Diario Impreso

Freeman Dyson: Una mente brillante

<P>En <I>El científico rebelde</I>, ecléctica colección de reseñas y ensayos, uno de los físicos más destacados del siglo XX aborda diversos temas controversiales, haciendo gala de su proverbial erudición, sentido común y talento divulgativo.</P>

El científico rebelde paradójicamente no trata de científicos rebeldes. El único capítulo dedicado al tema, Cuando el científico es un rebelde, desarrolla la tesis más bien predecible de que los grandes científicos han sido espíritus libres que se rebelaron contra las ataduras impuestas por las sociedades en que les tocó vivir. Eso sí, Freeman Dyson ahonda en la contradicción de que algunos revolucionarios científicos (como Hilbert en matemáticas y Einstein en física) se obsesionaran al final de sus carreras por el afán de agotar sus disciplinas desde un enfoque reduccionista.

Varios capítulos de este volumen trazan los destinos curiosos y a veces trágicos de figuras célebres: Einstein, Poincaré, Oppenheimer, Rutherford, Wiener, Feynman, etc. Destaca una reseña de una biografía de Isaac Newton en que Dyson reconstruye el fascinante derrotero de los papeles de Newton, que fueron subastados en 1936 por un descendiente de éste y amigo personal de Adolf Hitler, Lord Lymington, con el fin de recaudar fondos para la Unión de Fascistas Británicos.

Dyson retoma el tema de la rebeldía a propósito de su rechazo a la teoría de las cuerdas. Esta teoría postula que las partículas están constituidas por diminutos filamentos de energía (100 trillones de veces más pequeños que el núcleo de un átomo) con la forma de una cuerda. Dyson se declara ante esta teoría, que conecta la relatividad general de Einstein con la mecánica cuántica, tradicionalmente incompatibles, un viejo conservador: "Para que resulte práctica, una teoría científica no necesita ser verdadera, pero sí ha de ser comprobable". En esto da una vuelta de tuerca a la noción básica de una permanente confrontación generacional entre viejos conservadores y jóvenes revolucionarios. Él mismo declara haber pertenecido, a fines de los 40, a un grupo de jóvenes conservadores (que tomaron ideas planteadas por otros y las desarrollaron con éxito) opuesta a viejos revolucionarios que buscaban probar teorías totales, como Einstein, Dirac y Heisenberg.

El científico rebelde dedica especial atención a cuestiones éticas planteadas por el avance de la ciencia. Se vale, por ejemplo, de un thriller de Michael Crichton para ofrecer un panorama del estado del debate actual sobre los peligros de la nanotecnología y plantear una reflexión general sobre la necesidad de buscar un equilibrio entre una postura "preventiva" y otra "libertaria" ante los riesgos abiertos por la investigación científica.

Para Dyson, los adelantos científicos del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX fueron beneficiosos, porque contribuyeron a la redistribución de la riqueza y a mejorar la calidad de vida. En las últimas décadas, la ciencia pura se ha alejado de las necesidades materiales de la humanidad y la ciencia aplicada se ha orientado al beneficio comercial, a crear simples juguetes. Según Dyson, el gran desafío del próximo siglo será el desarrollo de tecnologías que satisfagan las necesidades de personas desfavorecidas a un precio asequible. Ya que esto no se logrará desde el mercado, llama a un cambio de mentalidad ético, análogo al que ha inspirado la toma de conciencia sobre la fragilidad del medio ambiente. "El progreso tecnológico hace más mal que bien, salvo que vaya acompañado de un progreso ético", sostiene.

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