Nacional

Conferencia Episcopal llama a enfrentar el 11-S sin visiones extremas: “Verdad sin odio, justicia sin venganza”

En una declaración difundida en una nueva conmemoración del golpe de Estado, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile sostuvo que la fecha “continúa siendo motivo de dolor” y llamó a fortalecer la convivencia nacional.

Arzobispado de Santiago

A días de un nuevo 11 de septiembre, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile difundió una declaración en la que llamó a abordar la fecha desde la búsqueda de unidad y la reconstrucción de la convivencia nacional.

El 11 de septiembre es una fecha que suscita divisiones y opiniones encontradas. Sigue presente en nuestra historia y continúa siendo motivo de dolor”, señalaron los obispos, quienes advirtieron sobre las consecuencias de las “visiones extremas y la fractura de la convivencia nacional”.

En su declaración, René Rebolledo Salinas, arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal; Ignacio Ducasse Medina, arzobispo de Antofagasta y vicepresidente; Cardenal Fernando Chomali Garib, arzobispo de Santiago; Juan Ignacio González Errázuriz, obispo de San Bernardo; y Cristián Castro Toovey, obispo de Santa María de los Ángeles y secretario general, sostuvieron que Chile debe mirar hacia el futuro desde la capacidad de entendimiento y pidió que las diferencias políticas e ideológicas no impidan reconocer una pertenencia común al país.

Al mismo tiempo, manifestó una “cercanía sincera y misericordiosa” con las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos, con quienes sufrieron la muerte o desaparición forzada de familiares y, especialmente, con las familias de los detenidos desaparecidos. “La Iglesia no cesará en su compromiso de acompañamiento y la búsqueda de verdad”, afirmaron.

Para avanzar hacia la reconciliación, la Conferencia Episcopal enumeró una serie de elementos que considera necesarios: verdad sobre lo ocurrido, justicia, reconocimiento del sufrimiento de quienes fueron víctimas de violencia, prisión, persecución y exilio, además de perdón y arrepentimiento. Sobre este último punto, los obispos recalcaron que perdonar no significa justificar el mal ni olvidar lo ocurrido, sino evitar que el pasado se transforme en una “cadena perpetua de odio”.

Otro de los énfasis estuvo puesto en la necesidad de abandonar las “visiones absolutas” y fortalecer las instituciones democráticas. “Los más graves conflictos se desatan cuando los compatriotas dejan de respetarse y pasan a tratarse como enemigos”, señalaron. En esa línea, plantearon como condiciones para una paz duradera el fortalecimiento del Estado de derecho, tribunales independientes, leyes respetadas, autoridades legitimadas, seguridad pública y mecanismos democráticos para resolver las diferencias.

La declaración también propone avanzar hacia “una memoria que una”, que permita reconocer el dolor de las víctimas sin prolongar los enfrentamientos hacia las nuevas generaciones. Junto con ello, los obispos llamaron a construir un proyecto común centrado en desafíos como superar la pobreza, proteger a los más vulnerables, mejorar la educación, recuperar la seguridad, generar empleo y fortalecer a las familias y comunidades.

“Una sociedad reconciliada puede tener profundas discrepancias ideológicas. Lo fundamental es que tales diferencias se encaucen en una amistad cívica sólida”, sostuvo el Comité Permanente, que cerró su declaración con una síntesis de su llamado para este 11 de septiembre: “verdad sin odio, justicia sin venganza, memoria sin resentimiento, perdón sin olvido y futuro sin exclusiones”.

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