Por Alexis Paiva Mack6 señales de alerta de que tienes una amistad tóxica y qué hacer al respecto, según una especialista
La directora del Servicio de Psicología Integral de la Universidad del Desarrollo (UDD), Michelle Diemer, explica a La Tercera los puntos que se deben tener en consideración y cómo identificar una amistad sana.

La amistad es uno de los tipos de relaciones más importantes que formamos a lo largo de nuestras vidas. Con los amigos podemos compartir nuestras experiencias, escucharnos, reflexionar en conjunto, apoyarnos mutuamente y realizar actividades que disfrutamos.
Sin embargo, hay casos en los que una aparente amistad podría ser más bien un vínculo dañino, con consecuencias en la salud mental. Es ahí cuando hablamos de las llamadas amistades tóxicas.
La directora del Servicio de Psicología Integral de la Universidad del Desarrollo (UDD) Sede Santiago, Michelle Diemer, dice a La Tercera que, en una amistad sana, las partes se sienten en un vínculo seguro, en el que hay confianza y comunicación.
“Es una relación en la que el otro me valida, me escucha, y en la que se fomenta el respeto y la comprensión”.
“Pero si vamos a las llamadas amistades tóxicas, hay que entender que lo tóxico implica algo que te hace daño, que no es positivo. Impacta en tus emociones y en tu bienestar psicológico. Y puede producir un dolor emocional muy fuerte”.
Para explicar cómo diferenciar entre una amistad sana y una tóxica, Diemer hace una analogía. Sugiere que pensemos en la amistad como un espacio físico.
“En una amistad sana se debe encontrar un refugio, en el que nos sentimos seguros y libres. En una tóxica, encontraríamos una jaula o, incluso, un campo minado, en el que en cualquier momento algo podría explotar”.
La psicóloga subraya que, en los vínculos sanos, tanto de amistad como de otros tipos, es fundamental tener seguridad y libertad.
“Son dos conceptos súper importantes para sentir justamente que no tengo que postergarme, perder mi identidad, sentirme atrapado, manipulado o en una relación de desigualdad, sino que todo lo contrario”.

Comenta que, en muchos casos, las relaciones no parten siendo tóxicas.
“Es probable que, al principio del vínculo, la persona se sentía cómoda y en un espacio positivo, pero que con el tiempo haya comenzado a notar rasgos de descalificación o manipulación”.
“Ahí, generalmente, son las personas que están alrededor las que empiezan a levantar alertas y a decirle, por ejemplo: ‘Cuidado’, ‘no te vemos bien’, ‘te estás aislando’, ‘siempre lo defiendes a pesar de que te hace daño’”.
Aunque hay casos en los que una persona puede notar por su propia cuenta que un vínculo es tóxico, esto puede ser complejo.
“Muchas veces, las relaciones tóxicas tienen esto de ‘atrapar al otro’ e invisibilizar. La persona deja de ver el daño que le produce. Y desde ahí, es difícil reconocer la dependencia emocional que se tiene con el otro. Incluso, se tiende a justificar, a decir que ‘es muy buen amigo’ o que ‘tiene cosas positivas’, cuando puede no ser así”.
“Esa justificación hace que a la persona le cueste muchísimo reconocer que está en una relación de amistad tóxica, que se siente atrapado y que tiene un problema”.
Permanecer en una amistad tóxica puede generar síntomas de ansiedad, estrés y depresión, así como otras potenciales consecuencias en la salud mental, afirma Diemer.
“Ahí la persona se empieza a dar cuenta de que tiene un problema, pero en muchos casos, en una primera interpretación, no lo vincula con ‘esto me está pasando porque estoy en una relación tóxica’, sino que percibe ‘esto me está pasando y no sé por qué’”.
En conversación con La Tercera, la especialista enumera una serie de señales de alerta que son usuales de ver en las amistades tóxicas y comenta qué se puede hacer al respecto, si se está en una situación de este tipo.

1. Postergo siempre mis intereses en beneficio del otro
Al igual que en otros tipos de relaciones, es normal tener diferencias de intereses en el marco de una amistad. Esto puede llevar a que, en ocasiones, se cedan ciertos puntos.
Por ejemplo, dos personas podrían querer ir a distintos lugares los viernes por la tarde. Sin embargo, pese a las discrepancias, podrían llegar a un consenso y decidir asistir juntas a un lugar esta semana e ir al otro la próxima.
El problema está cuando una de las partes debe ceder siempre a los intereses de la otra.
Lo anterior refleja “una relación de asimetría, en el que el otro siempre escoge, sale favorecido y en el que una de las personas siempre se posterga”, asegura la experta.
2. Recibo advertencias de seres queridos y de mi entorno
Cuando se tiene una relación tóxica, seres queridos —como amigos o familiares— podrían percibir conductas dañinas y alertar de manera consistente sobre la situación.
Advertencias como “esa persona te está haciendo daño”, “ya no haces las actividades que disfrutas hacer” o “te has alejado de todos”, por ejemplo, son una señal que se debe considerar, dice la psicóloga.

3. Siento miedo o intranquilidad
Diemer recalca que la amistad debe ser “un refugio seguro y libre”, por lo que, en un vínculo sano, no debe existir miedo o intranquilidad.
“Cuando se está en una relación tóxica de cualquier tipo, la toxicidad implica daño. Y el miedo es un mecanismo de alerta, que aparece cuando siento que algo peligroso va a ocurrir”.
“Una señal de alerta clave es cuando me siento atrapado, intranquilo, tengo miedo o estoy estresado por la relación. Estos elementos no deberían estar nunca en una relación con alguna persona”, subraya.
4. Me siento humillado por la otra persona
La psicóloga afirma que las relaciones tóxicas, además de caracterizarse por generar daño, reúnen elementos como la falta de empatía, la poca capacidad de comprensión y una tendencia a humillar, despreciar, invalidar o minimizar al otro.
Aquello puede manifestarse de manera explícita, por ejemplo, con chistes frecuentes sobre un asunto que le genera daño a la otra persona.
No obstante, esta tendencia a humillar también puede reflejarse de forma más implícita.
“La persona podría decirle: ‘Tengo un problema’. Y el otro responderle: ‘Tu problema no tiene ninguna relevancia’”, ejemplifica Diemer.
Y enfatiza: “Es una señal de alerta si sientes que el otro te humilla, no te comprende, no te respeta o no te considera”.

5. Justifico conductas del otro que me hacen daño
Las personas que están envueltas en una relación tóxica pueden percibir que ciertas acciones del otro le generan daño, ya sea a nivel físico o emocional.
Sin embargo, pueden llegar a justificar esas actitudes dañinas, por ejemplo, a través de afirmaciones como “lo hizo porque tiene muchos problemas” o “fue una reacción por algo que yo provoqué”.
“Las personas que controlan las relaciones tóxicas suelen ser muy hábiles en generar culpa en el otro. Entonces, el otro puede quedar atrapado por la culpa. Puede sentir que si se sale de esa relación, se va a sentir culpable. Incluso, puede llegar a atribuirse lo negativo que suceda”.
“Esa es precisamente una característica de la manipulación: produce culpa, lleva a controlar al otro y a generar dependencia emocional. Y eso es un vínculo disfuncional y destructivo”.
6. Me aíslo de mis seres queridos y de mi entorno
Las amistades tóxicas pueden desencadenar que la persona se aísle de sus seres queridos y del entorno habitual en el que se siente seguro.
“El aislamiento es muy peligroso, porque justamente quienes suelen levantar las alertas son las personas que están alrededor. Si estoy atrapado en un vínculo tóxico, puede ocurrir que me aleje de los demás o que los demás se alejen de mí, tras cansarse de advertir y que uno no haga cambios o salga de esa relación”.
Qué hacer si tienes una amistad tóxica
Para salir de una amistad tóxica, el primer paso es salir del aislamiento y activar nuevamente las redes con los seres queridos y el entorno en el que se siente seguridad, dice Diemer.
“Esto es súper importante y también es muy bonito lo que empieza a ocurrir, porque cuando me empiezo a reconectar con los otros, queda en evidencia que existe otra forma de vincularme, que otros sí me pueden escuchar. Estas redes van a dar soporte para seguir avanzando, además de entregar confianza y el aprendizaje de volver a confiar en que las relaciones humanas son distintas. Probablemente, también podrían ayudar a romper ese vínculo tóxico”.
“Si eso no es suficiente, el paso siguiente es buscar ayuda profesional. Pero lo primero, es tratar de buscar el apoyo en las personas que te conocen y están alrededor tuyo, que saben lo que pasa y que están disponibles para mostrarte que los vínculos sí pueden ser súper nutritivos. Y eso puede ser súper reparatorio para la persona”, sentencia la psicóloga.
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