El golpe de Estados Unidos que pone en cuestión la apuesta internacional de Kast
Como un balde de agua fría fue recibida en el gobierno la sobretasa del 12,5% a productos exportados por Chile a Estados Unidos. No sólo por el daño económico que implica, sino también porque puso en duda la estrategia de alineamiento de Chile con la administración Trump impulsada por La Moneda. Detrás de ello está, también, la negativa de la Cancillería de cumplir las exigencias de Washington. Una de ellas, la modificación del TLC con ese país.
Un incómodo momento se registró el miércoles en la noche, durante el cóctel organizado por la Cámara Chileno-Norteamericana de Comercio (Amcham Chile) para celebrar los 250 años de la independencia de Estados Unidos, cuando el representante del Presidente Donald Trump en Santiago, Brandon Judd, comenzó a criticar duramente a los ministros del gabinete de José Antonio Kast que esta semana cuestionaron la aplicación de aranceles del 12,5% a algunos de los principales productos de exportación chilenos.
Frente a unas 150 personas congregadas en uno de los salones del Hotel Ritz, en su mayoría empresarios y socios de Amcham, pero también autoridades de gobierno -entre ellos la ministra de Energía, Ximena Rincón, y la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez-, Judd cuestionó los dichos de los ministros Fernando Barros (Defensa) y Jaime Campos (Agricultura) a raíz del reciente anuncio de la Casa Blanca de gravar las exportaciones de salmón, maderas, carnes de ave y productos agrícolas chilenos a Estados Unidos con un 12,5%, provocando molestia en el empresariado chileno y un incómodo silencio de las autoridades presentes.
“A lo menos en seis ocasiones Judd dijo que las negociaciones que lleva adelante la subsecretaria Estévez se perjudican cuando otros ministros hacen declaraciones sin tener idea de lo que hablan”, señalan testigos presenciales.
Pero no se detuvo ahí. Ante una confundida audiencia, el representante de Trump emplazó a los empresarios chilenos: “Ustedes reclamen a sus autoridades para que no den declaraciones sobre la relación con Estados Unidos”, fueron parte de las polémicas declaraciones del exagente fronterizo la noche del miércoles. Ello pudo haber tenido mayores repercusiones. A la celebración también había sido invitado el canciller Francisco Pérez Mackenna, quien, sin embargo, decidió no asistir para dar una señal de distancia tras la aplicación unilateral de sobretasas arancelarias por parte de Estados Unidos.
Los dichos de Judd, en todo caso, no fueron improvisados. El jueves en la mañana, insistió en sus aseveraciones. Esta vez ante la prensa chilena. “La negociación está en curso; tienen una muy buena negociadora, sabe lo que hace, hay mucha confianza en ella”, dijo respecto de la Subrei, Paula Estévez. Y aunque se mostró optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo, puso en duda que este se alcance si siguen hablando otros ministros de Estado. “No habrá acuerdo si hay personas que hablan sobre estas negociaciones sin tener nada que ver con ellas“, remarcó.
Los reclamos y advertencias del representante de Trump agitaron aún más las aguas dentro de Chile, justo en momentos en que desde el propio oficialismo empezaban a surgir voces que ponen en duda la eficacia de la estrategia del gobierno de Kast de priorizar la relación con Washington.
“Es algo injusto y es algo que nos deja bastante confusos, porque se supone que somos países muy amigos, muy cercanos”, dijo el ministro de Defensa, Fernando Barros, el lunes 27. Barros añadió que era “decepcionante” la nueva sobretasa arancelaria impuesta por la administración Trump a Chile y a otros 59 países. “Aplicar una suerte de sanción por una acción u omisión respecto de un tema valórico tan relevante como es permitir el abuso, no tomar las medidas para evitar el abuso, una suerte de castigo por esclavismo, digamos, parece muy injusto y genera dudas en la cercanía y confiabilidad de la relación”, señaló.
Que fuera el ministro de Defensa quien marcara el punto no era menor. En el mundo militar chileno hay evidente preocupación por la decisión de la Casa Blanca de autorizar la venta de aviones F-16 primero a Argentina y ahora a Perú, lo que reduce la capacidad disuasiva chilena frente a sus vecinos. A lo anterior se suma la presión estadounidense para que los países latinoamericanos incrementen su gasto en defensa en un 3,5% (Chile actualmente está entre 1,4% y 2% anual) para llegar casi a un 5% al año, comprando armamento estadounidense y se involucren más activamente en acciones militares en contra del crimen organizado y el narcotráfico. Un interés que no ha encontrado eco en la mayoría de los países de la región.
A los dichos de Barros se sumó -un día después- el ministro de Agricultura, Jaime Campos, quien calificó de “pésima noticia” el alza de los aranceles que impactará con fuerza al sector agrícola chileno. Algunas estimaciones de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) hablan de pérdidas cercanas a los 500 millones de dólares anuales, a lo que se suma el daño reputacional a las exportaciones chilenas en un mercado como el estadounidense, al que no ha sido fácil acceder. “Nos ha costado 20 años de esfuerzo y arduo trabajo llegar a las góndolas de los supermercados estadounidenses, tenemos más de seis certificaciones de todo tipo”, alegan desde el gremio que agrupa a los empresarios agrícolas chilenos.
“La chiva que inventaron para imponernos esta medida arancelaria casi parece chiste, porque sostener que en Chile existe trabajo forzado… Ni el más enemigo de los intereses chilenos se había atrevido a sostenerlo”, dijo Campos sobre la decisión norteamericana de abrir una investigación a la sección 301 de la Ley de Comercio, y así aplicar sobretasas del 12,5% a 60 países, entre ellos Chile, bajo el argumento de que no han prohibido ni fiscalizado eficazmente la importación de productos elaborados en terceros países bajo trabajo forzado.
En el fondo, tanto Barros como Campos estaban diciendo que la política exterior y comercial de Trump no era confiable. Más aún cuando otros países de la región, como Argentina y El Salvador -cuyos mandatarios son cercanos a su par norteamericano-, habían quedado con una tasa menor, del 10%.
Desde Cancillería, donde están radicadas las negociaciones con Estados Unidos, miraban con estupor el desorden que se estaba generando con el cruce de declaraciones. No sólo porque se ponía en duda la estrategia de alineamiento con Estados Unidos que ha empujado el gobierno de Kast, sino porque el ruido que se estaba generando podía entorpecer las negociaciones que están en curso.
Por lo mismo, desde La Moneda se instruyó a las carteras sectoriales no hacer más declaraciones respecto del tema arancelario y ratificaron que estaba en manos de Relaciones Exteriores.
El propio canciller Pérez habló a inicios de semana con su par de Defensa, para pedirle que no siguiera ahondando en sus dichos. Lo mismo hizo el jueves con el embajador Judd, a quien le señaló que lo mejor era volver a poner el tema en el marco de la mesa de negociación. Por lo mismo, optaron por no escalar más la situación, evitando entregar una nota de protesta al embajador, como pedían sectores de oposición.
El viernes en la tarde Barros y Pérez Mackenna se volvieron a reunir. Esta vez en La Moneda, en una cita convocada por el Presidente Kast para coordinar las agendas de ambas carteras. Aunque el encuentro estaba previsto con antelación al desorden de esta semana, ayudó a alinear estrategias. Llamó la atención que la reunión estuviera precedida por otro gesto del mandatario chileno en medio de la disputa entre Estados Unidos y China, al recibir en palacio al embajador chino Niu Qingbao para ver los preparativos para la próxima cumbre de la Apec.
Críticas al embajador
Las dudas sobre la apuesta de Kast para acercarse a Trump habían comenzado a manifestarse poco antes del episodio protagonizado por el embajador Judd.
El lunes 27 en la mañana, durante la reunión del canciller con los gremios empresariales afectados con la sobretasa de 12,5% a sus exportaciones, dejó un amargo sabor de boca en los representantes del mundo industrial.
Más que la estrategia de negociación que llevan adelante el canciller y la subsecretaria Estévez, el blanco de las críticas se concentraron en el embajador de Chile en Washington, Andrés Ergas.
Esta era la tercera vez desde el cambio de gobierno que los gremios eran convocados a la Cancillería para recibir información y coordinar acciones para enfrentar la sobretasa arancelaria. Durante la pasada administración de Gabriel Boric, el tema se trató en un consejo sobre aranceles generales, en el que participaban los ministros de Hacienda, Economía, Relaciones Exteriores, Agricultura y Minería, además de exconsejeros del Banco Central y representantes de la Sofofa y de los principales sectores industriales. Pero desde la llegada de Kast, el tema quedó exclusivamente en manos de la Cancillería, la que conversa directamente con los gremios.
El lunes, los gremios llegaron buscando certezas frente a un tema “extremadamente grave” para los exportadores chilenos. Por lo mismo, quedaron ofuscados tras la intervención del embajador Ergas. Primero, por la informalidad con que se expresó, cuando saludó al canciller -según recuerdan tres asistentes a la cita- con un “hola, Pancho, como estái h...”. Y segundo, por el fondo. “No manejaba datos de cada sector, ni tampoco tenía información sobre la estrategia estadounidense, no maneja los códigos diplomáticos. Toda su intervención, que fue muy breve, fue muy bizarra, fue muy condescendiente con lo que está haciendo Trump”, afirma uno de los dirigentes gremiales que acudieron al encuentro en Cancillería.
Una observación que fue compartida por los demás representantes de la industria. De hecho, al término de la cita, preocupados, se quedaron por algunos minutos hablando entre ellos sobre el mal desempeño que -en su opinión- había tenido el embajador de Chile en Washington. Algo que aseguran le fue representado más tarde al canciller.
El nombramiento de Ergas, un empresario sin experiencia previa en diplomacia, también es parte de la apuesta personal de Kast para acercarse a la administración Trump.
Su nombre no surgió de los equipos de Cancillería, sino del entorno más estrecho al entonces presidente electo debido a su cercanía al mundo trumpista de Florida. Por lo mismo, se esperaba que ayudara a abrir puertas en la Casa Blanca.
Antes del cambio de gobierno, Ergas junto al actual jefe de asesores de Kast, Alejandro Irarrázaval, y el asesor internacional, Eitan Bloch, viajaron a Estados Unidos para sostener reuniones con funcionarios del Departamento de Estado y en la Casa Blanca. Para entonces, desde la OPE llevaban varios meses trabajando estrechamente con el embajador Judd con miras a reinstalar a Chile como un aliado estratégico de Estados Unidos, lo que se reflejaría en el viaje que hizo Kast a Florida días antes de asumir la presidencia para participar en el Escudo de las Américas.
Por entonces, incluso en sectores de Chile Vamos, había suspicacia respecto de los compromisos que este equipo estaba asumiendo frente a la administración Trump. Mas aún cuando la Casa Blanca estaba presionando a sus aliados para suscribir ARTs en materias muy sensibles, entre ellas, replicar aranceles, gravámenes y prohibiciones a las importaciones de terceros países, establecer mecanismos de screening, armonización en los sistemas de control de exportaciones, prioridad para el acceso de minerales críticos, restricciones en infraestructura crítica, adopción de medidas para enfrentar prácticas desleales, incluso prohibición de firma de nuevos TLC con determinados países. Muchos de los cuales Chile no ha aceptado firmar.
Cuando Pérez Mackenna arribó a la Cancillería, afirman en privado algunos diplomáticos chilenos, parte de sus esfuerzos iniciales fueron precisamente hacer un control de daños a lo que se venía trabajando previamente desde el equipo del Segundo Piso. Bajo ese prisma, comenzó a buscar retomar un cierto equilibrio en la relación de Chile con sus socios comerciales y políticos y, sobre todo, fortalecer los esfuerzos para abrir nuevos mercados para las exportaciones chilenas, un paso clave para buscar alternativas que le den a Chile una mayor autonomía estratégica en medio de la disputa por la hegemonía entre Estados Unidos y China.
Cambiar el TLC, una exigencia de EE.UU.
En ese esfuerzo, algunas voces desde la oposición, pero también en el oficialismo, consideran que Pérez Mackenna cometió un traspié cuando, tras reunirse en Washington el 6 de julio con el secretario de Estado, Marco Rubio, calificó a Estados Unidos como “el principal socio estratégico de Chile”, pese a que Chile estaba en la lista de países a los que se le aplicaría la sobretasa más gravosa de 12,5%.
En la conversación con Rubio, que se prolongó por más de 45 minutos y fue en español, no tocaron el tema de aranceles. Fue una conversación política, enfocada en la reconstrucción de confianzas, aseguran fuentes diplomáticas chilenas, y en la que se habló de Venezuela, Bolivia y otros tópicos regionales.
Poco después, Pérez Mackenna se reuniría con autoridades de comercio de Estados Unidos para abrir una ventana de negociación bilateral entre Chile y Estados Unidos ante algo que era inevitable. La sobretasa de aranceles forma parte de la estrategia de Estados Unidos, no sólo de la administración Trump, por reindustrializarse y competir frente a China.
Lo que no se sabía es que Estados Unidos imponía dos condiciones para salir del 12,5%. La primera era promulgar regulaciones para restringir las importaciones de terceros países que no controlaran el trabajo forzoso. Aunque no señalaban una lista de países específicos que vulneran los derechos laborales, era evidente que la medida apuntaba a China, lo que podría generar problemas a Chile con su mayor socio comercial.
La segunda exigencia, hasta ahora desconocida, es que Chile tenía que firmar un ART -un acuerdo escrito- con Estados Unidos, donde se asumía el arancel del 10% para determinados productos. Aceptar eso implicaba que Chile acordaba modificar el TLC con Estados Unidos suscrito hace más de 20 años con arancel cero. Una condición imposible de acoger para Chile.
Bajo esa última exigencia, para el equipo negociador chileno era mejor defender la vigencia del TLC y entrar a discutir sobretasas temporales, producto por producto, con la esperanza de lograr excluir la mayor cantidad posible de este arbitrario gravamen.
A fines de agosto, Jeffrey Goettman, el segundo a cargo del USTR (el organismo de comercio estadounidense), vendrá a Chile. El resultado de esas negociaciones pondrá a prueba, otra vez, la estrategia de acercamiento de Kast a Trump.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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