países más alineados con Estados Unidos, como Panamá, Liberia, República del Congo, Bahréin” están entre los votos de desaliento, sostenía uno de los integrantes del equipo, sin lograr el acuerdo del resto.

Para entonces, en el equipo de apoyo de Bachelet eran evidentes dos déficit que era imprescindible resolver. El primero de ellos es que era indispensable auscultar con precisión “las razones” por las cuales la candidatura y el perfil de Bachelet generan reparos en estos momentos en algunos países. También saber qué hubo detrás de la decisión de otros por no pronunciarse en este primer sondeo.

El segundo dilema estaba vinculado directamente con el primero. Pese al despliegue y esfuerzo que han realizado Brasil y México en esta campaña, el no tener a los representantes chilenos en la ONU involucrados en la carrera ha acrecentado el problema de falta de información y, de paso, ha incentivado una sensación de soledad de Bachelet en su aventura a la ONU, pese a contar con los respaldos de las dos mayores potencias latinoamericanas.

El viernes pasado, aprovechando una invitación de la ONU, el excanciller Heraldo Muñoz viajó a Nueva York y desde entonces ha estado participando directamente en las diversas acciones que se pusieron en marcha con miras al segundo straw poll, fijado para el 21 de agosto. Un sondeo considerado clave para las aspiraciones de Bachelet.

Muñoz conoce bien la interna de la ONU, donde se desempeñó como representante de Chile por siete años (2003 a 2010) e, incluso, fue presidente del Consejo de Seguridad. Y por más que mantiene amistades y muchos contactos, hoy carece de investidura para solicitar audiencias y pedir apoyos en nombre de Bachelet. Sólo puede ir como acompañante del embajador brasileño Sérgio Franca y del representante mexicano Héctor Vasconcelos.

La decisión del gobierno de Kast de retirar el respaldo de Chile a la candidatura de Bachelet fue muy dañina”, señala un miembro del equipo de la exmandataria. Y añade: “Generó una incertidumbre muy grande, una duda, incluso en países con administraciones progresistas, sobre los motivos que tuvo el gobierno de Chile para quitarle el apoyo. En las conversaciones con los demás países, las cancillerías de Brasil y México han tenido que dar muchas explicaciones sobre eso”.

Algo que ya había deslizado el embajador de Brasil en Chile, Paulo Soares, a fines de julio: “Habría sido más contundente contar con el respaldo del Ejecutivo chileno”, dijo.

Malas señales desde EE.UU.

Pese a la decepción por el mal resultado obtenido por Bachelet, el balance en el equipo a cargo de su campaña no fue completamente pesimista. “En este primer sondeo ninguno de los candidatos se dispara. En su primera elección, Antonio Gutérres siempre obtuvo entre 13 y 14 votos de aliento en los straw polls del Consejo de Seguridad. Lo mismo pasó con Ban Kin-Moon en 2005, nunca sacó menos de 14 votos. Por lo tanto, podemos aventurar que los votos se pueden mover para varios de los candidatos, porque también hay muchos votos neutros”, fue parte del análisis del equipo de Bachelet.

No se trata de un dato menor. Una de las primeras decisiones del equipo fue volver a conversar en Nueva York con los representantes de los 15 países miembros del Consejo de Seguridad. El énfasis estará puesto en tratar de sumar votos precisamente en aquellos países que no marcaron una posición respecto de la candidatura de Bachelet, lo que les permitiría mejorar los números en el sondeo del 21 de agosto.

Pero no era la única operación en curso que se estaba realizando de manera reservada.

En el entorno de Bachelet reconocen que, tras conocerse el resultado del primer sondeo, se habían reactivado las gestiones para conseguir que ella fuera recibida en Washington por alguna alta autoridad del Departamento de Estado.

Bachelet ya se ha reunido con los cancilleres de Rusia, Gran Bretaña y China, y se juntó en París con el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, con lo que completó citas con cuatro de las cinco potencias con poder de veto. Sólo le falta Estados Unidos, una foto que podría cambiar o al menos morigerar las dudas de algunos países cercanos a Trump.

En enero pasado, el entonces embajador de Chile en Washington, Juan Gabriel Valdés, en compañía de los embajadores de Brasil y México, se reunieron con el subsecretario del Departamento de Estado a cargo de los temas de América Latina, Cristopher Landau. En la cita le pidieron una audiencia para Bachelet. Sabían que era difícil programar un encuentro con el Presidente Donald Trump, pese a que la exmandataria chilena mantuvo una buena relación con él durante el año y medio en que ambos coincidieron como gobernantes. Pero al menos esperaban un gesto por parte de algún alto funcionario del Departamento de Estado.

Hasta ahora, no hay respuesta a esa solicitud.

El 8 de mayo pasado, el propio presidente brasileño, Lula da Silva, en su rol como principal impulsor de la candidatura de Bachelet, le pidió a Trump que recibiera a la exmandataria chilena. Pero tampoco ha recibido respuesta.

Apremiados por el escaso tiempo que queda para el straw poll del 21 de agosto, el lunes el equipo de Bachelet decidió insistir en las gestiones con el gobierno estadounidense. La tarea recaería principalmente en el equipo brasileño.

Pero la misión ni siquiera se alcanzó a ejecutar.

El miércoles, Trump revocó la visa a la embajadora de Brasil en Washington, Maria Luiza Ribeiro, escalando la tensión entre las dos potencias regionales. La drástica sanción de la Casa Blanca fue en respuesta a la negativa brasileña a que entrara una delegación política estadounidense que viajó a Brasil a hacer campaña en contra de Lula y a favor de su contendor en las próximas presidenciales, Flavio Bolsonaro.

El conflicto entre Lula y Trump es visto con preocupación por el equipo chileno que apoya a Bachelet. No sólo por la pérdida de influencia que podría sufrir en esta pasada la diplomacia brasileña. También porque la candidatura de Bachelet podría terminar convertida en una pieza más de ese conflicto.

Así, al menos, lo interpretan algunos excancilleres chilenos luego de que el martes 4 Lula publicara un mensaje en la red social X en que filtró la conversación que había tenido en la mañana de ese mismo día con el líder ruso Vladimir Putin. “Coincidimos en el valor del multilateralismo, basado en un mundo multipolar. Mencioné la elección para el cargo de secretario general de las Naciones Unidas, reiterando el apoyo de Brasil a la candidatura de Michelle Bachelet”, escribió el jefe de Estado brasileño.

Nuevos contendores

Los problemas con Estados Unidos no fueron el único traspié para la campaña de los últimos días. Aunque el esfuerzo a partir del lunes ha estado centrado en volver a hablar con los representantes de los países del Consejo de Seguridad para mejorar las posibilidades de Bachelet, las expectativas no son alentadoras. A partir del viernes asume la Presidencia de Colombia el abogado derechista Abelardo de la Espriella, un nuevo aliado de Trump en la región, y no está claro aún si mantendrá dentro del Consejo de Seguridad el respaldo a Bachelet que había comprometido el izquierdista Gustavo Petro.

No sólo eso. La falta de un candidato que tenga el respaldo mayoritario está alentando la aparición de nuevos contendores. El 30 de julio, el mismo día que se conocieron los resultados del primer straw poll, Uganda anunció oficialmente a un nuevo competidor. Se trata del diplomático de 75 años Olara Otunnu, quien se ha desempeñado por más de cuatro décadas en la ONU.

Por lo mismo, con el ambiente tan revuelto, algunos miembros del equipo de apoyo en Chile a la candidatura de Bachelet el fin de semana pasado no podían creer que ella desistiera de ir a Montevideo al “Diálogo regional sobre el futuro liderazgo de las Naciones Unidas” debido a un fuerte estado gripal. En las conversaciones telefónicas que cruzaron por esos días -el equipo chileno no se ha juntado desde mediados de julio- algunos criticaron que no fuera. “Dará la sensación de que no quiere seguir, justo en estos momentos”, llegó a comentar un excanciller.

En el entorno de Bachelet niegan que la exmandataria se hubiera desanimado con el mal resultado inicial. “Ella es muy pragmática y realista, este es el escenario en que está jugando y no se hace drama”, señalan sus cercanos.

Hasta última hora del domingo pasado, Gloria de la Fuente estuvo en contacto con los organizadores del evento en Uruguay para que pudiera presentarse de manera telemática. Y aunque se hizo el enlace y técnicamente estaba todo listo, el problema es que Bachelet estaba prácticamente sin voz. La alternativa fue enviar una carta, en la que ratificó su mirada del rol que debe tomar la ONU.

La Secretaría General requiere independencia, imparcialidad, criterio y valentía, escribió Bachelet en parte del mensaje que fue leído en el evento que se realizó en Montevideo. Y da cuenta de su visión sobre el tipo de liderazgo que se requiere en estos momentos en que la ONU está sometida a una fuerte presión por las distintas potencias: ”Por eso deberá escuchar a todos, pero no ser un instrumento de nadie; construir acuerdos, pero sin renunciar a los principios en la carta, y actuar con la misma firmeza frente a cualquier vulneración de derechos, de derecho internacional, sin dobles estándares", remarcó.

Para las próximas semanas, aunque tiene varias invitaciones que está evaluando su equipo, no está previsto que viaje fuera de Chile para reforzar su campaña. Una misión que recaerá hasta el 21 de agosto en Brasil, México y el equipo chileno que los acompaña, ahora, con Heraldo Muñoz en Nueva York.

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