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El temporal que cambió el invierno

La semana en que Chile enfrentó una emergencia climática sin precedentes hasta ahora arroja un saldo de 13 víctimas oficiales, aunque se presumen más. Los registros históricos de agua caída también dejan miles de damnificados, infraestructura destruida y comunidades que permanecen aisladas. Pero también revirtió parte del déficit hídrico acumulado por más de una década. El alivio momentáneo de una crisis climática convive con nuevos riesgos y un invierno que aún no termina.

Voluntarios y funcionarios municipales realizan trabajos de limpieza en el borde costero en La Serena y Coquimbo tras los escombros y basura que dejo el reciente temporal que afecto a la región. Alejandro Pizarro/Aton Chile

Durante los últimos días, Chile ha vivido uno de los episodios meteorológicos más severos de las últimas décadas. Una sucesión de sistemas frontales, alimentados por un intenso río atmosférico, descargó precipitaciones excepcionales desde el Norte Chico hasta el sur del país, provocando inundaciones, desbordes de ríos, aluviones, marejadas, vientos destructivos y miles de personas afectadas.

En regiones acostumbradas a convivir con la escasez hídrica, como Coquimbo y Atacama, cayó en apenas dos días el equivalente a un año completo de lluvia, mientras que en la zona central las precipitaciones devolvieron nieve a la cordillera y permitieron una recuperación inédita de embalses que hasta hace semanas permanecían prácticamente vacíos.

La emergencia dejó al descubierto dos caras de una misma realidad. Por un lado, una catástrofe que cobró vidas, destruyó infraestructura y obligó al despliegue de recursos en prácticamente todo el país. Por otro, un alivio hídrico largamente esperado después de un otoño y un comienzo de invierno marcados por la sequía. El contraste resume la paradoja del cambio climático, ya que los eventos fueron capaces de aliviar el déficit de agua, pero su intensidad superó la capacidad de respuesta de los territorios.

Los últimos balances entregados por el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) daban cuenta de una emergencia de gran magnitud, con 13 fallecidos en el conteo oficial (aunque hay otros tres individuos muertos asociados a las lluvias aún bajo investigación), decenas de miles de personas afectadas, miles de damnificados y albergados, más de cien mil personas que permanecieron aisladas durante el momento más crítico, además de desaparecidos, viviendas destruidas y daños generalizados en caminos, puentes y servicios básicos. Las regiones de Coquimbo y Atacama concentraron algunos de los impactos más severos, aunque las consecuencias alcanzaron desde Valparaíso hasta Los Lagos.

Pero la emergencia no terminó cuando cesó la lluvia en el norte y centro del país. Días después del paso del sistema frontal, numerosas localidades siguen enfrentando las secuelas del temporal. Sectores rurales permanecían sin suministro estable de agua potable debido a daños en sistemas de Agua Potable Rural (APR), mientras brigadas continúan trabajando para restablecer el servicio eléctrico en localidades donde la caída de postes, el desborde de cauces y los deslizamientos dificultaban el acceso.

En distintos puntos del Norte Chico persistían problemas de conectividad, con caminos destruidos, puentes socavados y rutas interrumpidas que mantienen comunidades parcialmente aisladas y obligaban a distribuir ayuda por vías alternativas.

Las imágenes que dejó el temporal fueron inéditas para muchas comunas. Ríos que durante años habían mostrado caudales mínimos volvieron a correr con fuerza; quebradas habitualmente secas se transformaron en violentos torrentes; extensos tramos de carreteras cedieron por socavones; canales de regadío quedaron cubiertos por sedimentos; viviendas fueron inundadas y terrenos agrícolas terminaron bajo el agua. En Atacama, las intensas nevadas en las zonas cordilleranas provocaron aislamientos, mientras que en Coquimbo numerosos deslizamientos de tierra modificaron completamente el paisaje de quebradas y laderas. La remoción de barro, rocas y escombros continúa siendo una de las tareas más complejas para los equipos de emergencia.

Para el climatólogo de la Universidad de Concepción e investigador del CR2 Martín Jacques, lo ocurrido constituye un evento meteorológico extremo de características poco habituales.

La Serena, 20 de julio de 2026. En la tarde noche se produjo en la localidad rural de Islon en La Serena un grave aluvión producto del aumento y crecida de las quebradas. Alejandro Pizarro/Aton Chile

“Presenciamos una secuencia de tormentas caracterizada por su persistencia, intensidad, extensión latitudinal y amenazas multivariable”, explica. A diferencia de un frente aislado, esta vez coincidieron lluvias intensas, rachas de viento destructivas, marejadas, inundaciones costeras, desbordes de cauces e incluso el registro de una tromba marina en Pichilemu.

Esa combinación, sostiene, representa uno de los principales desafíos para la gestión del riesgo. “Los pronósticos meteorológicos demostraron nuevamente ser una herramienta científica invaluable para la toma de decisiones preventivas, aunque también quedó en evidencia la dificultad de coordinación entre instituciones del Estado y la sociedad civil. Persisten desafíos importantes en educación y comunicación efectiva”.

El norte que rompió récords

Si hubo una zona donde el temporal cambió la historia climática fue la Región de Coquimbo. La investigadora del Centro Agrimed de la Universidad de Chile, Paula Santibáñez, sostiene que lo verdaderamente excepcional no fue solo la intensidad de la lluvia, sino la combinación entre persistencia, extensión territorial y concentración de las precipitaciones sobre una zona semiárida.

Los números reflejan esa excepcionalidad. En la estación de la Dirección Meteorológica de Chile, ubicada en el aeropuerto La Florida de La Serena, julio acumuló cerca de 176,4 milímetros, cuando el promedio histórico mensual apenas alcanza los 17,1 milímetros. Es decir, cayó más de 10 veces la lluvia normal para julio y más del doble de lo que normalmente precipita durante todo un año. El registro prácticamente igualó el récord histórico de julio de 1984.

Las cifras provisionales muestran, además, cerca de 171 milímetros de agua caída en Monte Patria, 151 milímetros en El Tololo, 127 milímetros en Salamanca y 114 milímetros en Ovalle, montos extraordinarios para cuencas acostumbradas a precipitaciones escasas e irregulares. Ante esto, Jacques agrega que las acumulaciones fueron excepcionales en prácticamente en todo el territorio nacional, pero alcanzaron niveles extremos en el norte.

“La intensidad sobrepasó la capacidad de respuesta de los sistemas naturales y la infraestructura humana simplemente no está diseñada para enfrentar eventos de esta magnitud”. La situación se agravó porque el río atmosférico logró penetrar hacia los valles interiores y sectores cordilleranos, activando simultáneamente numerosas quebradas que permanecían secas gran parte del año.

No todo fueron pérdidas. Tras años de déficit hídrico, las lluvias permitieron una recuperación significativa de los embalses de la Región de Coquimbo. Según antecedentes de la Dirección General de Aguas, el almacenamiento conjunto pasó desde aproximadamente un 10% hasta cerca de un 30% de la capacidad regional.

Embalses como Recoleta, en Ovalle, alcanzaron alrededor del 80%; Culimo también bordeó el 80%; Corrales llegó al 78%; El Bato, al 63%, y Cogotí, al 50%. Los dos grandes reservorios de la región, Puclaro y La Paloma, siguen siendo la principal preocupación, ya que permanecen alrededor del 17% de su capacidad. “La recuperación es importante, pero no homogénea”, advierte Santibáñez.

Otra de las consecuencias positivas fue el regreso masivo de la nieve a la cordillera. Las condiciones relativamente frías, con isotermas a baja altitud, permitieron que gran parte de la precipitación cayera en forma sólida en sectores altos, disminuyendo el riesgo de crecidas repentinas.

Los registros de la DGA muestran profundidades de nieve promedio cercanas a 150 centímetros, equivalentes a un 51% por sobre el promedio entre 1991 y 2020. En Cerro Olivares, en la cuenca del Elqui, se acumularon 120 centímetros, cuando normalmente existen apenas 19 centímetros para esta época. En Quebrada Larga, en la cuenca del Limarí, la nieve alcanzó cerca de 180 centímetros, frente a una normal de 42 centímetros. Esa reserva nival será fundamental para sostener caudales durante la primavera y comienzos del verano.

En la Región de Valparaíso, la Reserva Nacional Lago Peñuelas recuperó parte importante de su espejo de agua, alcanzando 540 hectáreas, equivalentes al 32% de su capacidad total, un nivel que, según Conaf, favorecerá la recuperación del bosque nativo, las praderas y el retorno de aves acuáticas, además de mejorar las condiciones para el programa de reconversión de plantaciones de eucaliptos a bosque nativo. No obstante, las intensas precipitaciones también provocaron daños en áreas silvestres protegidas, por lo que Conaf extendió hasta el 27 de julio el cierre preventivo de parques y reservas de la Región de Valparaíso debido a la caída de árboles, caminos anegados y desprendimientos de rocas.

(260718) -- BIOBIO, 18 julio, 2026 (Xinhua) -- Vista aérea tomada con un dron el 16 de julio de 2026 de viviendas afectadas por una inundación debido a un temporal, en la comuna de Arauco, en la región del Biobío, Chile. El temporal que desde el jueves azota 10 de las 16 regiones de Chile ha dejado al menos tres fallecidos, siete lesionados y más de 800 casas con algún tipo de daño, informó el viernes el subsecretario del Interior, Máximo Pavez. (Xinhua/Str) (jv) (ra) (da) [e]STR

En paralelo, el lago Vichuquén registró un alza de su nivel desde 0,52 a 0,95 metros de nivel relativo de sonda (mnrs) gracias a las lluvias y las escorrentías provenientes de la cuenca, lo que también benefició a la laguna Torca, que presentaba sectores prácticamente secos. Aunque el aumento aún está lejos de los niveles considerados normales, desde el municipio destacan que este aporte de agua contribuye a restablecer el equilibrio químico del lago, a propósito de su contaminación por eutrofización, y se mantiene muy por debajo de la cota de riesgo para viviendas e infraestructura.

Un invierno que no termina

Los especialistas coinciden en que el episodio fue favorecido por la presencia de El Niño, que modifica la circulación atmosférica y aumenta la probabilidad de ingreso de sistemas frontales hacia Chile central y el Norte Chico. Sin embargo, Santibáñez enfatiza que ese fenómeno no basta por sí solo para explicar un temporal de esta magnitud. La combinación de un intenso río atmosférico, una trayectoria frontal favorable y abundante humedad permitieron el desarrollo del evento. El cambio climático, agrega, constituye el escenario de fondo. Una atmósfera más cálida puede almacenar mayor cantidad de vapor de agua, incrementando el potencial para precipitaciones más intensas cuando las condiciones meteorológicas son favorables.

Jacques añade que también influyeron fases favorables de la Oscilación Antártica y de Madden-Julian -que promueven la presencia de humedad y precipitaciones-, además de advertir que un evento extremo sobre territorios afectados por una prolongada sequía incrementa significativamente la vulnerabilidad de ecosistemas, infraestructura y comunidades.

Aunque las precipitaciones más intensas quedaron atrás, la emergencia aún está lejos de terminar. Los suelos permanecen saturados, numerosos cauces continúan activos y gran parte de la infraestructura resultó dañada. Eso significa que nuevas lluvias, incluso mucho menores, podrían provocar remociones en masa, deslizamientos, nuevos socavones, interrupciones de caminos y desbordes localizados.

Ahora, los trabajos están concentrados en recuperar caminos, restablecer el suministro de agua potable y electricidad, reconstruir puentes y reconectar localidades aisladas. En esta segunda mitad del invierno el país entra con una certeza incómoda, ya que la tormenta más intensa pasó, pero sus consecuencias seguirán presentes durante semanas y el escenario climático anticipa que nuevos temporales de gran magnitud aún son posibles antes de que termine la temporada.

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