La cutufa de la Cámara
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ASÍ HAN llamado los medios a este curioso fondo privado de inversiones de la Cámara de Diputados. Es sin duda una situación anómala y vale la pena un comentario. El argumento fundamental de los parlamentarios es que cuando los diputados no son reelegidos se enfrentan a un "problema laboral" por un tiempo, y el fondo entonces apoya esa transición. Ese problema laboral es efectivo aunque es conocido de antemano y ellos postulan en forma voluntaria a esos cargos. Con todo, pasar de ser un vistoso honorable a un empleado, ejecutivo, académico u otro no es fácil. Esta cutufa entonces, es en realidad una especie de autoseguro de desempleo pero de tipo solidario. Se parece a los sistemas estatales de reparto que muchos de ellos mismos defienden. Pero este no era un fondo de jubilación sino de desempleo.
Lo concreto es que el sistema fracasó, hoy es un escándalo público y el fondo se debe disolver. Han aparecido todas las pasiones que emergen cuando hay lucas de por medio. El diputado Saffirio llegó a decir, sin medir sus dichos por cierto, "ahora se roban entre ellos". Aquí no hay robo sino simple voluntarismo, incompetencia, y sobre todo imprudencia.
El tema se empieza a parecer mucho, en su esencia no la forma, a CV Investments: una pirámide en que la cuenta la van pagando los que llegan. Los parlamentarios reclaman que han perdido la mitad de lo que pusieron o más. De nuevo, ni ellos mismos entienden que era una especie de seguro no una cuenta de ahorro. El ideal de un seguro es jamás tener que ocuparlo, nadie pide de vuelta la prima. También hemos sabido que hay parlamentarios que pasaron de diputados a senadores (es decir siguieron empleados en la política) pero retiraron parte del fondo que se suponía era para la transición de empleo. Dicho de otro modo, el tema del funcionamiento y beneficios era más complejo que la norma simple de la no reelección. Lo primero que se requiere entonces y por mínima transparencia, es conocer ese reglamento, creado por los propios diputados y administrado por ellos mismos. Hasta la fecha dichos reglamentos no se conocen: deben ser entregados a la opinión pública sí o sí. La segunda pregunta es cómo fue la evaluación de ese proyecto, los criterios, los números, etc. ¿Quién hizo dichos cálculos, dónde están? Hay que asumir que se hicieron si no sería para llorar a gritos ya que ellos son quienes hacen nuestras leyes.
La tercera pregunta es cuánto costaba administrar dichos fondos y cómo se hacía. La respuesta de que no tenía costos sería realmente irrisoria. Al parecer, por lo que se sabe hasta aquí, lo administraba un comité de diputados en la misma infraestructura del parlamento y obviamente en tiempo del Congreso. En suma, la respuesta "no tenía costos de administración" es un absurdo. La pregunta entonces es ¿quién y cómo los pagaba? Sería interesante conocer los informes de gestión que emitía la administración. Más interesante aún sería saber quién los auditaba.
La cuarta pregunta es cómo se invertía dicho fondo, es decir en qué instrumentos, cuánto les rentaba, y si habían intermediarios financieros. Esto tiene varias aristas. La primera, casi por diversión, es comparar la administración de los honorables con las AFP. Lo segundo es cómo tributaban dicha rentabilidad y más aún los retiros del fondo que iban directo a los parlamentarios.
La quinta pregunta es la legalidad de todo ello. Parte de esta pregunta es si los aportes eran realmente voluntarios. ¿Quiénes no suscribieron ese descuento y por qué? Es algo que es necesario transparentar.
Lo que apreciamos aquí es que las cosas son siempre más complejas que los eslóganes e intenciones. Loable es cuidarse entre los honorables para el amargo tiempo de perder las elecciones. Fácil decir, difícil hacer, especialmente al margen de las leyes que ellos mismos hacen. Digo esto porque con esa misma lógica se promueve un sistema de reparto para las jubilaciones; otra cutufa en que los que llegan pagan la cuenta. Si consideramos que el país envejece aceleradamente es obvio que será una enorme estafa para los jóvenes de hoy porque el Estado no será capaz de financiar sus jubilaciones.
Los parlamentarios han debido dar demasiadas explicaciones en estos años. La cafetería, los reajustes de remuneraciones, las asignaciones de gastos, la acumulación de millas, el tema del estacionamiento del aeropuerto, los créditos sin intereses y tantos otros partiendo por la calidad de las leyes que son muchas veces reguleques ya que deben ser rehechas una y otra vez o no ocurre lo que prometieron. El apoyo actual al Congreso es del 12% y el rechazo de más del 80% lo que en el contexto anterior sugiere que es tiempo de despertar.
No olvidemos nunca que nosotros tenemos al menos la mitad de la responsabilidad porque los elegimos.
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