Rush: “Jamás habríamos regresado si no creyéramos que podíamos tocar mejor que nunca”
Geddy Lee y Alex Lifeson, los dos integrantes de una de las bandas más inquietas de todos los tiempos, hablan con Culto de la gira que contra todo pronóstico los trajo de vuelta, de su retorno a Chile en 2027 y del recuerdo del fallecido baterista Neil Peart: “Sé que él nos está mirando y diciendo ‘son unos idiotas’”, dicen entre risas.
La segunda vida de Rush no estaba destinada a suceder. O al menos, no era lo que anhelaban los dos sobrevivientes del conjunto canadiense, el bajista Geddy Lee (72) y el guitarrista Alex Lifeson (72). “Habíamos dejado a Rush de lado en nuestras mentes y en nuestras vidas, aunque no puedes escapar del nombre, siempre vuelve a ti”, reconstruye Lee en conversación vía Zoom con Culto.
La noche del 1 de agosto de 2015 en el actual Kia Forum de Los Ángeles, California, el trío ofreció sin saberlo el último concierto con su elenco histórico, completado por el baterista y letrista Neil Peart. Luego abrieron una tregua de las grandes giras para consagrarse a sus proyectos personales y sus vidas privadas, descanso que enfrentó su golpe más letal con la muerte en 2020 del propio Peart, como consecuencia de un agresivo cáncer cerebral.
Con la tragedia en sus narices, sin el hombre que había diseñado la imaginería de la agrupación y que había convertido la interpretación de la batería en un arte, Lee y Lifeson decidieron bajar el telón de la historia de Rush y prometieron no volver jamás a la ruta si una de sus piezas estaba ausente.
“Era casi como si tuviéramos miedo de tocar nuestras propias canciones en aquel entonces, después de que Neil falleciera. Las habíamos guardado en una caja, habíamos metido la caja en un armario y habíamos intentado seguir adelante con nuestras vidas”, corrobora Lee.
Pero la música -como la propia vida- a veces camina por trayectos insospechados. El también cantante dice que hubo una “primera chispa” que torció la obstinación: fue en septiembre de 2022, cuando Lee y Lifeson fueron invitados a los masivos homenajes que se hicieron en Londres y Los Ángeles al fallecido baterista de Foo Fighters, Taylor Hawkins, donde compartieron con un numeroso grupo de artistas integrado por Liam Gallagher, The Pretenders, Queen y Paul McCartney, entre muchos otros.
Ahí ambos se presentaron junto a distintos bateristas ocupando el vacío de Peart -Dave Grohl, Chad Smith, Omar Hakim- e interpretaron clásicos de la banda como Working man o YYZ. Pero lo que era una reverencia a un tercero, terminó siendo una revelación para ellos mismos: los dos músicos se dieron cuenta que aún se sentían inflamados de vigor cuando despachaban las canciones de su vieja banda, la que ya creían extinta.
Geddy Lee continúa: “Después de esos dos conciertos, empezamos a ver nuestra música de una manera un poco diferente. Volver a tocar esas canciones delante de tanta gente y con tantos músicos diferentes, grandes músicos que nos mostraban tanto cariño, y el público estaba tan feliz cuando subimos al escenario, creo que eso despertó algo en nosotros y empezamos a darnos cuenta de que las bandas van y vienen, pero la música vive para siempre”.
-Se ha difundido la historia de que el propio Paul McCartney, presente en esos shows, habló con ustedes para convencerlos de que volvieran. ¿Cómo fue esa conversación y por qué sus palabras tuvieron tanta repercusión en ustedes?
Geddy Lee: Bueno, hay que volver a ese momento, habíamos decidido no tocar ninguna canción de Rush durante mucho tiempo, y cuando estábamos ensayando en Londres, Dave Grohl se nos acercó y nos dijo: “Oye, Paul McCartney está afuera y me preguntó si podía conocerlos porque nunca antes había conocido a alguien de Rush. ¿Quieren conocerlo?”. Ya sabes, esa es la pregunta más estúpida que se le puede hacer a un músico.
“Entró y enseguida empezamos a charlar. Y, la verdad, es una persona encantadora, muy abierta y generosa. Así que empezamos a charlar y a bromear, y eso fue todo. Cuando dimos el concierto, se quedó a vernos actuar. Nunca nos había visto tocar antes y se emocionó mucho. En la fiesta posterior, un grupo de músicos estábamos reunidos alrededor de un sofá, bebiendo un buen vino y bromeando. Él se acercó a sentarse con nosotros y lo estábamos pasando genial. Quería decirnos a Alex y a mí que, por supuesto, volviéramos a salir de gira. Ahí le dijimos: ‘Bueno, no, no, no tenemos planes de salir de gira’. Y él fue enfático, tratando de hacernos cambiar de opinión, dijo: ‘No, eso es lo que hacemos. Háganlo. Eso es lo que dice Ringo’. Así que lo mandé donde estaba Alex. Le dije: ‘bueno, convéncelo tú’. Así que Alex y él tuvieron una conversación muy divertida y, la verdad, fue muy conmovedor oírle decir esas cosas”.
Efectivamente, Alex Lifeson no estaba tan convencido de retomar funciones. Para él, Rush era un capítulo consumido, un punto aparte.
Así lo describe en este mismo Zoom con Culto: “Yo probablemente estaba un poco más reacio, trabajé en otros proyectos, como Envy of None, y estuve tocando constantemente, disfruté mucho de los conciertos de Taylor Hawkins que hicimos, fue divertido volver a juntarnos, pero no tenía prisa por volver a la carretera. Es que las giras no me entusiasmaban mucho, pero cuando Geddy y yo empezamos a tocar estas canciones, fue especial. Estábamos ensayando y, cuando empezamos a tocar los temas, yo simplemente había olvidado cómo era interpretarlos, son difíciles de tocar, son realmente desafiantes. Luego, cuando empezó a tomar forma, yo personalmente me emocioné más con la idea; quiero decir, tardé en emocionarme de verdad, pero cuanto más empezábamos a trabajar en ello, más realista se volvía la idea de volver, más me emocionaba, y luego ensayamos durante un año y medio, que es mucho tiempo de ensayos, muchísimo tiempo de ensayos”.
Ya hacia 2024-2025, los instrumentistas comenzaron con una rutina más frecuente de ensayos con miras al retorno definitivo, ahora sí aventurados en la resurrección de Rush. Finalmente, en octubre del año pasado, anunciaron la gira Fifty Something, la que los devolvería a los tours tras una década y que ya comenzó el pasado 7 de junio en el propio Kia Forum de Los Ángeles donde materializaron su último espectáculo con Peart. El mismo recorrido que pasará por Chile en 2027 con dos fechas agendadas para el 17 y 19 de enero en el Estadio Bicentenario de La Florida (entradas en Ticketmaster), en su vuelta a Santiago luego de su memorable presentación de 2010 en el Estadio Nacional.
Geddy Lee al habla: “Estamos orgullosos de tocar de nuevo nuestras propias canciones en las que habíamos trabajado arduamente. Aunque trabajamos en esas canciones con Neil, por supuesto, durante muchos, muchos años, eso nunca cambiará y nunca le faltaremos el respeto a eso, pero fue esa chispa la que nos trajo de vuelta. No fue hasta finales de 2024-2025 que mi estimado colega y yo estábamos improvisando en mi estudio y comenzamos a tocar canciones de Rush por diversión y una cosa llevó a la otra, simplemente nos enamoramos de la música y nos enamoramos de lo jodidamente difícil que es tocar esas canciones, así que era casi como si nos desafiáramos a nosotros mismos cada vez que nos juntábamos. Y luego una cosa llevó a la otra, comenzamos a hablar más seriamente del tema”.
En esta remozada versión de Rush, la nueva baterista es Anika Nilles, de 43 años, originaria de Alemania y sugerida por el técnico de bajo de Lee tras verla en una gira con Jeff Beck. Pero más allá de todo ese currículum, posee una particularidad: no es fan de Rush y nunca tocó en vivo algún tema de la agrupación.
Lifeson acota: “Anika necesitó aprender 40 canciones de Rush y no son fáciles, y necesitábamos volver a ponernos en forma. Pero para cuando terminó ese período y subimos a un escenario real, con la iluminación y el equipo y la realidad de estar tocando en vivo de nuevo, se volvió súper, súper emocionante. He disfrutado cada segundo y estoy deseando que lleguen los próximos millones de segundos”.
Amigos por siempre
Pero la historia -y el retorno- de Rush no se puede reducir al simple relato de músicos flechados por su propio virtuosismo y sus capacidades profesionales. La biografía de los canadienses es también la crónica de una amistad profunda: Lee y Lifeson se conocieron cuando apenas rasguñaban los 15 años en la secundaria, se sentaban juntos en la sala y tuvieron una química fulminante.
Tiempo después llegó Peart, con quien impulsaron una de las carreras más singulares en la historia de la música popular. En la década de los 70 hermanaron la vitalidad del hard rock con la búsqueda de las vanguardias progresivas como casi nadie lo había hecho, resistieron el desprecio de una industria y de un periodismo que nunca llegó a comprenderlos, instalaron una ética propia a espaldas de los grandes anzuelos comerciales hasta generar un culto cada vez más expansivo y dejaron que muchos se rieran precisamente de ese perfil, encarnado en las historias de sus giras compartidas con Kiss, con los estadounidenses demoliendo hoteles entre excesos, fiestas y mujeres, mientras los miembros de Rush se iban raudos a sus habitaciones para leer y acostarse temprano.
En medio, evolucionaron hasta abrazar sintetizadores, teclados y un sonido más ligero en los 80, mientras en sus líricas circulaba la ciencia ficción, la filosofía, el humanismo y los grandes tópicos de la existencia, como la soledad adolescente en Subdivisions, la libertad individual en Freewill o la alergia a la fama, la exposición y la celebridad en Limelight, inspirando a miles de jóvenes que caían hechizados ante tal imagen de creadores distanciados de los paradigmas de las estrellas de rock, casi escapados de Star Trek.
Por eso mismo, Lee y Lifeson han decidido dar entrevistas -como esta- en conjunto vía Zoom, cada uno desde su respectivo estudio en Toronto, saturados de bajos y guitarras colgados a sus espaldas, mientras a momentos torpedean el diálogo para lanzar bromas y chistes propios de su relación, en un agudo sentido del humor que contrasta con la naturaleza solemne que parece cubrir su música.
Por ejemplo, Lee está acompañado por su perra de raza Norwich Terrier, quien de pronto cae dormida y se pone a roncar. “Por momentos pensé que era mi estómago”, suelta Lifeson. Su compañero responde aún más afilado: “No, es ella, debe ser porque ya ha escuchado todas estas respuestas antes”.
-En este reencuentro, ¿qué han vuelto a aprender sobre la amistad entre ustedes? Muy pocos músicos se mantienen juntos por 60 años sin que haya existido alguna fisura.
GL: Somos amigos desde la secundaria. Diría que uno de los ingredientes más importantes de nuestra amistad es que nos reímos casi todo el tiempo que estamos juntos. Tenemos un sentido del humor muy parecido y eso nos da mucha energía.Y simplemente te hace feliz estar juntos. Es que, ya sabes, los tiempos se ponen difíciles, especialmente cuando estás de gira.
“Es mucha presión. Pero si puedes sonreír y reírte la mayor parte del tiempo, te mantienes de buen humor. Y eso es muy importante. Entonces todo se ve con más claridad. Creo que eso es clave para nosotros”.
Alex Lifeson: Eso es totalmente cierto. Creo que ese también fue el secreto de nuestra relación con Neil. Le gustaba reír y necesitaba reír tanto como nosotros. Así que pasamos la mayor parte del tiempo riendo, si podemos.
-A propósito de Neil, ¿hay alguna lección en particular que él les haya dejado y que aún resuene en ustedes cuando suben al escenario?
GL: No lo sé. No sé si hay una lección. Quiero decir, como banda, sentíamos lo mismo acerca de tocar. A todos nos encanta tocar. Pero Neil prefería ensayar a tocar en directo. Pero claro, la prueba de fuego para un músico, lo que define a un músico, es la actuación en directo. Así que creo que todos subimos al escenario con los mismos estándares.
“Pero en esta gira, él está en todas partes. Hablo de él durante toda la noche. Hay imágenes suyas en la pantalla trasera. Hemos seleccionado canciones que representan fielmente su trayectoria como letrista. Además de sus partes de batería, sus letras impregnan cada momento del espectáculo. Por eso, creo que hay momentos muy emotivos para Alex y para mí. Y hay momentos en los que simplemente no puedo borrar la sonrisa de mi cara porque sé que él nos estaría mirando y diciendo: ‘Son unos idiotas’”.
-Alex, ¿de qué manera piensa en Neil hoy?
AL: Bueno, cuando pienso en Neil ahora, solo veo su rostro sonriendo y riendo. No sé. Tenía bastante facilidad para hacerlo reír porque creo que me encontraba un poco absurdo y tal vez un poco loco. Así que me inspiro en eso al recordarlo. Y esa sensación me hizo sentir muy bien, especialmente cuando me acerqué a él durante su enfermedad. Era un tipo tan interesante.
“Era una persona muy culta y con mucha experiencia en la vida. Estar cerca de él te daba una idea de lo que pensaba. Creo que, como decía Geddy, yo también tenía un nivel de exigencia muy alto, un estándar de rendimiento tan elevado que, inevitablemente, te impulsaba a dar lo mejor de ti. Eso realmente nos unió. Sentíamos que éramos un equipo todo el tiempo”.
-En ese sentido, ¿cómo han sido los ensayos? Porque ustedes han vuelto a interpretar temas que no tocaban hace décadas, como A farewell to Kings, cuya última vez en vivo fue en 1979. ¿Se han sentido desafiados? ¿Ha sido un viaje en el tiempo, reconectar con las personas que fueron en esos años?
GL: Bueno, sí, claro, hay algo de viaje en el tiempo de por medio, porque nuestros ensayos eran intensos. Siempre hemos sido una banda que ensayaba más que ninguna otra que conociéramos, porque no soportábamos la idea de no salir al escenario y dar lo mejor de nosotros. Así que, en mi caso particular, hacía muchos años que no tocaba tanto.
“Así que fueron dos años intensos en los que me preparé para volver a tocar esas canciones difíciles. Y Alex y yo jamás habríamos subido al escenario en esta gira si no creyéramos que podíamos tocar tan bien, o incluso mejor que nunca. Y estábamos decididos a lograrlo”.
“Y luego, cuando Anika llegó por casualidad, lo entendió desde el principio al ver cuánto disfrutábamos tocando nuestras canciones. Creo que tuvo muchísimo trabajo. Y, claro, estamos hablando de alguien que no era fan de Rush propiamente tal; de hecho, nunca había tocado una canción de Rush antes de tocar con nosotros. Así que es un trabajo importante, reemplazar a alguien irremplazable. Creo que ella, cuando trabajaba desde casa, pasó un año aprendiendo más de 40 canciones. Y cuando trabajaba desde casa, era, ya sabes, un trabajo. Pero cuando se sentó en la misma habitación con Alex y conmigo, nuestro entusiasmo mutuo fue contagioso. ¿No te parece, Al?
AL: Sí, por supuesto. Absolutamente.
-Rush siempre fue una banda que creció en oposición a los cánones de la industria más oficial, aunque con gran éxito. ¿Cómo es ser Rush hoy, en una escena tan distinta a la de los 70 y los 80, dominada por las redes sociales y las plataformas digitales?
GL: Bueno, no soy un experto en la industria musical moderna, pero lo que veo no me gusta.
AL: Yo también diría lo mismo.
GL: Sabes, creo que es muy difícil para los jóvenes músicos empezar. Es muy difícil para los compositores cobrar lo que merecen. Creo que la industria musical moderna ha devaluado el arte de crear un álbum.
“Obviamente, los álbumes ya no significan lo que significaban para la industria, pero creo que aún son muy importantes para los amantes de la música. Y eso se ve reflejado en el resurgimiento y la popularidad de los fans del vinilo durante la época dorada de este formato. No quiero sonar como un viejo cascarrabias, pero es la pura verdad”.
“Cuando la música venía en discos, había que cuidarlos bien, porque si no se rayaban y no se podían reproducir. Creo que ese cuidado que había que tener con un disco fomentaba cierto respeto por él, ¿me entiendes? Y entonces, cuando era niño, sacaba un disco, lo cuidaba con esmero, lo escuchaba y miraba la portada como si fuera algo mágico. Y creo que la gente ama la música tanto como antes, pero no creo que aprecien todo el trabajo que implica crearla de la misma manera que lo hacen hoy. Alex, bueno tú haces más discos que yo…
AL: Sí, ahora es una experiencia completamente diferente en comparación al pasado. Todo el proceso fue una aventura maravillosa. Hoy es muy diferente salir a las giras, los conciertos en vivo, la grabación de un disco, estar juntos en el estudio y trabajar en las canciones. Pero son tus creaciones, están creciendo y es precioso ver la evolución de las canciones. Luego llegas a la mezcla final y todo encaja. Toda esa experiencia aún es maravillosa. No se puede comparar con nada.
-Y hablando de presente y futuro, ¿qué viene para Rush? ¿Están trabajando en canciones nuevas?
GL: No hablamos de otra cosa que no sea tocar bien cada noche. En este momento, no tenemos planes de hacer nada más que intentar sobrevivir a esta gira y llevarla a la mayor cantidad de gente posible dentro de nuestras posibilidades. Ya sabes, no somos niños, así que no podemos tocar en todas las ciudades. No podemos ir a todos los países. Simplemente no nos es físicamente posible. Por eso, nos esforzamos mucho por mantenernos con buena salud para poder tocar al máximo de nuestras capacidades cada noche. Y en eso es en lo único que pensamos.
En el futuro está el reencuentro con Chile en 2027. ¿Cómo recuerdan aquella noche de 2010 en el Estadio Nacional?
AL: Oh, fue increíble. Fue asombroso. Fue un público enorme la primera vez que tocamos en Chile. La multitud y todo aquello, podía ver gente llorando entre el público. Estaban muy emocionados de que estuviéramos allí. Recuerdo que el cielo parecía del tamaño del estadio. Fue una noche mágica. Disfruté muchísimo de los días que pasé en la ciudad viajando. Conocí a gente nueva y fue una experiencia maravillosa. Estamos deseando volver.
GL: Sí, recuerdo que eso fue justo después de que rescataran a los mineros. Y eso se sentía en el ambiente, así que había una especie de atmósfera eléctrica aparte de que estuviéramos tocando. El país estaba contento de que estas personas se hubieran salvado, las que sacaron de ese lugar. Me alegra mucho estar de regreso. Fue una experiencia inolvidable.
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