La resaca tras la caída de Beyer
<P>La destitución del ministro de Educación cristalizó un clima de crispación política que inquieta al bacheletismo. En el gobierno, en tanto, asumen que el Congreso puede convertirse en terreno poco fértil, pero redoblarán esfuerzos para poner presión a los sectores moderados y agudizar las tensiones al interior de la Concertación.</P>
Jueves 18 de abril, 12 horas. En el despacho presidencial, Sebastián Piñera, todo el gabinete y varios funcionarios realizan un homenaje a Harald Beyer. El Mandatario y algunos ministros agradecen su gestión y lanzan arengas para levantar el alicaído ánimo de las huestes oficialistas, tras la acusación constitucional sentenciada el día anterior. Otros ministros dirigen sus dardos a la Concertación, por lo que entienden fue una maniobra "politiquera" sin fundamento jurídico. Uno de los últimos en hablar es Jaime Mañalich, quien apunta directamente a Michelle Bachelet. El titular de Salud habla de "traición", recordando la colaboración que Beyer le brindó a la ex mandataria tras la crisis de los "pingüinos" de 2006, al unirse a una de las comisiones asesoras que integró bajo esa administración.
La escena -relatada por miembros del gabinete- ilustra en parte el enardecido clima de confrontación que se instaló apenas concluyó el juicio político del miércoles en el Senado. Esa misma noche, el timonel de RN, Carlos Larraín, señaló que "la guerra está declarada", tras la votación de la Cámara Alta. La ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, en tanto, desplegó entre miércoles y jueves una dura ofensiva pública contra Bachelet, a quien acusó de digitar la acusación contra el ex ministro.
Las críticas a la candidata concertacionista -a las que también se sumaron los ministros Andrés Chadwick y Cristián Larroulet, entre otros- no eran casuales: buscaban traspasar los costos de la caída de Beyer a la oposición y a su principal referente. El plan había comenzado a desarrollarse días después de que la Cámara de Diputados diera curso al libelo, a comienzos de abril, cuando el Ejecutivo tomó nota del escaso margen que tenían para revertir la mayoría opositora en la Cámara Alta. Y se reforzó durante la revisión de la acusación constitucional, cuando los senadores de la Concertación -a juicio del gobierno- comenzaron a resentir la ofensiva comunicacional del gobierno, que se concentró en cuestionar las falencias formales del texto acusatorio presentado por los diputados Marco Antonio Núñez, Fuad Chahín y Manuel Monsalve (resumidas en que el libelo formulaba cargos por delitos atribuibles al ministro del Interior), y la falta de autoridad moral de la oposición para castigar una fiscalización al lucro que bajo sus gobiernos tampoco se realizó.
En esa misma lógica, el gobierno respaldó la decisión de Beyer de llegar hasta el final y no renunciar, pues entendía que, de esa forma, evitaba que la oposición lograra el doble premio de sacar al ministro y no pagar los costos políticos de la destitución.
El día que se concretó la caída de Beyer, Bachelet llegó a la sede de su comando poco antes del mediodía. Mientras caminaba a su despacho en la vieja casona de calle Tegualda, en Providencia, pudo escuchar brevemente la intervención de uno de los senadores en el Congreso, pero no le prestó mayor atención.
El jueves, sin embargo, en el bacheletismo se instaló una fuerte preocupación por que la ex mandataria no apareciera como un elemento decisivo en la caída de Beyer, como se planteaba en el oficialismo. Ese factor terminó rompiendo una "regla de oro" desde su regreso a Chile: no involucrarse en refriegas con el gobierno, menos en temas coyunturales.
Desde su comando, la ex mandataria respondió a las acusaciones de Matthei, en su primer enfrentamiento directo a una crítica del gobierno. "Lamento que autoridades de gobierno o personas del oficialismo hagan declaraciones falsas y sin fundamentos... Me sorprende de la ministra Matthei, pues ella me conoce bien y conoce a mi falimia", afirmó Bachelet, quien 10 días antes había optado por no contestar al Presidente Piñera cuando la llamó a responder por los éxitos y fracasos de su gobierno. "Paso", dijo esa vez.
Con todo, la estrategia de eludir públicamente un pronunciamiento de fondo sobre la acusación constitucional impulsada por diputados de oposición la había tomado poco antes de regresar a Chile, el 27 de marzo. El libelo provocaba fuerte inquietud en el entorno bacheletista, pues introducía un factor de polarización política en momentos en que se iniciaba la campaña electoral y dividía aguas, incluso, al interior del conglomerado opositor. Pero, aun así, aseguran miembros del comando y parlamentarios opositores, la decisión del equipo de la candidata fue que no intervendrían ni a favor ni en contra de la acusación. En el bacheletismo entendían que aunque la ofensiva en el Congreso incomodaba el establishment de la oposición, había adquirido una dinámica difícil de parar.
La decisión ni siquiera fue comunicada a los dirigentes opositores. De ésta se enteraron el jueves 23 de marzo, luego de que uno de los diputados acusadores llamara al secretario ejecutivo del comando, Rodrigo Peñailillo, para saber si el bacheletismo había dado instrucciones a Jaime Quintana de bajar el libelo contra Beyer. Ese mismo día, cuando la candidata aún estaba en Nueva York, el timonel del PPD había criticado la acusación. Quienes conocen ese diálogo señalan que Peñailillo le dijo al diputado que Bachelet no intervendría en una facultad privativa del Congreso.
El 1 de abril, ya en Chile, Bachelet se adelantó a las movilizaciones anunciadas por los estudiantes y anunció que su primer proyecto de ley sería el "fin del lucro".
Hoy, en el comando de Bachelet y en la Concertación existe un análisis coincidente respecto del efecto político de la destitución de Beyer. Se habla de una derrota para el gobierno y un paso favorable a la Concertación en su esfuerzo por ganar la esquiva confianza de los movimientos estudiantiles y sociales. En el bacheletismo, sin embargo, tienen claro que no tendrá efectos positivos reales en la campaña electoral. Y que, por el contrario, se abrirá un escenario de incertidumbre sobre una escalada en la polarización política.
"Me parece que los climas de crispación no son los necesarios y no son los adecuados cuando uno busca avanzar en problemas de nuestra sociedad", afirmó Bachelet el jueves.
El clima confrontacional se instaló en el Senado apenas se inició la sesión del martes, donde expondrían los diputados acusadores y la defensa, encabezada, al igual que en la Cámara Baja, por Enrique Barros. Esa mañana, el bloque opositor quedó sorprendido al ver que Beyer había incorporado a su equipo de abogados a Jorge Bofill. Su presencia incomodó a varios senadores opositores. Fue en ese contexto que se le negó la entrada al hemiciclo, aduciendo que el reglamento sólo contemplaba la presencia de un jurista en la sala. Lo que el oficialismo entendió como un mero problema formal supuso la suspensión de la sesión y la realización de una reunión de comité, donde la situación se destrabó sólo luego de que el radical José Antonio Gómez se desmarcara del rechazo de sus pares concertacionistas y permitiera la entrada del profesional, encargado de reforzar los cuestionamientos a los vicios formales del libelo, que no fueron abordados en la Cámara Baja.
A esas alturas, en el Ejecutivo abrigaban pocas esperanzas de revertir la votación en bloque que, asumían, haría la oposición. El almuerzo de los senadores oficialistas -al que asistieron varios ministros- reflejó ese ambiente. "Hubo largos silencios", relató un legislador RN. Otros parlamentarios, en tanto, se sorprendieron al constatar que Beyer había optado por almorzar con sus abogados, en otro lugar del Congreso.
Esa tarde, los alegatos de Barros y Bofill dieron un nuevo aire al oficialismo. El primero, decían en la Alianza, había realizado una performance mucho mejor que en la Cámara Baja. Bofill, en tanto, enardeció los ánimos al remarcar lo insólito que resultaba destituir a Beyer por delitos atribuibles a otro ministerio. Al finalizar la tarde, los ministros sacaban cuentas alegres: aunque no se lograra sumar el apoyo de senadores opositores, la defensa había "subido el precio" del costo que tendrían que pagar por destituir a Beyer.
Sólo una inquietud nublaba el renovado optimismo oficialista: el gesto de Beyer a la ex ministra Yasna Provoste (DC), acusada constitucionalmente por la Alianza en 2008. "Así como la ministra Provoste no merecía esta destitución, tampoco creo que yo deba ser objeto de ella", señaló, en una alusión que luego fue reforzada por Barros. El guiño sorprendió a los senadores oficialistas y al comité político de La Moneda, que no fue consultado sobre la nueva estrategia. Rápidamente se instaló la idea de que el gesto -que buscaba sensibilizar a los senadores falangistas- podía convertirse en un búmeran para la argumentación de varios parlamentarios que aprobaron la acusación contra Provoste en 2008. El tema se puso sobre la mesa en una reservada reunión, esa misma noche, en el comedor de los comités oficialistas. Ahí, Beyer explicó que su referencia respondía a una convicción personal. Aunque no hubo reproches, Lily Pérez (RN) planteó que había que asumir una posición común, para no debilitar a la defensa ni inhibir a los parlamentarios.
La sesión del miércoles se inició bajo una tensión similar. Mientras avanzaban las exposiciones en el hemiciclo -escrutados desde las tribunas por grupos vociferantes de estudiantes-, los ministros se jugaron sus últimas cartas en los pasillos y la cafetería. Las esperanzas estaban puestas en Hosaín Sabag y Patricio Walker, que habían manifestado reparos al mérito jurídico de la acusación. Otro foco de tensión era el independiente Carlos Bianchi, quien mantenía estricto silencio sobre su postura y deliberadamente había decidido no hablar de acuerdo a lo que indicaba el orden alfabético, por lo que su exposición sería la última del día.
En el almuerzo oficialista, con Beyer presente, los encargados de realizar las gestiones con la oposición manifestaron que aún había esperanzas de obtener un voto que revirtiera los pronósticos. Los senadores, en cambio, eran más pesimistas. Lo que ninguno de ellos sabía era que a esa misma hora, en el almuerzo de la bancada DC, Walker notificaba a sus pares que votaría en contra de los tres capítulos de la acusación.
Sin que nadie lo sospechara, el voto de Bianchi comenzaba a convertirse en un sufragio decisivo. Según revelan en La Moneda, durante el martes y el miércoles, cerca de 10 ministros conversaron con el senador patagónico, planteando soluciones a problemas sectoriales de la región e, incluso, un plan especial para atender a los alumnos de la sede puntarenense de la clausurada Universidad del Mar. "Algunos ministros quedaban optimistas y otros pesimistas. Bianchi nunca bajó sus cartas", revela un secretario de Estado.
Tras el almuerzo del miércoles, Larroulet intensificó sus contactos con los senadores DC. Las gestiones las canalizó a través de Andrés Zaldívar, quien le insistió en una propuesta planteada en público y en privado en los últimos días: la bancada estaba dispuesta a rechazar la acusación, siempre y cuando Beyer se comprometiera a renunciar.
En esas conversaciones, Zaldívar no informó al gobierno de que Walker ya había anunciado su rechazo. La información llegó a oídos de Larroulet a través de senadores oficialistas, que en paralelo realizaban gestiones para conseguir el voto que faltaba. A media tarde, el optimismo reinaba en el gobierno, donde creían contar con el apoyo de Walker y Bianchi. Así, ninguno de los tres capítulos de la acusación podría contar con los 20 votos requeridos para aprobar el libelo.
Alrededor de las 19 horas, un nuevo factor alimentó las esperanzas del Ejecutivo, luego de que Sabag -en una alocución crítica a la acusación, pero llena de matices- dejara en el aire la idea de que podía rechazar el libelo. En los pasillos del Congreso, varios personeros del oficialismo destacaban su "valentía", tomando en cuenta las represalias internas que podía sufrir, en un año en que él buscará la reelección, cambiándose de la VIII Región Costa a la VIII Región Cordillera (donde no se repostula Mariano Ruiz-Esquide), y hará lo propio su hijo Jorge, en el Distrito 41 (San Carlos).
En ese momento, Larroulet se acercó a Bianchi. Fue la última conversación entre ambos, en la que el senador sugirió al gobierno que aprobaría el capítulo tres de la acusación. El parlamentario, según señalan en el gobierno, deslizó que no tenía margen para abstenerse o rechazar, pues en su zona las movilizaciones estudiantiles cuentan con un amplio respaldo ciudadano. En el entorno de Bianchi descartan de plano que haya esgrimido ese argumento, y señalan que en ese momento señaló que su convicción era que había que dar una señal potente contra el lucro.
La última hora de la sesión en el hemiciclo concentró una alta cuota de nerviosismo y tensión. Tras la alocución en la que Patricio Walker ratificó que votaría en contra de la acusación, en el oficialismo comenzaron a sacar cuentas alegres. Un Larroulet un poco más distendido se encontró en un pasillo con Chahín. "No cante victoria aún, ministro", señaló el diputado. Un poco más allá, el timonel PPD, Jaime Quintana, lucía tranquilo. "Ustedes no conocen a Sabag", decía.
Hasta que llegó la alocución de Bianchi. Con el misterio en torno a la decisión de Sabag, en el gobierno tenían esperanzas de que -al igual que en otras votaciones trascendentales- terminara alineándose con el oficialismo. En esa lógica, el subsecretario de la Segpres, Claudio Alvarado, intentó afanosamente impedir que entrara al hemiciclo el diputado independiente Miodrag Marinovic, un ex aliado de Bianchi en Punta Arenas, quien hoy se ha convertido en un férreo detractor del senador, a quien pretende competirle en las elecciones parlamentarias de noviembre, esta vez bajo el alero de la UDI. "Miodrag, no entres, no lo provoques. Su voto puede salvar a Beyer", le pidió en dos ocasiones Alvarado. "Voy a entrar. Quiero mirarlo cara a cara", señaló amenazante el diputado.
Así, en un discurso de marcado histrionismo -y justo a la hora en que se iniciaban los noticieros de TV-, el senador independiente dijo lamentar que su voto definiera el futuro de Beyer. De esa forma, repitió su línea argumental del 2008 para apoyar la acusación a Provoste, cuando dijo que "no me corresponde transformarme en salvador de un gobierno o en parte de una supuesta nueva mayoría".
Luego de que Bianchi planteara la posibilidad de que Beyer renunciara para evitar su destitución, se convocó a una nueva reunión de comité. La cita duró menos de un minuto. El senador independiente intentó abrir el debate con los personeros oficialistas, pero recibió un rotundo "no" del jefe de bancada de la UDI, Alejandro García Huidobro. En ese mismo momento, el senador independiente Carlos Cantero intentaba convencer a Sabag de que saliera de la sala al momento de la votación. "No puedo, Carlos, no puedo", señalaba el senador DC, acompañado por su hijo Jorge.
El suspenso se mantuvo hasta que se puso en votación el capítulo tres y en la pantalla del Senado se certificaron los 20 votos a favor del libelo. Así se consumaba la destitución de Beyer y comenzaban los lamentos del gobierno, que atribuían los votos de Bianchi y Sabag a los complejos escenarios electorales que deberán enfrentar en noviembre.
Tras el impacto inicial de la destitución de Beyer, en el gobierno comenzaron a diseñar el camino a seguir. Algunas líneas se evidenciaron el jueves, en el homenaje al ex titular de Educación. Ese día, Piñera realizó una sentida arenga, en la que buscó reforzar la unidad del sector con miras a las elecciones de noviembre. Y luego repartió a todos los presentes el discurso que pronunció en el homenaje público a Beyer, donde subrayó que una "pequeña mayoría" en el Senado cometió "una inmensa injusticia".
En el gobierno asumen que -tras el duro revés- la actividad legislativa será acotada a una agenda que tendrá el foco puesto casi exclusivamente en la campaña presidencial. Se buscará contrastar visiones con el proyecto "izquierdizado" que, a juicio del Ejecutivo, está promoviendo Bachelet, al abrirse a debatir sobre matrimonio gay, asamblea constituyente y aborto terapéutico, por ejemplo. La apuesta es poner presión a los sectores moderados, tensionar a la Concertación y tratar de visibilizar un posible flanco de conflictos para la ex mandataria.
En ese sentido, el Ejecutivo buscará insistir en la agenda de Educación que dejó pendiente Beyer y reinstalar el debate sobre seguridad ciudadana, por ejemplo, mediante el proyecto que endurece penas por el maltrato a Carabineros. En esa misma línea, en Justicia pretenden acelerar el trabajo de la comisión de la reforma a la Reforma Procesal Penal.
La apuesta del gobierno es retomar el control de la agenda, que se extravió con el retorno a Chile de Bachelet y la acusación constitucional contra Beyer. En esa línea, también ha comenzado la preparación de la última cuenta presidencial del 21 de mayo. Para la ocasión, en La Moneda señalan que los anuncios más importantes deberían estar concentrados en el área de la salud, con proyectos que apuntan a mejorar servicio y prestaciones de los hospitales públicos.
La campaña presidencial y parlamentaria, aseguran en Palacio, también reforzará el despliegue en terreno. Actualmente, señala un alto personero de Palacio, se realizan alrededor de 1.500 inauguraciones de obras al mes. Una cifra que debería ir en aumento en la recta final del 2013. Respecto de grandes obras, en OO.PP. se evalúa el anuncio de la licitación del gran Puerto Escala de la Quinta Región, proyecto que, de concretarse, se convertiría en el puerto más grande de Chile.
Así, pese al impacto inicial de la destitución de Beyer, en Palacio pregonan mejores tiempos para el oficialismo. Un ministro de La Moneda asegura que el episodio ayudó a prender las alarmas internas en un sector que siempre ha sido pesimista y confiado. La destitución, señala, ofreció una prueba contundente de que la Concertación viró a la izquierda, y de que el sector debe activarse y cohesionarse para enfrentar ese nuevo escenario.
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