Culto

“La crítica es brutal con las mujeres, no sólo con las que venden más”: Isabel Allende y los prejuicios de la industria

A sus 83 años, la autora chilena presenta su nuevo libro, La palabra mágica, un volumen donde desmitifica el oficio de escritor. En rueda de prensa a la que asistió Culto pasó revista a sus rituales de escritura y su visión de la industria editorial. "Si una mujer escribe un libro El amor en los tiempos del cólera, la habrían tildado de sentimental. Le habrían dicho ‘ah, ese es un libro sentimental de mujercita’. Pero como lo escribe un hombre, García Márquez, nadie piensa eso", lanzó.

© Lori Barra

Isabel Allende sigue incombustible. A sus 83 años, cada 8 de enero se sigue sentando frente a su computador para iniciar un nuevo libro. A estas alturas ya tiene todo un mecanismo, y lo resume en un concepto: disciplina.

“Soy muy sana, para empezar, y siempre me ha sobrado energía, soy hiperactiva. Entonces necesito estar ocupada y soy muy disciplinada porque este es mi trabajo, esta es mi vida. Entonces empiezo todos mis libros el 8 de enero y cada día, menos el domingo, yo me siento aquí desde temprano a escribir. Y eso tiene prioridad, nada más tiene prioridad”.

Eso es lo que desarrolla en su nuevo volumen,La palabra mágica(Sudamericana), donde comparte aquellas experiencias que la han ayudado a darle vida a cada uno de sus libros junto con una importante dimensión biográfica. Porque esos hábitos en los que se ha desarrollado su carrera son los que también ha ido forjando su propia vida. Así lo comentó en una rueda de prensa a la que asistió Culto. Uno de ellos, se sabe, es comenzar a escribir cada 8 de enero, pero también hay otros.

Foto: Lori Barra

“El silencio interior para mí es fundamental. Y empiezo el día haciendo gimnasia, porque a mi edad, si estoy todo el día aquí sentada no me podría mover. Entonces me voy al gimnasio en la mañana, una hora, y después ya me meto aquí y no veo las noticias hasta la tarde porque si me pongo a ver el teléfono y veo todas las brutalidades que ha hecho Trump se me arruina el día”.

Así y todo, Isabel Allende comenta que con La palabra mágica lo que pretende es impulsar a aquellos que quieran escribir a que lo hagan. “El propósito de este libro, y creo que lo digo al principio, es quitarle el miedo a la gente, no sólo el miedo a escribir, sino que el miedo a leer. La mayor parte de la gente joven hoy tiene miedo de la página, porque están acostumbrados a la pantalla, lo quieren todo resumido, lo quieren todo visual. Entonces se pierde un poco el hábito y el amor por la lectura en la página, porque nos da miedo. Yo veo un libro gordo y me da miedo. A ti también. Un libro gordo da terror”.

Un aspecto que, comenta, la ayudó mucho fue el ejercicio del periodismo, el que ella vivió siendo parte de la revista Paula, en los 60. “Me acuerdo del periodismo, eso era muy importante en el periodismo: título, subtítulo, primeras líneas, porque si no atrapas al lector ahí, lo perdiste. Y eso lo trato de aplicar cuando escribo”.

Foto: Lori Barra

Eso sí, reconoció que con los años ha ido perdiendo esa “inocencia” que solo se tiene con la primera novela. “La casa de los espíritus la escribí sin saber lo que estaba haciendo. Eso fue realmente algo dictado casi desde el más allá, no sé cómo pasó. Y nunca más he tenido esa inocencia para escribir, porque cuando lo escribí no tenía idea de lo que era la industria del libro. No sabía que los libros se enseñan, que se desmenuzan, nunca había leído una crítica literaria, ni asistido a un curso, ni a una clase, ni a un taller, nada. Entonces era nada más el afán de contar, porque siempre me gustó contar y me encantaba leer. Pero eso fue todo. Nunca más volvió a ser así, porque ya me puse en contacto con ese mundo literario que es muy exigente y muy, muy fregado en muchos aspectos, especialmente para una mujer en aquella época".

¿Qué es lo que no le gusta del mundo del libro? “La falta de respeto, la competencia totalmente desleal con escritores masculinos que tenían menos disciplina y menos talento sin ninguna duda”.

En cuanto a las temáticas de sus libros, señaló que le sería muy complejo escribir una novela, por ejemplo, sobre Donald Trump. “Yo necesito la distancia del tiempo o algo tiene que separarme de los hechos para poder escribir sobre ellos. Escribí La casa de los espíritus en 1982. Estábamos en plena dictadura en Chile. El golpe militar había ocurrido muchos años antes, el exilio había ocurrido muchos años antes. Yo necesité tiempo sin saberlo en aquel momento, para elaborar todo esto, para poder verlo con la distancia y la ironía necesaria para una novela. Entonces, hoy yo no podría escribir una novela sobre Trump o sobre lo que está pasando en Estados Unidos. Creo que sería muy difícil. Puedo escribir sobre casos particulares, el caso de una niñita ciega que la separan en la frontera de su madre. Eso está ocurriendo hoy. Puedo escribir eso, pero la circunstancia mayor, la visión panorámica de lo que ocurre se necesita a distancia. No se puede desde el hoyo del huracán".

Foto: Alejandro Meter

Además abordó su compleja relación con la crítica. “Yo no controlo lo que se va a decir de mí, entonces tampoco se me van los humos a la cabeza si dicen algo bueno ni me deprimo si dicen algo malo. Ahora, la crítica es brutal con las mujeres, no solamente con los que venden más. Si una mujer escribe un libro El amor en los tiempos del cólera la habrían tildado de sentimental. Le habrían dicho ‘ah, ese es un libro sentimental de mujercita’. Pero como lo escribe un hombre, García Márquez, nadie piensa eso. Una mujer escribe una novela histórica absolutamente investigada a fondo, está hecha con cuidado y todo y tiene que competir con otras novelas muy históricas, muy inferiores, pero están escritas por hombres. Entonces la crítica es muy fuerte contra la mujer. Ahora yo creo que hay un poco más de respeto, pero en general falta de respeto".

Por supuesto, se refirió al eterno comidillo de la crítica sobre ella, de que su literatura es inferior y solo vende: “Respecto a que te acusen de vender mucho, a mí me parece que es una tremenda subestimación de los lectores. Es decir, si esta gente lo quiere leer es porque no sirve para nada, es medio ofensivo, ¿no?“.

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