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La Noche de Enfrente: la película que se convirtió en su obra póstuma

<P>Rodada en Santiago entre marzo y abril, el cineasta trabajaba actualmente en su montaje.</P>

Era un título especial. Su primera película financiada íntegramente en Chile desde Palomita Blanca (1973) y la siguiente luego de Misterios de Lisboa (2010), el filme en que se le detectó el cáncer al hígado y que obligó a su trasplante.

Con el ritmo frenético de siempre, Raúl Ruiz trabajaba en París en el montaje de La noche de enfrente, basada en cuentos del escritor chileno Hernán del Solar, mientras ya planeaba sus nuevos proyectos: Las líneas de Wellington, El niño que enloqueció de amor y hasta una segunda parte de Misterios de Lisboa. "Si es que sigo vivo", como le dijo con su habitual humor a La Tercera en marzo.

"(El guión) tiene diálogos muy precisos, donde realmente eran esos y no otros. Y es muy rica, llena de imágenes de lo que fue nuestro país en los años 50", recuerda el actor Sergio Hernández, quien personifica a un jubilado que espera su muerte y que se enfrenta a una ciudad irreal y onírica, donde revive episodios de infancia, los que no se sabe si fueron reales o producto de su fantasía.

Aprovechando que el trasplante iba bien y revitalizado con el estreno en enero de la obra teatral Amledi, el tonto (en Santiago a Mil), Ruiz rodó en apenas un mes esta historia (protagonizada, además, por el francés Christian Vadim y Valentina Vargas) en que confluyen tres relatos de Del Solar: Pata de palo, La noche de enfrente y Rododendro.

Pero si bien el trasplante fue exitoso, la salud de Ruiz seguía delicada. Por ello no pudo rodar en Antofagasta como era su deseo y debió concentrar su trabajo en un estudio de Santiago, mientras los exteriores eran registrados en la nortina ciudad. Como recuerda Hernández, "tenía que cuidarse mucho. Aunque bromeaba con que el hígado que le habían puesto era de un negro de 32 años y por eso se sentía muy potente en todo sentido. Decía que sentía una fuerza espectacular que no había sentido nunca", cuenta.

El actor explica que la mayor dificultad fue el trabajar con un croma (recorte de imagen) para situar a los personajes en los exteriores rodados en Antofagasta. "El proceso fue bastante complejo y el croma es algo que nunca había hecho en su vida", recuerda. "Pero por lo que vi se veía maravillosa, fantástica. En la última reunión que tuvimos, Raúl dijo que quería estrenarla en el segundo semestre, pero había ideas de llevarla primero a festivales como Rotterdam o Berlín", cuenta.

Hernández era un viejo conocido del director, ya que protagonizó su primera cinta en Francia: Diálogo de exiliados, y estuvo en Secretos, de su mujer, Valeria Sarmiento. "Tenía un potencial impresionante para crear. Era un inventor del momento e improvisaba muchísimo. En esta película se acordaba de conversaciones antiguas que tuvimos".

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