Senegal, la nueva puerta de entrada a Africa
<P><span style="text-transform:uppercase">[paises emergentes]</span> Esta nación, de casi 14 millones de habitantes, se ha convertido en el centro estratégico de la región occidental del continente africano gracias la seguridad y la estabilidad política, un modelo que ahora otros países quieren imitar. </P>
Decenas de taxis ofrecen sus servicios en los alrededores del puerto de Dakar. Sus conductores se acercan al visitante, le preguntan el destino y, cuando captan al cliente, las múltiples filas de vehículos desaparecen y reaparecen en una especie de coreografía que vuelve cíclicamente a la formación original. Su ubicación no es caprichosa: en este rincón de la capital de Senegal se percibe el flujo de mercancías y turismo que ha hecho del país africano un punto estratégico para la región occidental del continente.
La seguridad y la estabilidad política que ofrece han sido decisivas. Pero no sólo eso: también la mejora de las comunicaciones marítimas y la predominancia cultural y económica sobre los países de la zona. Como ejemplo del primer factor valdrían los testimonios de los visitantes que se acercan a este país (dos millones para 2015), pero además los refrendan los datos: la tasa de homicidios, de 8,7 por cada 100.000 personas, según la ONU, la escasa presencia de robos violentos y las recomendaciones puntuales de cautela en fronteras lo colocan en una de las mejores posiciones del continente. Su sistema democrático, presente desde hace más de 50 años, se ha impuesto a otros sistemas totalitarios con gran participación ciudadana.
"Senegal es muy tranquilo. Muchos se han ido fuera, pero en general se tiene mucha conciencia de trabajar por el país y ambición por mejorar socialmente", cuenta a La Tercera Mohamed Diop.
Este trabajador de una empresa china de exportación de pescado alaba la hospitalidad y las oportunidades laborales de sus 13,6 millones de habitantes. Entre esas oportunidades, la más próspera es la del tráfico de mercancías. El flujo de material de sus terminales (gestionadas por la empresa Dubai Ports World) creció en un 27,42% entre 2005 y 2009 -con casi 380.000 movimientos de contenedores llenos- según las últimos cifras de la Sociedad Canaria de Fomento Económico (Proexca). Aceites, hidrocarburos y productos alimenticios provenientes de los cereales o del pescado ocupan el espacio principal del import/export. Generalmente, con destino o procedencia de China.
"La conquista se ha hecho discretamente. Donde los occidentales han tirado la toalla buscando un beneficio más seguro, ellos perseveran. Encuentran oportunidades donde los demás sólo ven incomodidades o despilfarro", anotan los autores del libro China en Africa.
Lejos de la voracidad del Gran Dragón y las demás potencias asiáticas o de Medio Oriente, sus dársenas sirven de tentáculos para otras naciones como Mali, Mauritania, Guinea Bissau o Sierra Leona. Y se postula como un tótem dentro de los cuatro puntos cardinales africanos, junto a Tánger en Marruecos, Ciudad del Cabo en Sudáfrica o Dar Es Salaam en Tanzania. Eso no quiere decir que su actividad quede registrada en ninguno de los puestos de la lista de los 100 mayores puertos por toneladas de productos que repostan en ellos. La mayoría corresponde a muelles chinos, seguidos por estadounidenses o del norte de Europa, llegando un poco más abajo a la entrada y salida del canal de Panamá o a algún punto estratégico como Santos en Brasil o Cartagena de Indias en Colombia.
"El puerto de Dakar empezó a funcionar en 1910, pero entonces era un villorrio", comenta Daniel Castillo, investigador en el departamento de Historia en la Universidad de Las Palmas (España), "y aunque ahora sea de primera categoría y robe protagonismo al de Abiyán en Costa de Marfil o al de Lagos en Senegal, no está al nivel de otros latinoamericanos o asiáticos".
El ritmo de la ciudad no se estanca al llegar la noche. Tanto en la capital como en otros núcleos urbanos del interior y del sur del país, discotecas, restaurantes y puestos callejeros entran en ebullición. La gente camina entre tiendas improvisadas de fruta o platos típicos. Otros prefieren tomar algo mientras se contorsionan con música en directo. No existe el temor a la oscuridad de otras metrópolis africanas. Y el puerto de Dakar, como el resto de horas de la jornada, mantiene su pulso. Las grúas cargan y descargan contenedores, los barcos escupen turistas que llegan de la Isla de Goré y los taxistas rellenan sus asientos en una danza que devuelve, en una espiral constante, la fe en el ciclo de la vida.
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