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Altea: el largo camino del disco inédito de Patricio Castillo y Osvaldo “Gitano” Rodríguez hecho en el exilio

Grabado en 1979 y 1983, este LP con canciones de ambos artistas y versiones de otros músicos será presentado el 26 de septiembre en Santiago y el 6 de octubre en Valparaíso, tras un arduo trabajo de restauración, remasterización y edición del sello y estudio Árbol de Sonidos. Este documento histórico explora un lenguaje poético y musical que se inscribe en una etapa más intimista y reflexiva dentro de la canción chilena en el exilio. A casi 50 años de la idea original, el disco por fin verá la luz.

Altea: el largo camino del disco inédito de Patricio Castillo y Osvaldo “Gitano” Rodríguez hecho en el exilio

“Yo pensaba que al ‘Gitano’ lo habían matado”, suspira el músico Patricio Castillo cuando evoca su inesperado reencuentro con Osvaldo Rodríguez a fines de 1973. La escena tiene lugar en Alexanderplatz, la histórica plaza de Berlín, en una fría noche en que incluso cae una copiosa nevazón. “Yo iba caminando y él venía del otro lado. Desde antes del golpe no nos veíamos y después no lo vi más. Fue una gran sorpresa y un gran alivio”, recuerda Castillo.

El multiinstrumentista y compositor cultivaba una fértil amistad con el “Gitano” desde que lo conoció en una peña organizada por el propio Rodríguez en el restorán Cap Ducal de Viña desde 1966: la Peña del Mar. El vínculo naturalmente derivó en colaboración musical; de hecho, Castillo figura como el autor de los arreglos -en clave rockera- del tema Canto al trabajo voluntario, compuesto por el artista de Valparaíso y lanzado como single en 1973, meses previos al golpe militar.

El reencuentro en Berlín les permitió a ambos referentes de la Nueva Canción Chilena recomponer su lazo afectivo truncado por el golpe militar, compartir conciertos en Europa y delinear una forma de encarar el trabajo poético y musical desde una vereda distinta, más personal y reflexiva, a la de la canción política de resistencia durante los primeros años de destierro. Había en ese camino disquisiciones teóricas y filosóficas que llegaron a su punto de ebullición cuando ambos coincidieron en Madrid en 1978 y viajaron hasta Altea, un pueblo de notable influencia árabe enclavado en la costa mediterránea de Valencia.

Esa aventura compartida abrió el portal hacia la creación de un disco conjunto grabado en dos etapas, en 1979 y luego en 1983, que no vio la luz sino hasta estos días: a casi 50 años de la idea original, el LP Altea será presentado el 26 de septiembre a las 19.30 horas en la Sala ICAL en Santiago, y el 6 de octubre a las 18.00 horas en el Centex en Valparaíso.

El proceso llegó a un final feliz gracias a un esfuerzo mancomunado de producción entre Patricio Castillo, Silvia Rühl -antropóloga alemana, viuda de Osvaldo “Gitano” Rodríguez y directora del Archivo del artista- y Felipe Barnech, encargado de la remasterización, restauración y edición del disco en su estudio y sello Árbol de Sonidos. El LP estará disponible en formato vinilo y CD.

Altea marca una continuidad en el trabajo asociativo característico de la obra de Castillo, quien colaboró -con distintas intensidades- en la creación, co-creación, arreglos musicales y acompañamiento instrumental con Quilapayún (fue uno de sus primeros integrantes), Amerindios (miembro durante un año), Patricio Manns, Víctor Jara, Los Jaivas, Isabel Parra y Ángel Parra, entre otros pilares.

Peces danzantes sobre Altea

La Semana Santa de 1978 encontró a Patricio Castillo y Osvaldo Rodríguez en Altea. Ambos creadores vivieron en ese lugar una experiencia breve y alucinante, en la que sueño y realidad se fundieron en un juego indivisible, con la visión de kilómetros interminables de naranjos y el coro de ruiseñores durante el día; y el reflejo de la luz de la luna llena cayendo sobre los tejados y escaleras blancas durante la noche, más la imagen onírica de unos peces de plata bailando sobre el Mediterráneo. Esa tormenta sensorial quedó vertida en la primera canción que da título al LP, Altea, con música (y voz) de Patricio Castillo y letra del “Gitano” Rodríguez.

“Yo tenía una música que no lograba plasmar en poesía. Me faltaban elementos para hablar del mar, de la luna, de los peces bailando en la noche, de lo que pasaba con la naturaleza en ese estado exorbitante. Le entregué una pauta rítmica y silábica para que él pudiera escribir encima. Fue una experiencia común y tuvimos visiones casi iguales”, explica el multiinstrumentista.

En una carta escrita al profesor británico de literatura hispanoamericana Robert Pring Mill en 1992 -aún inédita y parte del Archivo Osvaldo Rodríguez Musso-, el “Gitano” aportó más recuerdos a la experiencia en Altea: “Cierta vez nos fuimos en él desde Madrid hasta Altea que es una ciudad completamente árabe en la costa de Valencia. Se trataba de conseguir mediante la lectura de poemas y su correspondiente acompañamiento musical que los peces salieran a bailarle a la luna. Cosa que ocurrió realmente ante el asombro de turistas escandinavos que al reclamar fueron tratados como herejes.

Altea y Yo busco la noche (también escrita bajo la misma sociedad) fueron las dos primeras piezas grabadas en la etapa inicial de 1979. En 1983 se terminaría el LP con dos temas adicionales de Castillo (el instrumental Valdivinho y Viene volando) y cinco del “Gitano”, tres de autoría propia y dos covers: Espejo de los dioses (titulada originalmente Canción para una muchacha de Praga y dedicada a Viera, su segunda esposa), Nocturno ante el carnaval de Niza, Canción del norte y del sur, El carretero (del cubano Guillermo Portabales) y Pra não dizer que não falei (del brasileño Geraldo Vandré).

En ambas fases la obra fue grabada en el estudio Piccolo de París, gestionado por Patricio Castillo. Los músicos participantes en las sesiones variaron de un período a otro. En Altea y Yo busco la noche, Patricio grabó con Pablo Texier (bajo) y Cristian Vila (piano), más Juan Manuel Forero (congas). En ambos temas es elocuente la influencia del jazz en la armonización de Castillo, y particularmente en Altea asume un claro protagonismo el piano de Vila, quien destaca con una secuencia final que amplía el horizonte de “realismo mágico” retratado en la letra de la canción.

Rodríguez recién apareció en el estudio parisino en la segunda sesión. Se les hacía difícil coincidir, porque entre 1979 y 1981 el “Gitano” estaba cursando una Licenciatura en Letras en la Universidad de Praga (luego, en 1986, se recibiría como Doctor en Letras).

En esa última grabación repitieron Patricio Castillo, Pablo Texier y Juan Manuel Forero, y se integraron Sergio Roa, Yves Cerf (saxofonista suizo que fue discípulo de Gilbert Favre en el dominio de la quena), Leslie Murtagh y Pedro Godoy. El músico Marcelo Arenas se sumó a la única canción concebida íntegramente en el estudio Árbol de Sonidos: El nogal (letra del argentino Higinio Mena y música de Castillo), que figura como tema adicional sólo en el CD, no así en el vinilo que estará a la venta. Todas las canciones interpretadas por Rodríguez en el LP cuentan con arreglos de Castillo.

“El ‘Gitano’ tenía su estilo de trabajo, una manera de tocar de la guitarra y un repertorio armónico bastante reducido, pero en la poesía era grandísimo. Me di cuenta de que podíamos mezclar las dos cosas, que yo le podía entregar muchas cosas del lenguaje musical para que él pueda componer con mayor extensión, y ese resultado se ve en el disco”, asegura el ex miembro histórico de Quilapayún.

El exilio: un desafío emocional

Según Patricio Castillo, la obra explora un lenguaje poético y musical que se desmarca de la canción política tradicional heredada de la Unidad Popular: “Yo ya estaba trabajando con un sentido de fusión latinoamericana, en el jazz. Eso está clarito en el disco. Y muestra un nivel bastante interior de lo que le va pasando a uno con el exilio, cómo repercute el problema en sí y cómo uno busca otros contenidos para expresar lo que te sucede. Es una manera de mostrar la realidad desde un punto de vista personal y eso es importante en la canción que es propia del exilio. Había una preocupación por el tema de la memoria, de lo que realmente ocurrió, y eso merecía un lenguaje específico. En eso estábamos muy claros con el ‘Gitano’ y otros músicos de esa línea”.

Coincide con esta visión Silvia Rühl, viuda de Osvaldo Rodríguez. Ambos se conocieron en 1981 y al año siguiente comenzaron a vivir juntos en Göttingen, Alemania. Sin embargo, por motivos de asilo político, el “Gitano” tenía residencia oficial en París, lo cual facilitó la presencia del artista porteño en el estudio Piccolo en 1983.

“Tanto Patricio como Osvaldo estaban muy vinculados a la solidaridad con Chile, pero en el disco hicieron algo muy propio de ellos. Hay dos temas que son muy pocos conocidos de Osvaldo: Canción del norte y del sur y Nocturno ante el carnaval de Niza, sobre todo la segunda escrita en un momento de mucha tristeza y desesperación en el exilio. Aquí tenemos a dos personas creadoras, sensitivas y emocionales que tuvieron momentos muy tristes que superar. Pienso que vale la pena mostrar esa cara del exilio que fue un desafío emocional muy grande”, cuenta la también directora del Archivo Osvaldo Rodríguez Musso.

Desde el punto de vista poético, un grupo de artistas que abogaba por una propuesta creativa alternativa -entre los que estaban Castillo, Rodríguez, Tita Parra y Alejandro Lazo- no se abanderaba por un lenguaje simple y fácil de comprender para las clases populares. Más bien, ese grupo, autodenominado “Colectivo de la Eterna Poesía Cantabile”, preconizaba la creación de canciones con un lenguaje rico, sin caer en la devaluación de la capacidad crítica de la clase trabajadora, así como también marcaba un contrapunto a la sonoridad de la Nueva Canción Chilena.

“Habíamos llegado a la conclusión de que lo ‘nuevo’ envejece y que no teníamos que andar vestidos con ponchos porque éramos todos gente universitaria y citadina”, indica Castillo. Sin embargo, “esto no pretende negar el valor del folklore, que tiene sus propios cultores. Yo al menos no me considero folklorista: tengo formación académica en música, estudié filosofía en la universidad, he compuesto cosas complejas y no sé escribir en décimas, algo que reconozco como un gran error”, sonríe el cantautor.

Un trabajo de joyería

Patricio Castillo estaba seguro de la calidad del documento sonoro que tenía en su poder. El músico nacido en el pueblo de Lautaro, al sur de Chile, conservó el máster original de Altea en formato DAT, y en los años 80 cuando aún vivía en Francia presentó el material en dos disquerías francesas, y luego en los 90 en una disquería chilena cuando vino de gira con Quilapayún, conjunto con el que había vuelto a trabajar.

En todos los casos la respuesta fue de “fría indiferencia”, citando un fragmento del famoso vals Valparaíso de su amigo y compañero de disco. Finalmente, el máster fue digitalizado por el ya citado Pablo Texier en su home studio en 2016, año en que Castillo regresó a vivir a Chile.

Asentado en el país, Castillo se reencontró con Silvia Rühl, a quien había conocido en 1979 en Göttingen. Silvia -con residencia fija en Valparaíso a partir de 2002- había guardado una copia de Altea en formato casete, y le comentó a Patricio que el material había que sacarlo contra viento y marea. Postularon dos veces al Fondo de la Música, sin éxito, por lo que no quedó otro camino que redoblar los esfuerzos y financiarlo con recursos propios. Hoy, a 30 años de la muerte de Osvaldo en Bardolino (Italia), el disco va camino a su estreno al público. “Era una parte de la historia de la música chilena en el exterior, y si no había sido publicado en aquellos años, había que hacerlo ahora. De esa parte me siento plenamente responsable”, asegura Rühl.

Inmersos en ese proceso, el disco llegó hace unos tres años a manos de Felipe Barnech, músico, profesor y gestor cultural a cargo del sello y estudio Árbol de Sonidos: “Cuando Patricio puso a mi disposición ese material, yo dije que había que hacerlo. Era un documento histórico que se escuchaba con deficiencias, tenía una masterización bastante irregular, no había una nivelación de elementos sonoros ni pistas separadas, y los bajos saturaban. Se usaron varias técnicas para reparar el audio, agregamos algunas percusiones en la canción ‘Valdivinho’. Fue un trabajo de joyería porque se remezcló y se remasterizó el trabajo final. Había una suciedad sonora muy común a principios de los 80 y un exceso de reverberación, pero quedó sonando bastante bien”.

Los tres responsables de la producción están muy conformes con el resultado del LP Altea, cuyos formatos en CD y vinilo tendrán stands de venta en los estrenos en Santiago y Valparaíso. Castillo siente que el disco es una muestra más de su vocación colaborativa.

“Siempre me ha gustado compartir la música. Me aburro tocando solo. Hay creadores que son magníficos en eso, pero para mí es importante la comunicación con los músicos. Este disco siempre lo pensé como un disco de los dos, porque fue un trabajo que hicimos, pensamos y vivimos juntos con el ‘Gitano’”, plantea el cantautor. Complementa Barnech: “Todos los que conocemos a Patricio sabemos que él ha sido un agente colaborador de tremendas iniciativas. Con el ‘Gitano’ no iba a hacer algo distinto”.

Para Silvia Rühl, en tanto, Altea representa “un aporte bien grande porque es el lado B de lo que fueron todos esos años fuera del país. No eran sólo las grandes manifestaciones de solidaridad con Chile, sino que había otras creaciones que iban surgiendo paralelamente y que muestran la asimilación de otras corrientes y nociones musicales”.

Patricio Castillo, en definitiva, cree que esta producción musical “es la génesis de un estilo que más tarde se convertirá en una forma bien habitual en Chile, que es la fusión de estilos. Eso se dio mucho tiempo después, más allá de que en los años 90 me encontré con discos de Congreso increíbles; luego conocí al grupo Entrama. No cito a Los Jaivas porque esto lo hicieron al principio. Ellos venían del rock y yo les metí charango, y ahí se generó el estilo”. De un montón de portazos que recibió esta propuesta rupturista para el espíritu de la época, “Altea” finalmente está a pocos días de su alumbramiento y de cobrar vuelo propio: “Ahora ya puedo respirar, este niño nació. Las cosas no se hacen para guardarlas en el ropero”. Es su convicción.

Claudio Parra, Hugo Moraga y Eduardo Yáñez darán vida a los lanzamientos

Los lanzamientos en Santiago y Valparaíso no serán simplemente “un concierto en vivo”, aclara Felipe Barnech, sino una instancia para reflexionar sobre la obra a través de conversatorios. En ambas presentaciones participarán como núcleo elemental Patricio Castillo, Silvia Rühl y el mismo Barnech.

La ceremonia del sábado 26 de septiembre a las 19.30 horas en la Sala ICAL (Ricardo Cumming 350, Santiago) será conducida por Juan Rojas, locutor del programa “El alma nacional” de Radio Usach. Los invitados son el cantautor Eduardo Yáñez, el musicólogo Víctor Navarro y una banda conformada para interpretar algunos temas de “Altea” junto con Patricio Castillo. Entrada liberada por orden de llegada. Aforo limitado.

En tanto, el Centro de Extensión del Ministerio de las Culturas (Centex, Sotomayor 233, Valparaíso) acogerá la segunda presentación del disco el martes 6 de octubre a las 18.00 horas. Conducirá el histórico locutor Miguel Davagnino y participarán como invitados el fundador y pianista de Los Jaivas, Claudio Parra, el cantautor Hugo Moraga y el director de la Orquesta Andina PUCV, Félix Cárdenas. Se presentará la misma banda invitada para tocar algunas piezas de “Altea”. Entrada liberada con inscripción previa a archivo.o.r.m@gmail.com. Aforo limitado.

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