Tecnología

Niñeces y juventudes en Internet

Frente al aumento del ciberacoso y la violencia digital, especialistas advierten que la solución no es desconectar a las infancias. Esto reflexiona en su columna Sofía Flores Villagrán, académica de Terapia Ocupacional UNAB e investigadora de la ONG Amaranta.

Niñeces y juventudes en Internet

Hace algunos días la Defensoría de la Niñez socializó un informe llamado “Responsabilidad del Estado y las empresas como garantes de los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes en el entorno digital”, visibilizando la importancia de reconocer cómo los espacios digitales habitados por niñas, niños y adolescentes pueden y deben ser espacios en los que se garanticen y se promuevan sus derechos.

Lo relevante de este informe es cómo se posiciona desde el hacernos responsables y participar de la protección de derechos incluso en los espacios digitales. Porque sí, Internet y las distintas plataformas digitales hoy forman parte de nuestro día a día, y están siendo habitados por de niñeces y juventudes, entonces se hace clave acompañar en cómo habitar estos espacios de manera segura y respetuosa, pero este saber habitarlo depende de todas y todos, por lo que debe transformarse en una tarea y responsabilidad compartida.

Hoy Internet permite acceder al conocimiento, educarse, entretenerse, acortar brechas de distancias geográficas, participar socialmente, incluso nos permite explorar nuestra identidad en estos espacios digitales. Por lo mismo, hablar de alfabetización digital y acceso a Internet también es hablar de derechos. Sin embargo, el garantizar estos derechos implica preguntarnos cómo las personas adultas, las comunidades, las instituciones, el Estado y las plataformas estamos acompañando este proceso ¿lo hacemos? ¿o el habitar Internet ha sido intuitivo y de manera autodidacta?

El que se nos convoque a hablar de Internet, cómo lo habitamos y el asumir responsabilidades no nace de la nada. Esto surge de la necesidad de reconocer que hoy estos espacios también tienen riesgos y también es posible ver vulnerados nuestros derechos. La violencias están cambiando y habitando otros espacios, hoy hablamos de Internet como un espacio que ha permitido amplificar violencias, entendiendo que estas ya no sólo se viven en nuestro día a día, sino que también atraviesan las rrss o la digitalidad.

Dentro de estas violencias aparecen el ciberacoso, la difusión de imágenes sin consentimiento, discursos de odio en Internet, la suplantación de Internet, el grooming (cooptación de menores de edad), entre otros. Son este tipo de violencias a las que se pueden ver enfrentadas niñeces y juventudes y este aumento ha generado preocupación pero también ha invitado a asumir responsabilidades al respecto.

Muchas veces, la primera respuesta es prohibir el uso de redes sociales, cortar el acceso a Internet o culpar a adolescentes por los contenidos que están consumiendo. Pero la solución no pasa por desaparecer de los espacios digitales, ya que la realidad es mucho más compleja, y lo que pasa en las redes sociales impacta en quienes las habitamos, generando situaciones de malestar y/o incluso generándose vulneraciones.

El desafío entonces no es alejarles de estos espacios digitales, sino aprender a acompañar de manera segura, crítica y respetuosa.

Como terapeuta ocupacional e integrante del equipo profesional de ONG Amaranta, hemos podido reconocer que las violencias digitales tienen impactos reales en la salud mental, la autoestima y las formas de participación de niñas, niños y juventudes.

Los actuales datos son preocupantes y por ello, nos invitan a asumir responsabilidades. Una investigación desarrollada por Amaranta junto a ONU Mujeres evidenció que el 35% de las niñas que ha vivido violencia digital señaló haber recibido fotografías de genitales por parte de desconocidos, cifra que aumenta al 53% en adolescentes entre 15 y 18 años. Además, 1 de cada 10 niñas y adolescentes que vivió violencia de género digital pensó en hacerse daño tras el ataque.

Esto nos recuerda algo fundamental: las violencias digitales no son “menos reales” por ocurrir en Internet, por el contrario, afectan directamente el bienestar emocional, la seguridad, la autoestima y la manera en que niñeces y juventudes se relacionan consigo mismas y con otras personas.

Como Amaranta nos encontramos educando a familias y comunidades, reconociendo que es clave el brindar un acompañamiento situado en las etapas del desarrollo. Durante las primeras infancias, el rol de personas adultas es explorar junto a niñeces los espacios digitales, acompañar, conversar y habitar Internet en conjunto. Más adelante, durante la preadolescencia, aparece la necesidad de supervisar y resguardar, ayudando a identificar espacios seguros y confiables. Y ya transitando a la adolescencia, el desafío es orientar y acompañar hacia una autonomía progresiva, fortaleciendo el criterio y las herramientas para desenvolverse en estos espacios.

Porque acompañar no significa vigilar permanentemente, sino que significa construir confianza, diálogo y herramientas para que niñeces y juventudes puedan habitar los espacios digitales de manera más segura pero también autónomamente.

Hoy más que nunca necesitamos comprender que los cuidados también deben brindarse en los espacios digitales y el Internet. Construir espacios digitales más seguros no es una responsabilidad individual, sino una tarea colectiva que requiere educación, acompañamiento, pero por sobre todo compromiso social.

Lee también:

Más sobre:EducaciónInternetCiberacosoRedes socialesDefensoría de la NiñezGroomingDiscursos de odioprotección de datos y privacidad infantilbienestar emocional en entornos digitales

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE