Sebastián Depolo: “Una fuerza política que llega al gobierno y no cambia un ápice es una secta de fanáticos”
De regreso en Chile tras tres años como embajador en Brasil, el sociólogo postula al Comité Central del Frente Amplio. Aquí analiza la derrota de la izquierda, las lecciones que dejó el paso por el gobierno y reconoce errores en el proceso constituyente. Defiende la evolución política de su partido y del expresidente Boric y dice que no ve la misma disposición en la administración de José Antonio Kast.
Aprendizajes. La palabra aparece y vuelve a aparecer en la conversación de Sebastián Depolo, exembajador del gobierno de Gabriel Boric en Brasil. Cuando habla de su postulación al Comité Central del Frente Amplio, en las elecciones del próximo fin de semana. Cuando se refiere al primer gobierno de la colectividad o cuando analiza la derrota sufrida en diciembre, que permitió la llegada al poder de José Antonio Kast.
Tras tres años en Brasil, el sociólogo retornó a la actividad académica en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, así como a la política y al trabajo de análisis en Rumbo Colectivo, del que es fundador.
-Quienes cumplimos funciones de tanta responsabilidad tenemos que poner esos aprendizajes al servicio del colectivo -dice sobre su postulación.
Sentado ante un café americano, Depolo analiza los desafíos actuales del Frente Amplio:
-El primero es orgánico: somos un partido joven y la fusión es reciente. El segundo es territorial: nuestros apoyos están concentrados en determinados electores y territorios, básicamente urbanos. Debemos vincularnos con el mundo rural, donde las ideas de la derecha han avanzado muchísimo. El tercero es político: estamos en un momento de retroceso de nuestras ideas.
El exembajador apoya a la actual directiva, encabezada por Constanza Martínez y Andrés Couble, y que se enfrenta a la lista liderada por la diputada Gael Yoemans. “Constanza y Andrés condujeron muy bien la fusión, el Congreso y la negociación electoral. Conozco a Gael desde hace muchos años; ella desempeña funciones críticas como jefa de bancada y creo que debe concentrarse en ellas. Estamos muy debilitados en el Congreso. Por eso creo que hoy —no necesariamente siempre, pero sí en este momento— sería un error parlamentarizar la dirección del partido”.
El fracaso puede enseñar mucho si uno está dispuesto a aprender.
¿Cuál debería ser el rol del Frente Amplio (FA) en la oposición?
Lo primero es comprender las causas de la derrota. El fracaso puede enseñar mucho si uno está dispuesto a aprender. Lo segundo es sostener la unidad de la oposición. Si bien el gobierno del presidente Boric no logró cuajar completamente una coalición, sí consiguió formar un ánimo de trabajo colectivo. Figuras como Carolina Tohá, Álvaro Elizalde, Mario Marcel y Luis Cordero se incorporaron al gobierno. Eso habla de una disposición a estar juntos que debemos seguir construyendo y elaborando.
No creo que el FA tenga un papel radicalmente distinto del que corresponde a los demás partidos. El Partido Comunista debe hacer su proceso; nosotros, el nuestro, y el Partido Socialista, el suyo. Me gustaría que incluso sectores que a veces han estado más distantes, como la Democracia Cristiana, hicieran su propia reflexión. Después de eso, deberíamos sentarnos y preguntarnos cómo enfrentamos unidos los desafíos que tenemos.
¿Cómo se construye la unidad cuando intentos de diálogo del PPD o del PS con el gobierno tensionaron a la oposición?
Más que una crítica entre nosotros, hubo tensiones dentro de los propios partidos. Creo que la megarreforma tendrá patas cortas, porque intenta responder a problemas nuevos con soluciones antiguas. Existe poca evidencia —o evidencia controvertida— de que reducir de esa manera los impuestos a los sectores de mayores ingresos genere crecimiento y empleo. El ministro Quiroz y el gobierno del Presidente Kast no se abrieron a ese debate. Sus efectos son inciertos. En cambio, sí conocemos otros efectos que se producirán: habrá menor recaudación fiscal, mayor concentración de la riqueza, probablemente aumentará la deuda pública y se recortarán servicios destinados a la ciudadanía.
En materia de seguridad, tuvimos un cambio muy importante y genuino. Todavía es temprano para emitir un juicio lapidario, pero creo que el Partido Republicano y el Presidente Kast aún no comprenden plenamente que son gobierno.
Le atribuye intransigencia al gobierno. ¿Cómo ha actuado la oposición?
Hay aspectos en los que debemos ser autocríticos. La oposición ha hecho cosas importantes. Por ejemplo, una red de centros de estudios ligados a los partidos opositores presentó propuestas que no fueron escuchadas. Pero también ha habido formas de oposición que no me gustan. Llenar irracionalmente los proyectos de indicaciones, por ejemplo, es un obstruccionismo que no está a la altura de lo que nosotros mismos hicimos cuando fuimos gobierno.
La reforma de pensiones ofrece una diferencia muy clara. Chile tenía un problema previsional que no habíamos podido resolver durante 12 años. Existían posiciones distintas, pero el liderazgo del presidente Boric y el trabajo de la entonces ministra del Trabajo, Jeannette Jara, del ministro Marcel y de todo el equipo de gobierno permitieron buscar un acuerdo. Tuvimos que ceder en cuestiones que, desde nuestra posición, eran muy difíciles. Y una parte de la derecha también estuvo disponible para hacerlo. El Partido Republicano no tuvo esa disposición. Nunca ha mostrado una voluntad sincera de diálogo.
El FA también tuvo posiciones intransigentes cuando era oposición. ¿No puede cambiar el Partido Republicano?
Debemos estar siempre disponibles para dialogar, siempre que se trate de un diálogo genuino. Una fuerza política que llega al gobierno y no cambia un ápice es una secta de fanáticos. Cuando uno gobierna tiene que resolver problemas; eso es distinto de estar en la oposición. En materia de seguridad, tuvimos un cambio muy importante y genuino. Todavía es temprano para emitir un juicio lapidario, pero creo que el Partido Republicano y el Presidente Kast aún no comprenden plenamente que son gobierno. Todavía no asumen los sacrificios que exige ejercer la magistratura más alta del país, incluso respecto de las propias ideas. Nosotros sí vivimos esa evolución; no veo aún una disposición equivalente en el Partido Republicano.
Definiciones
¿La transformación que experimentó el expresidente Boric cuánto permeó al FA?
Existe una convicción genuina de que debemos abrirnos al diálogo, siempre que sea sincero. No debería haber en el FA un portazo porque sí. La megarreforma, sin embargo, no constituye un buen antecedente. Cuando alguien dice: “Me da lo mismo si se aprueba por un voto”, incentiva en el otro sector la idea de que, en cuanto tenga un voto más, cambiará todo nuevamente. Así no se construyen soluciones estables.
Es cierto que hoy no existe una alternativa consistente y elaborada para sustituir el sistema capitalista. Por lo tanto, la pregunta del socialismo es cómo producir una vida mejor dentro del entorno en que nos encontramos.
¿Cómo se relaciona esa evolución con la decisión del FA de declararse socialista?
Esa definición ha generado mucho más revuelo del que merece. Chile tiene una tradición socialista democrática muy relevante. Estuvo presente durante todo el siglo XX y el presidente Salvador Allende fue su máximo exponente: representó una visión distinta de la construcción del socialismo, la vía democrática. La pregunta es cuál es el socialismo que se requiere hoy.
¿Están pensando en un sistema que reemplace al capitalismo?
No. Estamos pensando en un país donde se viva mejor, que garantice más derechos gratuitos y universales; una sociedad más humana. Es cierto que hoy no existe una alternativa consistente y elaborada para sustituir el sistema capitalista. Por lo tanto, la pregunta del socialismo es cómo producir una vida mejor dentro del entorno en que nos encontramos y disminuir sus efectos negativos: la concentración económica, el daño al medioambiente y la discriminación.
El FA está dejando de ser exclusivamente un proyecto generacional. Ya no somos solamente los jóvenes de 2011.
¿En qué se distinguen, entonces, del socialismo democrático?
Uno de los socialistas más relevantes del segundo tercio del siglo XX, Jorge Arrate, hoy milita en el Frente Amplio. Fue ministro de Allende y luego de los gobiernos de la Concertación, y siempre ha sido socialista. Su presencia y reflexión muestran, primero, que el FA está dejando de ser exclusivamente un proyecto generacional. Ya no somos solamente los jóvenes de 2011.
Definirnos como parte de esa tradición tampoco significa competir con el PS o el PPD. Significa reconocer que, en la larga historia de Chile, existe una herencia muy digna de la que queremos ser justos merecedores. En ese proceso, el liderazgo del presidente Boric fue muy importante
¿Usted cree que la gente quiere más Estado?
La pregunta es qué Estado queremos. No soy partidario de eliminar la provisión mixta de servicios. Se construye la fantasía de que queremos que todo pertenezca al Estado, y no es así. Queremos que el Estado, junto con los privados, impulse una estrategia de desarrollo. Queremos que ciertas áreas sean estatales y que el Estado, junto con los privados, impulse una estrategia de desarrollo.
No siento que tengamos una visión propia de los años 60. Eso se observa tanto en nuestras declaraciones como en el trabajo de nuestros alcaldes.
¿No están mirando el futuro a través del espejo retrovisor, como plantea Eugenio Tironi?
Creo que no. Tironi puede tener muy buenas interpretaciones, pero no siento que tengamos una visión propia de los años 60. Eso se observa tanto en nuestras declaraciones como en el trabajo de nuestros alcaldes. Lo que están haciendo es preguntarse cómo pensamos la ciudad del futuro. Tomás Vodanovic, por ejemplo, ha desarrollado una gran capacidad para enfrentar los desafíos de Maipú. También en Viña del Mar, Valparaíso y Peñalolén.
Fracasos
¿Qué lecciones saca después de haber sido gobierno?
Valoro muchísimo el liderazgo del presidente Boric. Firmó el acuerdo que abrió una salida institucional a la crisis de 2019 y luego enfrentó dificultades enormes: el proceso constituyente y la derrota en el primer plebiscito. Tuvo flexibilidad para ampliar su base de apoyo e incorporar a figuras muy importantes del Socialismo Democrático a su gabinete. Además, comprendió la importancia de la seguridad. Impulsó una agenda en esa materia y creó el Ministerio de Seguridad Pública. Todavía es muy temprano, pero creo que el liderazgo de Boric y su gobierno envejecerán muy bien con los años.
No dimensionamos lo que estaba ocurriendo en la Convención Constitucional. No fuimos capaces de contribuir a conducirla hacia un resultado aprobable ni construimos una dirección política para ese proceso.
¿Qué autocrítica puede hacer el FA?
Varias. No dimensionamos lo que estaba ocurriendo en la Convención Constitucional. No fuimos capaces de contribuir a conducirla hacia un resultado aprobable ni construimos una dirección política para ese proceso. Esa es una autocrítica relevante, porque su fracaso golpeó duramente al gobierno. También fuimos débiles para transmitir a la ciudadanía los cambios que experimentamos. Muchas veces no fueron presentados como una evolución o como responsabilidad de Estado, sino como una contradicción.
Algunos analistas observan que el avance de las nuevas derechas responde una reacción contra ciertos excesos de las causas de izquierda. ¿El gobierno de Boric impulsó el crecimiento de Kast?
Eso tuvo menos relación con el gobierno y se manifestó con mayor claridad durante el primer proceso constituyente. Ciertos grupos que participaron en la Convención y que hoy ya no existen terminaron hegemonizando ese espacio sin asumir responsabilidad frente al país. El FA podría haber hecho más para conducir el proceso y dialogar con otros sectores. Quienes empujaron algunas agendas que pueden haber generado una reacción ¿dónde están hoy? ¿Cuál es su responsabilidad con el país?
Ahora bien, soy cuidadoso con ese argumento. La agenda de la ultraderecha tiene un foco ideológico dirigido a restringir los derechos de las mujeres. Una parte de ella respalda proyectos brutales, como “Escucha su corazón”. Entonces, ¿quiénes son los extremistas? Los derechos de las mujeres son los derechos de la mayoría de la población.
Todavía se recuerda su frase: “Vamos a meterle inestabilidad al sistema”. ¿Qué piensa hoy de ella?
Lo aclaré en su momento y no voy a volver sobre ello.
Nadie que prometa un paraíso terrenal, desde la derecha o la izquierda, tiene el éxito asegurado.
Se lo pregunto de otro modo, ¿las transformaciones radicales que defendía originalmente el FA quedaron en el pasado?
Uno de los mensajes más importantes del fracaso constituyente y de nuestra experiencia de gobierno es que el país apoyará las propuestas que le hagan sentido en función de sus resultados. Nadie que prometa un paraíso terrenal, desde la derecha o la izquierda, tiene el éxito asegurado. Las personas demandan soluciones concretas. Lo que no me gusta del gobierno de Kast es que sus transformaciones están marcadas por la nostalgia. Su plan económico se parece mucho al de la dictadura y su conservadurismo moral también guarda semejanzas con el que ella promovía. Son transformaciones nostálgicas de un pasado que ya no existe y ofrecen pocas propuestas de futuro.
Lula, Milei y Trump
Después de su experiencia en Brasil, ¿cómo cree que debería situarse Chile ante las tensiones entre Brasil, Argentina y Estados Unidos, cuando el gobierno parece alinearse con Trump y Milei?
Brasil es un aliado natural y un amigo histórico de Chile. Lo que hizo Milei en Brasil respecto del presidente Lula es inaceptable. Habría esperado un apoyo más explícito de nuestra Cancillería al Estado brasileño frente a sus descalificaciones, que no se dirigieron sólo contra Lula, sino también contra los poderes del Estado. Sería un grave error que nuestra Cancillería se acoplara a esa conducta.
El riesgo no se limita a Brasil y Argentina. Esto está siendo digitado por la administración de Trump, la más intervencionista en América Latina desde Nixon. Una cosa es sentirse más cerca de Estados Unidos; otra es ejecutar acciones para alinearse con Trump.
Comprendo que puedan existir sintonías entre el gobierno chileno, Milei y Trump, pero no sería bueno para el país que, como consecuencia de ellas, Chile pusiera en riesgo su relación con Brasil.
El canciller estadounidense declara que Chile es un socio estratégico y ocho días después nos suben los aranceles, cuando por nuestros acuerdos eran cero. Sería un grave error que la Cancillería siguiera alineándose con esa administración. Comprendo que puedan existir sintonías entre el gobierno chileno, Milei y Trump, pero no sería bueno para el país que, como consecuencia de ellas, Chile pusiera en riesgo su relación con Brasil.
Antes de que el FA llegara al gobierno hablaban de revisar los tratados internacionales. Después terminaron aprobándolos. ¿Cambió su perspectiva?
Hubo un cambio en la Cancillería. Yo llegué a Brasilia en 2023, poco después de que entrara en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Chile y Brasil. Es un acuerdo de nueva generación: no se limita a aranceles e inversiones, sino que incluye materias como la forma en que exportan las pequeñas y medianas empresas, la incorporación de las mujeres al comercio internacional y asuntos medioambientales y tecnológicos. Nuestra visión actual es la de un comercio internacional orientado al desarrollo.
Pero ustedes fueron críticos. Boric lideró una campaña contra el TPP-11.
Sí, y después le correspondió promulgarlo. En ese discurso hizo valer la responsabilidad republicana: había votado en contra, pero el tratado fue aprobado por el Congreso y, como presidente, debía promulgarlo. Ha existido una evolución, pero también se incorporaron nuestras preocupaciones a una nueva generación de acuerdos.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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