Histórico

Desfases

Una explicación de cómo piensa Nicolás Eyzaguirre es que pertenece a una izquierda que nunca aceptó lo que les pasó, y buscan volver a los 60 o 70.

COMO SE nota que está gobernando la generación de los 60. Se ha puesto de nuevo de moda la palabra "relevante" (palabreja muy sixties), también una serie de obsesiones de esos tiempos. Basta escuchar a Nicolás Eyzaguirre, quien quiere seguir haciendo la reforma agraria. El ministro participó ya antes en la película "La Expropiación" de Raúl Ruiz. Esta vez la piensa para educación, aunque así nomás les fue con la ENU. Eyzaguirre incluso ha resucitado esa otra palabra, punta de lanza, y que suponíamos superada: "contracultural". Eyzaguirre cree además que puede subir el "umbral civilizatorio" del país si se le da el vamos a sus medidas. Primera vez que escucho el concepto; ¿no estará pensando en el "umbral del dolor"? Los maoístas, esos yihadistas de los 60 y 70, decían que para hacer tortillas había que quebrar huevos.

Lo extraño es el desfase que se produce al oír estos planes,  justificaciones y lógica. En la revista Qué Pasa de la semana anterior, Eyzaguirre, paradójicamente, critica a la derecha por estar "atada atávicamente a conceptos que están 50 años atrasados". Y para demostrarlo rebobina el discurso de "las grandes alamedas" de Allende que según él se estaría cumpliendo al pie de la letra gracias a los estudiantes en las calles. Es decir, el futuro del 73 es "ahora". Interpretación que seguramente Allende no compartiría. Para ilustrados utópicos como él, formado en los años 30, lo crucial era tener siempre un horizonte. Un horizonte que, dado que el mundo es redondo y no plano, siempre "retrocede", nunca se alcanza. Conforme a esta cosmografía "eppur si muove", nadie sería dueño del futuro y de la historia. Pensar lo contrario sería mero voluntarismo fáctico, exactamente lo que Allende le reprochaba a sus justicieros golpistas.

¿Quién entonces es el desfasado? Una explicación de cómo piensa el ministro es que él pertenece a una izquierda que nunca ha aceptado lo que les pasó no hace mucho: el 73, el desplome de los socialismos reales el 89, la avalancha neoliberal, la "medida de lo posible" de los 90. Por eso aspiran a no sólo apoderarse de la historia sino reescribirla enteramente de nuevo. Pretenden volver a los años 60 y 70 y esta vez hacerla a su pinta. Pero esto es absurdo. Uno no anda hacia atrás para adelantarse al futuro y procurar estar al día en el presente. Eso es omnipotencia pueril, o para ser exacto, adolescente. Precisamente lo que se le critica a la generación de los años 60  que, de nuevo, se nos aparece.

He escuchado la tesis de que estaríamos ante una generación (la de los Pingüinos) que obedecería a un padrón sociológico complejo: madres adolescentes solteras, padres muy jóvenes y ausentes, incapaces de cumplir su rol. Cuadro que habría obligado a traspasar la crianza a abuelos sixties algo consentidores que habrían proyectado sus trancas a nietos punk retro (todavía en edad de pataletas) y en quienes cifran caras esperanzas; entre otras, subsanar su propio historial de derrotas políticas. Es una explicación posible.

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