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Adaptación: cómo el grupo La Ley preparó uno de los discos más sólidos de su carrera

<P> La banda habla con <B>La Tercera</B> de la elaboración de su álbum editado en abril, el primero en 13 años. </P>

En 2014, los tres integrantes de La Ley arrendaron un estudio en Los Angeles, se refugiaron durante una semana, se miraron de frente y empezaron a improvisar con sus instrumentos bajo un axioma tan pagano como fundamental: "Queríamos ver si había onda".

"Tras volver a tocar ese año, no teníamos claro sí queríamos hacer un nuevo álbum. No sentíamos esa necesidad. Cuando empezaron a resurgir las ganas, nos juntamos en ese estudio simplemente a tocar, a ver cómo nos sentíamos de nuevo", recuerda Beto Cuevas. "Son cosas súper simples, pero al final del día son las más importantes: si en esa circunstancia uno no tiene onda, hay que olvidarse, chao, no empujar un proyecto por conveniencia. Es limar asperezas, pero también sentir que el engranaje va para el mismo lado. Si no hay química, no hay nada. Y aquí hubo de manera inmediata", se suma el guitarrista Pedro Frugone, en torno a la cuna de Adaptación, el nuevo álbum de los chilenos, estrenado en abril y que escala entre lo más consistente de su catálogo.

Una virtud nada menor que se fundamenta en un disco en preciso balance entre esas guitarras y programaciones robustas y algo lúgubres que caracterizaron a La Ley más histórica, y el ritmo más acelerado de los nuevos tiempos. Por lo demás, el resultado no sólo ahuyenta las sospechas que merodean las resurrecciones discográficas; también se trata de una pequeña victoria tras Libertad (2003), su último trabajo con material inédito, una suerte de paso en falso que palidece frente al resto de su discografía. Al menos en el papel, el antecedente inmediato no brillaba por cuenta propia.

"En ese disco veníamos de todo un cansancio psicológico de lo sucedido en los diez años previos, como la muerte de Andrés (Bobe) o las partidas de Luciano (Rojas) y "Coti" (Aboitiz). Eran épocas muy tormentosas, de mucho carrete. Por tanto, tenía olor a final. De hecho, decidimos separarnos luego de la promoción de Libertad en 2003: estábamos en Nueva York, culminamos una tanda de entrevistas, nos juntamos en una habitación y hablamos de disolvernos dos años después, para que no fuera algo tan arrebatado", describe Cuevas.

Eso sí, los tres músicos coinciden casi al unísono que Adaptación no tuvo como brújula ningún registro previo del conjunto. "No, en lo absoluto. Puede sí que tenga cosas de cada álbum que hemos hecho, un trozo de cada uno, por eso suena tan diverso", explica Frugone, a lo que el baterista Mauricio Clavería acota: "No queríamos que se pareciera a nuestros trabajos anteriores. Si habíamos pegado un tema como El duelo, no había para qué hacer un El duelo 2016. Yo no sé lo que va a pasar con La Ley en el futuro, pero sí sé a lo que jamás tenemos que volver: a repetir una fórmula de algo que ya fuiste".

En esa labor, los hombres de Tejedores de ilusión tardaron casi dos años en culminar la obra. De hecho, llegaron a escribir 35 canciones, pero al filtro definitivo sólo llegaron 12. Una tarea donde sus dos productores, el franco-estadounidense Jean-Yves "Jeeve" Ducornet y el argentino Guillermo Porro, ejecutaron un rol esencial. "Soy más de la vieja escuela y creo que los discos deben tomar su tiempo. Si íbamos a volver con uno nuevo, tenía que ser uno bueno, no uno regular", completa Clavería.

Al minuto de evaluar, el título abre con Reino de la verdad, pop estandarizado para el coro de estadios, mientras Guerras de amor o Rompe el muro los exhibe tras un sonido más juvenil y de pulso dance, aunque aferrado a guitarras y percusiones. Child es un track en inglés donde Cuevas despliega toda su exuberancia interpretativa ("la escribí tras un problema personal que me contó mi hijo", cuenta); en tanto Horas retoma la electrónica bajo una frase cogida del Luca Prodán más furibundo: "No sabes lo que quieres/tampoco lo que tienes/pero lo quieres ya".

En paralelo al acierto discográfico, La Ley vivió en abril una instantánea para despuntar orgullo. En un show en Los Angeles, el realizador Quentin Tarantino apareció entre el público y terminó con la banda arriba del escenario. Ya en camarines, junto a la foto de rigor, les contó que su novia -ex pareja del bajista de Scorpions que habitualmente iba a los conciertos de los chilenos- lo había invitado y que incluso hace un tiempo le tradujo las letras de las composiciones al inglés.

"El compró su entrada y me contó que en un momento se interesó por saber lo que decían las letras, para saber de qué hablaban. También nos comentó que en las primeras filas había una chica grabando con su celular, pero él le indicó que lo mejor era hacerlo de otra manera. ¡Ella nunca se dio cuenta que Tarantino le estaba dirigiendo su video!", cierra Cuevas, en una anécdota que retrata que, en el caso de La Ley, las segundas partes sí pueden narrar tramas felices.

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