Histórico

La historia oscura del ciclismo: Una estrecha e incómoda relación con el dopaje

Más que nunca en los últimos años, la disciplina de las dos ruedas lucha por mantener su imagen limpia, pero las polémicas se suceden. El caso de Lance Armstrong es el más emblemático. 

Ayer, en los Juegos Panamericanos de Toronto, Carlos Oyarzun desató una tremenda polémica por dar positivo en un control de dopaje, en un duro golpe para la delegación chilena. El ciclista nacional ahora arriesga cuatro años de sanción por lo sucedido.

Y aunque el caso causó impactó, no se trata necesariamente de una sorpresa en el mundo del ciclismo. Sin ir más lejos, otros nacionales han arrojado positivo en las muestras, entre ellos, dos compañeros de disciplina de Oyarzun.

Pero el problema es mucho mayor. La estrecha relación entre el ciclismo y el dopaje se ha vuelto tema en los últimos años por la consecución de casos que han salido a la luz. Tanto así, que el propio presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), Brian Cookson, reconoció que "el dopaje es un problema endémico en el ciclismo".

El caso más conocido de la disciplna es Lance Armstrong. El norteamericano confesó haber consumido drogas que mejoraban su desempeño durante las competencias. "Es humanamente imposible ganar siete Tour de Francia sin doparse", comentó. Sus declaraciones gatillaron en una suspensión de por vida del cilismo, además de la devolución de los premios ganados.

La historia tiene su inicio en la década de los 60: La muerte del ciclista danés Knud Jensen marcó un antes y un después en una época en la que no había un marco que resguardara el asunto. La autopsia de Jensen arrojó una sobredosis de anfetaminas, por lo que el Comité Olímpico Internacional debió tomar medidas más drásticas y comenzó a realizar controles en los Juegos Olímpicos de Tokio, en 1964.

Otro polémicos casos de dopaje en la categoría han sido el del español Alberto Contador, cuando en 2010, durante el Tour de Francia, se le detectaron niveles altos de clembuterol, por lo que, tras una larga investigación, fue castigado por dos años.

También está lo ocurrido con el danés Nicki Sorensen, quien tras su retiro admitió el haber consumido sustancias lícitas durante los primeros años de su carrera. "Me dopé, lo he admitido por completo. Lo lamento, me gustaría poder cambiar esa decisión", declaró.

Mucho más cerca: Este año, previo al Tour de Francia, que está en su fase final, un competidor dio positivo por cocaína. El italiano, Luca Paolini, del equipo Katusha, no pasó el control antidopaje y fue expulsado de inmediato del torneo. En tanto, su compatriota Davide Appollonio fue suspendido por consumir EPO en junio pasado.

Y hoy, por si fuera poco, los ojos están puestos en el actual líder de la prueba que cruza el país galo. El británico Christopher Froome ha tenido que agantar comentarios sobre un supuesto dopaje durante el circuito tras una publicación de nada menos que Lance Armstrong a través de Twitter, donde puso en duda la transparencia de la participación del puntero. De ahí en más, sólo aumentan los detractores y defensores del ciclista de Ski.

Por el momento, Froome sigue compitiendo, en medio de los comentarios que se ciernen sobre sus capacidades, lícitas o no. La duda, a esta altura, ya es legítima, pero no por demérito del británico, sino por el largo historial de una disciplina que lucha por mantener limpia su imagen.

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