Por Bastián DíazEl temor en EE.UU. a un efecto contagio de la crisis en Francia
El hecho de que ambos son de los países con más deuda en el mundo, además de la inflación que están viviendo ambas economías, hace temer una crisis a este lado del Atlántico.

Desde Estados Unidos miran con atención lo que está pasando en Francia: disturbios, manifestaciones por el aumento del costo de la vida, tomas de liceos y universidades, y escenas caóticas en sus más grandes ciudades. Y en Washington tienen razones para temer que la efervescencia social se contagie.
En un artículo, el columnista de negocios de CNN, David Goldman, daba cuenta de las similitudes económicas de ambas naciones: “El país se acerca a una crisis fiscal, ya que ha gastado más de lo que puede permitirse reembolsar. El momento de pagar la factura ha llegado mucho antes de lo previsto, tras un fuerte aumento en los tipos de interés de los bonos en los últimos meses, impulsado por el incremento de los costos energéticos”.
Según la cadena de televisión, ambos países están en un pasaje sin salida que solo aumentaría el enojo de la ciudadanía. “Aumentar los impuestos y reducir el gasto público forman parte de una posible solución, sin embargo, se trata de medidas políticamente impopulares que podrían enfurecer aún más a una ciudadanía ya de por sí indignada. Cualquier solución viable se enfrenta a un camino sumamente difícil en medio de una incierta batalla presupuestaria, dentro de un gobierno profundamente dividido”, describe el columnista de CNN.

No son pocos los países que están enfrentando problemas a causa de su creciente deuda. En particular en Francia, Estados Unidos, Reino Unido, y en general entre los países “desarrollados”, la deuda crece rápidamente. A ello se suman unos costos de financiamiento cada vez más elevados y una voluntad política insuficiente para tomar las decisiones incómodas necesarias para resolver el problema. Esta es la realidad que define la situación actual de las economías occidentales, apunta Goldman.
Sin embargo, entre Washington y París, las semejanzas pueden ser superficiales. La tensión financiera de Francia es especialmente aguda. El riesgo de contagio en toda Europa es bajo. La vasta red de protección social pública de Francia representa una proporción mucho mayor del gasto gubernamental que la de Estados Unidos. Además, la dinámica singular de la economía norteamericana implica que Estados Unidos no corre el peligro inminente de convertirse en la próxima Francia, agrega el experto.
Estos no son problemas nuevos: la malla de seguridad social de Europa lleva décadas “en una trayectoria insostenible”, al menos en la opinión de economistas y políticos que llevan años advirtiendo que, tarde o temprano, llegaría el momento de pagar la deuda.

La guerra en Irán agravó los problemas fiscales de Occidente. Según informó la semana pasada el Fondo Monetario Internacional, desde febrero, el rendimiento promedio de los bonos soberanos a 10 años de las economías del G7 ha aumentado más de un punto porcentual, alcanzando su nivel más alto en casi 20 años.
El FMI prevé que, para finales de la década, la carga de la deuda pública de estas siete economías supere, en conjunto, su producción económica. Sería la primera vez que esto ocurre desde la Segunda Guerra Mundial.
La deuda pública de Francia se sitúa en torno al 119% de su PIB, el doble del objetivo establecido por la Unión Europea, mientras que su déficit presupuestario anual equivale al 5,4% de su producto interno bruto.
“En Europa, existe un temor creciente respecto al mercado de bonos y a los tipos de interés que los gobiernos deben pagar para financiarse”, señaló Peter Taylor-Gooby, profesor de política social en la Universidad de Kent. “Hemos llegado a un punto en el que ya no es posible ignorar la situación. Si lo hacemos, nos enfrentaremos a una crisis grave”, advierte.

Mujtaba Rahman, director gerente para Europa en Eurasia Group, señaló que Francia atraviesa una crisis de democracia liberal, una crisis de mala gestión fiscal y una crisis de desafección entre los jóvenes. “Pero la crisis fiscal es la más peligrosa: subyace a muchos de los problemas del país y amenaza con llevarlo a la ruina”, escribió el jueves en un artículo de opinión para el New York Times. “Francia, en realidad, se encuentra al borde del abismo”, aseguró.
Estados Unidos también tiene su propia dosis de disfunción política, la cual ha contribuido a que la deuda nacional se dispare hasta los 40 billones de dólares, sin indicios de que los déficits presupuestarios vayan a ser controlados. No obstante, Estados Unidos también goza del “privilegio” que le otorga el estatus del dólar como moneda de reserva mundial. Esto, junto a una economía sólida impulsada por el auge del gasto en inteligencia artificial. El PIB creció un 2,2% en el segundo trimestre, y se espera que el crecimiento del tercer trimestre se acelere hasta alcanzar el 3,6%.
La tasa de desempleo en Estados Unidos es de apenas el 4,2%, lo que indica una situación de pleno empleo, mientras que el desempleo juvenil ronda el 10%. Los salarios también han mostrado fortaleza, con un crecimiento anual cercano al 3,9%. Todo estos factores ayudan a mitigar el impacto de una inflación anual del 3,7%, según el índice de precios al consumo más reciente. Aunque dicha inflación ha erosionado los aumentos salariales, los estadounidenses siguen consumiendo.

Por su parte, Donald Trump no ha dudado en usar la crisis francesa como una manera de ganar puntos políticos en medio de la carrera a las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre. En un mitin en Kansas, el lunes, el presidente de Estados Unidos se lanzó a una larga diatriba sobre Francia, país que, según afirmó, está siendo “conquistado, saqueado e incendiado hasta los cimientos por migrantes, yihadistas y comunistas. Y no vamos a permitir que eso le ocurra a este país”.
Más temprano ese mismo día, al hablar con los periodistas, Trump recordó una conversación que mantuvo con su homólogo francés, Emmanuel Macron: “Hace mucho tiempo le dije: ‘Estás cometiendo un gran error en Francia. Estás dejando entrar a gente de todo el mundo... París va a convertirse en una ciudad musulmana muy pronto’”.
El lunes, el presidente escribió además en su plataforma Truth Social: “Los migrantes se han apoderado de Francia. ¡Deben CERRAR LAS FRONTERAS, RÁPIDO!”.
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