Diario Impreso

Ser un buen bailarín depende de nuestro cerebro

<P>Para moverse como Fred Astaire no sólo se necesita talento. Los científicos han descifrado cómo la química del cerebro separa a los buenos bailarines de los mediocres. También se ha revelado que nacemos con la disposición a danzar y que la compartimos con los animales.</P>

Virtuoso. Capaz de generar emociones con unos cuantos pasos. Y dotado de un perfeccionismo legendario. Así solía ser descrito el actor Fred Astaire, cuya maestría en el manejo del ritmo y las técnicas de baile lo llevó a protagonizar episodios legendarios, como el que ocurrió cuando se decidió que su número en The Belle of New York (1952) debía volver a filmarse debido a problemas con su vestuario. Pese a que la escena se captó meses después del rodaje principal, Astaire replicó a la perfección hasta el más mínimo gesto, paso y postura.

"El baile de Astaire parece tan simple, tan devastador, tan sencillo, y aún así bajo esa apariencia la forma en que se para y enfrenta la música es tan sorpresiva e inventiva", llegó a decir Jerome Robbins, un famoso coreógrafo de Broadway. Según varios estudios científicos, el talento de Astaire no era producto sólo de incontables horas de práctica sino que de ciertos factores biológicos que separan a los grandes bailarines de quienes quedan en vergüenza en la pista. Incluso, señalan los expertos, la habilidad para desplazarse por una pista de danza ya se hace evidente desde que nacemos y se encuentra presente no sólo en los humanos.

Recientemente, los investigadores han comenzado a descifrar la forma en que el cerebro procesa las señales que se reciben al ver una pareja que danza y los movimientos que generan mayor atracción. "Se cree que la música fue creada a través del movimiento rítmico; pensemos en lo que ocurre cuando golpeamos el suelo repetidamente con la suela del zapato. Además, algunas áreas del cerebro relacionadas a la recompensa están conectadas con zonas motoras. También hay creciente evidencia que sugiere que reaccionamos en sintonía con los movimientos de los cuerpos de otros, porque secciones similares del cerebro se activan cuando ciertos movimientos se ven o ejecutan. Por ejemplo, las regiones motoras del cerebro de los bailarines profesionales muestran activación cuando ven a otros bailarines", escribe John Krakauer, doctor del laboratorio de desempeño motor de la U. de Columbia (EE.UU.) en la revista Scientific American.

El químico del ritmo

Uno de los estudios más recientes fue elaborado por la U. de Oxford (Inglaterra), cuyos investigadores determinaron que el arte del baile no reside sólo en los pies sino que en la acción en el cerebro de un químico llamado Gaba. Este juega un rol clave en la corteza motora, encargada de ejecutar movimientos planificados como los que se dan al bailar o tocar un instrumento musical. La labor de Gaba es operar como una especie de lubricante automotor, evitando que las neuronas se sobrecalienten y apaciguando su actividad hasta un nivel manejable.

Por eso un alto nivel de Gaba previene que las neuronas generen nuevas conexiones, limitando la habilidad del cerebro de aprender. Al contrario, un nivel bajo libera células nerviosas para generar nuevos circuitos cerebrales. Precisamente, los expertos de Oxford establecieron que ciertas personas tienen la habilidad de bajar sus niveles de Gaba, volviéndose más abiertas a captar un paso de baile desde el primer ensayo.

Mediante un escáner cerebral, se captaron imágenes de resonancia magnética de 12 voluntarios mientras intentaban aprender una secuencia de botones que debían pulsar en un teclado y sus cerebros eran estimulados con una corriente eléctrica mínima, una técnica concebida para imitar el efecto que genera aprender y que reduce los niveles de Gaba en el cerebro. Así determinaron que una caída del 30% de este químico aumentaba la velocidad de aprendizaje en 70%.

"Si necesitas aprender un nuevo talento un paso importante es ser capaz de reducir tus niveles de Gaba. Los sujetos que podían lograr esto de forma más automática eran más eficientes al aprender un talento. Sin embargo, es importante precisar que esto no es una acción consciente", dijo a La Tercera Charlotte Stagg, a cargo del estudio. La experta agrega que aunque hay drogas que disminuyen la presencia de este químico, lo hacen a nivel de todo el cerebro y pueden ser peligrosas.

"Es probable que haya algunas personas para los cuales este proceso es más fácil, pero también es posible que haya muchos otros factores que también controlen nuestra capacidad de aprender, y la práctica ciertamente hace que toda persona mejore en cierto talento", dice Stagg, quien agrega que los resultados también podrían ayudar a descifrar cómo se recupera motoramente un cerebro humano tras un infarto.

Más allá de este potencial futuro, los investigadores han determinado que los niños nacen con la predisposición de mover el cuerpo al son de un ritmo. Expertos ingleses y finlandeses estudiaron a niños de entre cinco meses y dos años quienes escucharon una amplia gama de estímulos auditivos como música clásica, secuencias rítmicas y discursos.

Sus movimientos espontáneos fueron captados con cámaras de video, determinándose que los menores incluso reaccionaban a cambios de ritmo y que mientras más sincronizaban sus movimientos más sonreían. "Aún queda por entender por qué los humanos han desarrollado esta predisposición. Una posibilidad es que la música haya sido objeto de algún tipo de selección natural", escriben en su estudio los investigadores de las universidades de York y Jyvaskyla.

Más allá de este factor evolutivo, lo cierto es que hay ciertos movimientos de baile que resultan más seductores a la vista. Al menos eso es lo que comprobaron sicólogos de U. Northumbria (Inglaterra), quienes usaron tecnología similar a la empleada para captar movimientos que dieron vida a los personajes del filme Avatar. Así registraron el desempeño de 19 hombres entre 18 y 35 años. Su danza fue usada para crear avatares digitales que fueron evaluados por 35 mujeres en una escala de uno a siete. ¿El resultado? La velocidad con que se mueve la rodila derecha del hombre y la variedad de movimientos del cuello y el torso son la clave para seducir a una mujer con el baile.

"Ahora sabemos qué área del cuerpo miran las mujeres cuando evalúan el atractivo de un bailarín. Si un hombre sabe cuáles son los mejores movimientos, puede practicar y mejorar sus opciones de atraer a una mujer", dijo Nick Neave, sicólogo y coautor del reporte, a Livescience.com.

Hasta hace dos años se creía que este pasatiempo se limitaba de forma exclusiva a los humanos, pero expertos de EE.UU. comprobaron que ciertas aves también tienen el talento para bailar. Los tests realizados por el Instituto de Neurociencia de la U. de San Diego y la U. de Harvard indican que las cacatúas tienen un sentido casi perfecto del ritmo, moviendo sus cuerpos y cabezas y golpeando el piso con sus patas en sincronía casi perfecta. Según los expertos, esta capacidad se relaciona con otro talento que comparten con los humanos: la habilidad para aprender sonidos vocales e imitarlos.

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