¿Qué está pasando con los referentes masculinos?




El jurista español Octavio Salazar –especialista en temas de género y nuevas masculinidades– planteó en un video informativo divulgado en la televisión abierta española que el prototipo masculino, o lo que entendemos socialmente por masculinidad tradicional, tiene que ver con una predisposición constante frente a la lucha, la fuerza y la competencia, pero además, con tener que demostrarle esa predisposición –como para que no surjan sospechas y para ir reforzándose la hombría entre hombres– a los demás de manera permanente.

“La masculinidad tradicional conlleva de por sí una performance. Pero, ¿qué pasa con el hombre que no se adapta? Se transforma en una persona incómoda e invisibilizada, que cuando habla y se manifiesta está cuestionándole la seguridad a los otros”, sostiene en el video. Para esos hombres, no hay referentes. Y es que los referentes se han construido históricamente –y a su vez han reforzado y sostenido, porque ciertamente la relación es bidireccional– en base a los mandatos de la masculinidad hegemónica o tradicional, la misma que hoy día se pone en duda, y que muchos aspiran a deconstruir, pero que aun sigue marcando la pauta.

En Estados Unidos, por otro lado, el investigador y profesor de marketing de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, dijo en un artículo publicado recientemente en New York Magazine que el gran dilema de los hombres jóvenes es que no cuentan con referentes y que, en definitiva, hay una ausencia de ‘role models’ (o modelos a seguir) que se ajusten a las inquietudes y los procesos identitarios que se están llevando a cabo hoy día. Y es que, como profundiza el sociólogo de la Universidad de Chile, Claudio Duarte, si antes los referentes eran fáciles de identificar porque respondían a una pauta impuesta, hoy día se ha vuelto difícil porque esa pauta no está del todo legitimada, por lo que no está claro de qué aferrarse. “Para ese joven cuyos referentes históricos están siendo cuestionados –y con justa razón– hay mucha desorientación. Antes, los mandatos culturales servían a modo de pauta y guía de acción, pero hoy día todo eso está siendo revisado y cuestionado. Aun así, los Juan Herrera de Los 80 siguen existiendo, y la mayoría de los varones siguen creyendo que esa es la forma. No olvidemos que el proceso identitario de revisión y deconstrucción alcanza una población limitada. Pero lo que pasa ahí es que hay desorientación e incertidumbre porque son personas que se enfrentan a la necesidad de volver a construir esos referentes. En ese proceso hay una oportunidad, pero no es fácil”, explica. “Antiguamente, además, la información era muy dirigida y específica, ahora hay múltiples canales y plataformas y la información se multiplica”.

Y es que para el especialista hay dos procesos –si bien contrarios entre sí y a su vez simultáneos– que llegaron a cuestionar estas pautas en el siglo XX. Por un lado el modelo económico y social del neoliberalismo, que cambió las estructuras y las divisiones del trabajo, y por otro lado, y en respuesta a eso, el movimiento feminista. “Se instaló el neoliberalismo a nivel global, o en gran parte del mundo, y eso trajo consigo una serie de transformaciones que incidieron, entre muchas otras cosas, en los roles de género. Ese rol fundamental de hombre como proveedor se puso en entredicho y eso, para la mayoría de los hombres –porque así lo aprendimos– significó un problema, porque el ser proveedor automáticamente nos otorgaba mayor peso en la toma de decisiones. A su vez, y desde otra vereda, el feminismo también vino a cuestionar el rol de los géneros, y explicitó la jerarquía y asimetría sexual. Además, cuestionó la violencia a través de la cual se han sostenido gran parte de las sociedades neoliberales”, explica. Todo eso, como desarrolla el especialista, vino a derrumbar todo lo que hasta entonces se había impuesto como absoluto y normativo.

“En ese sentido, están los hombres que creen que con un par de acciones, como por ejemplo lavar la loza o escuchar más, están avanzando –a esos nosotros les decimos cambios cosméticos–, están aquellos que están retrocediendo, y aquellos que se están comprometiendo con un cambio estructural y permanente. Ahí la importancia de referentes es clave, para tener alguien que abra el camino y a quien aspirar, pero hoy por hoy no los hay”, explica. “Estas nuevas formas nos han llevado a cuestionarnos la sexualidad y ahí sí que hay una gran deuda; el acceso al placer, el consentimiento, repensar nuestros cuerpos, el empoderamiento, y mucho más. Los hombres tenemos que hacernos cargo de nuestra afectividad, sexualidad y cuerpo, y dejar de pensarlos como instrumentos para la lucha y la conquista, y ahí sí que no tenemos a nadie que esté hablando de esto, menos en clave no teórica”. En vez de tomarlo como una oportunidad, sigue Duarte, lo que ha pasado es que los hombres se han enajenado de sus propios cuerpos y en muchos casos no saben qué hacer. “Se habla de la sexualidad a través del chiste o la grosería, pero no tenemos educación sexual integral”.

La importancia de contar con referentes tiene que ver, justamente, con poder contar con una guía y aspirar a eso. También tiene que ver con el aprendizaje y la esperanza. Pero, ¿qué pasa cuando no están? Según Duarte, eso solo retrasa la transformación cultural que estamos viviendo. Como explica la socióloga del Observatorio de Género y Equidad, Tatiana Hernández, contar con modelos de hombres que estén libres de estereotipos y que desafíen el modelo en el que estamos insertos es clave, pero sigue siendo una gran deuda. “Es difícil porque sostenerse en esta idea de hombre libre del estereotipo, es ser un poco un traidor al Club de Toby o a la manada cómplice. Y para eso no hay ningún texto escrito, por lo mismo es complejo salirse de ahí y sostenerlo en el tiempo. Rita Segato habla de la construcción cultural de los hombres y dice que es algo permanente que entre ellos siempre se cuestionan, por eso cada cierto tiempo se ven obligados a demostrar su hombría. Esa mirada patriarcal, de permanente sospecha entre los mismos hombres y hacia con ellos –esa masculinidad tóxica como le podríamos decir– es la que dificulta que los hombres se salgan de ahí y construyan otros referentes”.

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