Joaquín Lavín: "El 'cosismo' hizo competitiva a la centroderecha"
<P>El dos veces presidenciable Joaquín Lavín irrumpe en la discusión sobre las ideas del oficialismo. En contraste con la visión expuesta por el senador Jovino Novoa, el ministro de Desarrollo Social reivindica el valor de la gestión y de los carismas en política, y pide no sobreestimar los debates ideológicos.</P>
El debate sobre el ideario que rige al oficialismo -que decantó tras la publicación de varios textos referidos al tema- puso en el centro de la discusión al gobierno, luego de que el fin de semana pasado el Presidente Sebastián Piñera criticara el contenido del libro La fuerza de la libertad. Ahí, el senador UDI Jovino Novoa asegura que el sector se ha "desdibujado" y apunta al gobierno por abrazar ideas de izquierda "como si fueran propias".
El ministro de Desarrollo Social, Joaquín Lavín, ha seguido de cerca la discusión. El dos veces presidenciable, que en sus campañas puso como foco la importancia de la gestión, hoy reafirma esa convicción. "La gente vota más por carismas que por ideologías", sostiene el ex alcalde de Las Condes y Santiago, cuya postura contrasta con la que defiende Novoa en su libro y sintoniza con el titular de Economía, Pablo Longueira, quien hace dos semanas aseguró que el gobierno ha sido "muy coherente" con las ideas de la UDI.
"A medida que se fue alejando el fantasma del gobierno militar, la gente comenzó a darse cuenta de que los proyectos de sociedad de la Concertación y lo que hoy es la Coalición por el Cambio no eran tan antagónicos. Y eso coincidió con que comenzó a valorarse cada vez más la capacidad de gestión. Y pese a la discusión que hay hoy día, eso se mantiene. A mí me parece muy bien que aparezcan estos libros, porque tiene que haber un debate de ideas. Pero no hay que sobreestimar el debate ideológico. La gente sigue votando por las personas y sus carismas. No en vano Michelle Bachelet y Laurence Golborne están donde están", sostiene el titular de Desarrollo Social, que en el último tiempo leyó el libro de Novoa y El regreso del modelo, del director ejecutivo de LyD, Luis Larraín, y Chile camino al desarrollo, del titular de la Segpres, Cristián Larroulet.
En su partido dicen que esta administración gobierna con banderas de izquierda.
Es una afirmación equivocada. El crecimiento de la centroderecha en Chile -y en particular la UDI, que pasó de ser un partido arrinconado, a comienzos de los 90, a ser el más grande de Chile- en gran parte tiene que ver con esta nueva manera de hacer política que hoy tanto se critica. Y hoy, si uno mira objetivamente lo que ha hecho este gobierno, el carácter de centroderecha está muy marcado. Ahí está el Ingreso Etico Familiar, donde le decimos a la gente que tendrá acceso a ciertos recursos si se cumplen ciertos deberes, porque creemos en una sociedad de derechos y deberes. O dar un Bono Bodas de Oro, que premia a los matrimonios estables que permanecen 50 años juntos. Eso está mucho más en la esencia nuestra que en la de la Concertación, porque supone jugarse por la familia. Ellos tampoco habrían creado 60 liceos de excelencia, porque la meritocracia y el premio al esfuerzo está mucho más enraizado en las ideas de nuestro sector que en la oposición. Entonces, a uno pueden no gustarle ciertas medidas específicas, pero a un gobierno hay que juzgarlo por el promedio de lo que hace, porque en democracia un gobierno lo que hace es dar un lento viraje a sus ideas más profundas.
Una de las tesis centrales del libro de Novoa es que la derecha se ha desdibujado, que le falta contenido.
Creo que es una tesis equivocada, porque en la centroderecha y en este gobierno hay un contenido profundo, y las medidas que menciono dan cuenta de este contenido. Creo que la defensa ideológica no corresponde tanto a los partidos políticos, sino que a las ONG, a las fundaciones, a los institutos. Así es en países como Estados Unidos, donde las acciones de esas instituciones han generado un cambio. Y es probable que en Chile, aun cuando sean cambios lentos, se vaya avanzando nuevamente a una política ideologizada, porque las dinámicas del voto voluntario son distintas a las del voto obligatorio. Con primarias, por ejemplo, los pequeños grupos de influencia pueden provocar cambios de escenario. Pero probablemente avancemos hacia eso, y es probable que fenómenos como el del Tea Party se produzcan en Chile.
Pero, a juicio suyo, el debate ideológico debe quedar circunscrito en este ámbito, no en los partidos políticos.
Los partidos y los candidatos tienen que ser competitivos, porque está en su esencia llegar al poder. Obviamente hay que llegar al poder para algo. He sido partícipe de esta historia en los últimos 25 años, siento que hemos llegado al poder para hacer realidad nuestro ideario, y creo que eso se está notando firmemente en las políticas sociales, en el crecimiento del país. Este cambio que siempre soñamos hoy es realidad en oportunidades para la gente en empleo y educación. Por otra parte, no siento que esté en riesgo el modelo, lo que queda de manifiesto en que personas como Camila Vallejo y Giorgio Jackson sean candidatos a diputados. Es el triunfo del modelo, porque ellos dejan la calle para entrar al Congreso.
En un eventual gobierno suyo, ¿usted hubiera aplicado las mismas políticas que está realizando Piñera, algunas de las cuales generan rechazo en su propio partido?
Nunca hay que hacer política ficción, pero obviamente que hoy el gran predicador de las ideas de centroderecha es el propio Sebastián Piñera. Me siento muy representado por lo que él dice, que es lo mismo que ha dicho Pablo Longueira.
En su libro, Novoa señala que la estrategia que lo llevó a usted a estar a un paso de ganar la presidencial 1999 le ha hecho mal al sector, porque termina anteponiendo la acción a las ideas.
Creo que, justamente, lo que hemos hecho es lo que posibilitó el crecimiento de la centroderecha. No olvidemos que Chile era el país de los tres tercios. Y en un minuto pasó a ser el país de las dos mitades, una más grande que la otra, pero finalmente la mitad que en su momento era más chica también llegó al gobierno. Cuidado con autoflagelarnos tanto, porque la preocupación por la gestión y los problemas concretos de la gente posibilitó el gran crecimiento de la UDI y la llegada de nuestro sector al poder.
¿Usted sigue creyendo que la "preocupación en los problemas reales de la gente" es la vía para impulsar cambios en política u hoy tiene alguna autocrítica?
El crecimiento de la UDI se debe a muchos factores, como el surgimiento de una derecha popular de la mano de Longueira, o la misma fuerza de Novoa defendiendo los principios. Pero obviamente que también obedeció a lo que hoy algunos peyorativamente llaman el "cosismo", que tenía un significado profundo, que era poner las autoridades al servicio de las personas. Hoy tiende a descalificarse esa etapa, pero fue lo que transformó a la centroderecha en una alianza competitiva. No en vano hasta 1999 perdíamos por lejos todas las elecciones, y esa vez llegamos por primera vez a segunda vuelta.
Usted coincide con Piñera, quien dijo que los planteamientos de Novoa corresponden a una lógica de guerra fría. ¿Qué referencias deberían existir ahora?
No es coincidencia que dos ministros de la UDI como Longueira y Evelyn Matthei hayan encabezado la defensa de los consumidores y de los trabajadores. Esos temas son propios de la centroderecha moderna, y uno los ve en otras centroderechas del mundo. Igual que el jugarse por más democracia, que ha encabezado Cristián Larroulet. Las ideas de centroderecha son mucho más que el tema de la libertad económica e implican muchos otros factores.
En el texto de Novoa se plantea que la lucha contra la desigualdad es uno de los puntos donde la derecha se ha dejado llevar por el discurso de la izquierda, porque -a diferencia de la pobreza- se trata de una condición propia de la naturaleza humana. ¿Pueden convivir esas visiones?
Lo que pasa es que en el Chile de comienzos de la década del 90, donde había un 40% de pobreza, obviamente que el tema clave era ese. Pero en el Chile de hoy, donde la pobreza es de 14,4% y la pobreza extrema es de 2,8%, la política tiene que ser mucho más que el combate a la pobreza, porque además surge una clase media cada vez más grande, a la que hay que responderle. La lucha contra la pobreza y el combate a la desigualdad no son contrapuestos, al contrario. En la medida en que hay crecimiento económico y creación de empleos, baja la pobreza y baja la desigualdad. Y eso está pasando ahora.
¿Pero comparte la idea de que la desigualdad no es el objetivo a combatir?
Estamos confundiendo dos cosas. Una es la desigualdad en las oportunidades y otra es la desigualdad en los resultados finales. Estos últimos están afectados por los esfuerzos personales y miles de otras razones. Pero lo que un gobierno de centroderecha no puede dejar de hacer es jugársela por eliminar la desigualdad en las oportunidades.
¿Coincide con quienes creen que el debate sobre las ideas en la UDI es finalmente la disputa de liderazgo entre Novoa y Longueira?
Puede haber diferencias, pero, a la larga, en la UDI estas diferencias siempre han existido y se han procesado muy bien. Paradójicamente, este partido, que algunos creen muy ideologizado, ha sido uno de los más pragmáticos. Y eso viene del propio Jaime Guzmán: sin transar los principios más profundos, siempre ha habido pragmatismo en las estrategias.
Lo que se refleja muy bien en la elección de Laurence Golborne como candidato presidencial del partido.
Prefiero no referirme al tema presidencial, tengo un compromiso de neutralidad que prefiero cumplir.
Con todo, el debate ideológico entre las posturas de Novoa y Longueira es inédito para un partido como la UDI.
Me parece muy bien, porque cuando uno está en política, tiene que preguntarse todos los días para qué y cómo lo estamos haciendo. Y es lógico que cuando falta un año para que termine el primer gobierno de centroderecha desde el retorno a la democracia, se abran debates como éste. Y está bien. Pero no sobredimensionemos la importancia de las ideologías, porque seguimos viviendo en una sociedad en que los carismas personales son muy importantes.
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