Carlos Franz, escritor: “Considero que mi obra no es inferior a la de ninguno de los otros postulantes”

Foto. AP

Con el respaldo de Jorge Edwards y Antonio Skármeta, el autor de la Nueva Narrativa se presentará al Premio Nacional de Literatura, mientras prepara una novela distópica ambientada en Madrid.


Es el escritor más galardonado de su generación, la llamada Nueva Narrativa chilena. Carlos Franz (59) se dio a conocer en los 90 junto a los autores Alberto Fuguet, Jaime Collyer y Arturo Fontaine. Incluso, con alguno de ellos terminó en el mismo taller, como ocurrió con Gonzalo Contreras, ambos partícipes de las tertulias literarias en el hogar de Mariana Callejas, en Lo Curro, la agente de la Dina y esposa de Michael Townley.

Su pasión por la literatura llevó a Carlos Franz, a los 14 años, a ingresar al taller del escritor y periodista Guillermo Blanco. Más tarde, estudió Derecho en la U. de Chile y se convirtió en pupilo de las reuniones en casa de José Donoso, en cuyas sesiones trabajó su debut literario, Santiago cero (1988), que obtuvo el premio Latinoamericano de Novela CICLA.

Finalista en 1996 del premio Planeta con su novela El lugar donde estuvo el paraíso, alcanzó el reconocimiento internacional con El desierto, narración que obtuvo el premio La Nación-Sudamericana, en 2005, donde aborda el tema del exilio, la tortura y la culpa.

Su última novela, Si te vieras con mis ojos, publicada en 2015, ambientada en el siglo XIX, une a personajes históricos como el pintor Rugendas y el científico Charles Darwin: alcanzó el premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa 2016. Del ejemplar apuntó el premio Nobel peruano: “Su construcción es muy moderna, por los saltos temporales entre el pasado y el futuro con que transcurre, y el audaz punto de vista en que está narrada”.

Ahora Franz, quien fue agregado cultural en España (2006-2010) y es desde 2013 miembro de la Academia Chilena de la Lengua, se presentará al Premio Nacional de Literatura, en un año en que por primera vez será otorgado por el Ministerio de las Culturas y que tiene entre sus candidatos a Diamela Eltit, Germán Marín, Roberto Merino, Enrique Lafourcade y Hernán Rivera Letelier.
Franz cuenta con el respaldo al Nacional de los autores chilenos Jorge Edwards, Oscar Hahn y Antonio Skármeta; la española Rosa Montero; Sergio Ramírez, premio Cervantes; la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y la Cátedra Vargas Llosa.

¿Cómo surgió la idea de postular al Nacional?

Nunca se me ocurrió hacerlo. El poeta Oscar Hahn, que recibió el Premio Nacional, me animó a postular porque admira algunas de mis obras. Y como yo lo admiro a él tuve que salir de mi escepticismo habitual y considerar su propuesta. Ahora, cuando veo esos respaldos a mi obra: dos Premios Cervantes, tres Premios Nacionales, una escritora Premio Nacional de las Letras españolas… Bueno, me siento muy agradecido y comprometido. Pero esos respaldos tan valiosos no son lo esencial. La mejor recomendación para un autor es la que hacen sus propias obras. Por eso confío en que el jurado lea a fondo los libros de todos los candidatos y decida conforme a lo que dicen esas obras.

¿Qué aspectos destaca de las obras de los otros candidatos?

Los he leído a todos. Cada uno tiene sus méritos, muy diferentes entre sí. Pero prefiero no entrar en detalles. Aunque hablara bien de ellos podría malinterpretarse lo que diga. Lo que si diré es que considero que mi obra no es inferior a la de ninguno de los otros postulantes.

Como miembro de la Academia, ¿qué opina cuando se quiere imponer un lenguaje inclusivo?

El lenguaje cambia cuando la sociedad cambia. El poderoso movimiento feminista actual terminará por influir en el lenguaje. Pero influir es legítimo y democrático, mientras que pretender “imponer” es intolerante. Por lo mismo, no puede cambiarse el diccionario a la fuerza. El diccionario recoge las palabras cuyo uso es frecuente y extenso. Si el machismo es frecuente y extenso en Iberoamérica y España así aparecerá reflejado en el diccionario. Pedir que un espejo mejore la realidad, en lugar de reflejarla, es un rasgo de pensamiento mágico contraproducente para la causa feminista.

¿Sigue dialogando con los autores de su generación?

Con algunos de ellos. Pero luego de años viviendo fuera de Chile, también leo y converso con muchos de otros países. Por lo demás, el término “generación” es una categoría mental más bien juvenil. Con la madurez nos damos cuenta de que también somos contemporáneos con gente de más y menos edad. Y asimismo comprendemos que las afinidades generacionales son menos importantes que el coraje. Sin importar sus edades u orígenes, admiro a quienes han tenido la valentía de seguir un camino propio. Admiro a quienes se atreven a la soledad. Y a la postre los solitarios también formamos una especie de grupo, desperdigado.

Su última novela transcurre en el siglo XIX. ¿Volvería a realizar un trabajo similar?

Esa novela me ha dado muchas satisfacciones. Obtuvo el premio Vargas Llosa, el más importante para una novela en español. Se está traduciendo al alemán y al japonés… Quizás me convendría seguir por ese camino. Pero no lo haré. Me aburre repetirme. Todas mis novelas son muy diferentes entre sí. Me gusta buscar nuevos temas y nuevos estilos apropiados a esos temas. Esa búsqueda añade muchas dificultades a la escritura. Pero también me estimula ponerme desafíos y me divierte.

¿Prepara un nuevo libro?

Sí, escribo -con mi lentitud habitual- una nueva novela. Una vez más ésta será muy distinta. Ocurre en Madrid, en un futuro próximo y algo distópico. Para entonces las señales de un posible apocalipsis editorial y literario, que a veces tememos, se habrán concretado. Las novelas comerciales serán escritas por robots; algunos escritores vivirán en catacumbas. Pero no me interesa el futurismo, sino lo que eso dice de nuestros miedos presentes.

Seguir leyendo