El hombre detrás del dinero
Considerado un militante "técnico" y de escasas pretensiones políticas, Giorgio Martelli llegó a conocer los más oscuros secretos del poder. Cuando joven detestaba los vericuetos de la política y como adulto abogó por un financiamiento electoral más transparente, pero terminó olvidando sus propias palabras. Aunque sus cercanos apuntan a que su delito tiene otros responsables, ahora no sólo enfrenta a la justicia, sino que también complicadas situaciones familiares y económicas.
“En principio, no soy partidario de que las empresas financien la política (…). Pero la realidad es otra y yo soy realista. Yo soy un operador. Hay otras preguntas que hacerse respecto del financiamiento de las empresas en la política. Puede haber ingresos de empresas, la pregunta es si es transparente o no es transparente”.
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El primero fue Guillermo del Valle. En ese tiempo, por el año 2004, se desempeñaba como director y gerente de control de gestión de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap) cuando recibió el llamado de Jorge Rosenblut, empresario PPD y cercano asesor del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Pese a su militancia en común, no eran cercanos. Acordaron reunirse en un café de Isidora Goyenechea. Durante el encuentro, Rosenblut le propuso hacerse cargo de la administración electoral de la campaña presidencial de Michelle Bachelet, como una suerte de gerente general. Del Valle lo pensó durante 10 días antes de rechazar la propuesta. Explicó que su vinculación con una empresa estatal podía convertirse en un flanco para el comando.
Del Valle no llegó a la cita sólo con la negativa. También le llevó a Rosenblut el nombre de un segundo candidato. Se trataba de un amigo, a quien conocía desde hacía casi una década por medio de las esposas de ambos. Lo describió como un técnico de sensibilidad de centroizquierda liberal, con experiencia en la Asociación Chilena de Municipalidades y en diversas ONG; como un tipo ejecutivo, un organizador. Rosenblut tomó nota de la sugerencia y lo contactó. Después de la entrevista se convenció de que era el hombre idóneo para el cargo y se lo ofreció. Esta vez, recibió un “sí” de respuesta. Fue el comienzo de la carrera de recaudador de Giorgio Martelli.
“Cuando acepté ser el administrador electoral de la campaña presidencial de Bachelet, todos me preguntaban si estaba loco. Yo los entiendo, habría preguntado lo mismo. El dinero en la política y la política en el dinero están desprestigiados. La gente no los ve bien juntos”, escribió Martelli un par de años después de la campaña, en el prefacio del libro Dinero y política, una tensa relación.
Una de las personas que le enrostraron esa locura fue su hermano mayor, Arturo, uno de sus referentes políticos. Fue de los primeros en hacerle ver algo que él había aprendido por experiencia propia muchos años antes, en los albores de la nueva democracia, bajo el alero arcoíris de la Concertación.
-Giorgio, el día que todo esto estalle, te vas a quedar solo. Todos te van a dar la espalda.
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El número 267 destacaba en el costado de los cinco archivadores que el abogado Cristián Arias dejó en la Fiscalía Nacional el 18 de mayo. Adentro estaban las 194 facturas y vouchers de la contabilidad de Asesorías y Negocios Spa de entre 2012 y 2014. Cuatro días después, volvió con 15 libros azules y 23 cuadernos blancos con información comercial.
El hecho generó preocupación en los partidos de gobierno y, especialmente, en La Moneda. Giorgio Martelli y su defensa, integrada por Arias y Claudio Pavlic, habían decidido colaborar con el Ministerio Público entregando voluntariamente todos los archivos que ligaban a la empresa con el financiamiento irregular de la precampaña de la Presidenta Michelle Bachelet, con dineros provenientes de empresas como SQM, Copec y Celulosa Arauco, algo que ya habían hecho el 2 de abril en el Servicio de Impuestos Internos (SII). Con una querella del Fisco a cuestas por delitos tributarios e infracción a la Ley de Donaciones durante la campaña presidencial de Eduardo Frei en 2009, y otra similar en ciernes por los últimos comicios, cooperar era su mejor opción para conseguir la atenuante de “colaboración eficaz”.
El material ofrecido sorprendió a los fiscales por su prolijidad y orden. En sus páginas se revelaba el pago de pasajes de avión a Nueva York y un celular para el ex ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, así como un contrato para la realización de encuestas a la empresa Feedback.
A la semana siguiente, Martelli declaró tres veces ante el fiscal nacional, Sabas Chahuán, y la fiscal Carmen Gloria Segura. A esas alturas, entre los políticos oficialistas se propagó la idea de que el geógrafo de 55 años había decidido “entregar” a sus antiguos compañeros, entre ellos a Peñailillo y al ex director del SII Michel Jorratt, los primeros exonerados del gobierno tras la publicación de su vínculo con Asesorías y Negocios.
El contenido exacto de la declaración solamente está en poder de Chahuán, pues ni siquiera los abogados defensores pudieron llevarse una copia, pero cercanos a Martelli han dado cuenta de sus palabras. El largo testimonio de más de 20 horas -divididas en cuatro jornadas- describió latamente el giro de Asesorías y Negocios, una empresa creada para prestar asesorías a través de la venta de informes. La recaudación tenía una finalidad política: financiar a una red de operadores a cargo de la precampaña de Bachelet. De acuerdo a la versión de Martelli, no se echó ni un peso al bolsillo.
También detalló los pagos realizados a 26 personas, muchas de ellas presuntamente ligadas al equipo de precampaña de Bachelet. Además de Peñailillo, Jorratt y varios integrantes del denominado G-90, tuvo que explicar la presencia en la lista de gente de su entorno que recibió pagos al comienzo del proyecto, en 2012, cuando se pensaba que existiría una oficina y contrató a una psicóloga para seleccionar personal.
El hilo de su relato fue la existencia de una “maquinaria” más amplia, en la cual él sólo era un engranaje, pues nunca tuvo línea directa con los grandes empresarios del país, pese a haber reconocido algunas reuniones con ellos. Mencionó liderazgos políticos y económicos que, de acuerdo a sus cercanos, corresponderían a Peñailillo y a quien lo inició como administrador electoral, Jorge Rosenblut.
Sobre el conocimiento que pudo haber tenido la Presidenta Bachelet de estas operaciones no se dijo ni una palabra.
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Aunque se trata de un apellido toscano, el primer Martelli que llegó a Chile a principios del siglo XX venía de Fossacesia, un pueblo de la región de Abruzzo, en la costa adriática de Italia. Se estableció en Los Andes, donde se casó y construyó su propia familia. Uno de sus hijos, Carlos Martelli, se dedicó al cultivo de trigo como proveedor de Carozzi. Así conoció a Tetis Robba, hija de Juan Celeste Robba, presidente de la empresa de tallarines durante los años 40. Aunque la relación no contó con plena simpatía de la familia de ella, se casaron el 7 de agosto de 1947.
El matrimonio Martelli Robba se trasladó a San Felipe y después emigró a Santiago. En el intertanto nacieron Nicolás, Arturo, Pablo, Giulia, María Pía y Francisca. El último fue Giorgio: el menor de los siete hijos y el único nacido en la capital, el 16 de abril de 1960. “Siendo el menor y antecedido de tres mujeres, tuvo una infancia bastante protegida. Todavía tiene una relación muy especial con mi mamá, se siente con un deber de protección, por eso ha tratado de acompañarla en este tiempo y explicarle bien la situación”, comenta Arturo Martelli (65), uno de los hijos mayores, desde su oficina en el edificio que la familia conserva en Carlos Antúnez con Luis Thayer Ojeda.
Allí vive aún la matriarca, Tetis Robba, de 93 años, junto a tres de sus hijos y un nieto. Cada uno tiene su departamento. Hasta allí llega de vez en cuando la actriz Manuela Martelli a visitar a su abuela y a su padre, Nicolás.
La adolescencia de Giorgio Martelli fue más dura que la de sus hermanos mayores. El Golpe de Estado separó a la familia, ya que llevó a Arturo, militante del Mapu, a radicarse en Italia. Posteriormente, cuando tenía 16 años, su padre falleció de un infarto mientras viajaba en un taxi, y dejó el hogar en una precaria situación económica. A diferencia de sus tres hermanos, Martelli no estudió en el Saint George’s, sino que en el Patrocinio de San José. El respaldo financiero de sus abuelos maternos fue fundamental para sostener a la familia.
Desde esos tiempos, Martelli les ha enrostrado a sus hermanos que mientras a ellos la vida se les presentó descendente, para él siempre fue promisoria. Todo lo que venía adelante le parecía mejor.
En 1979 ingresó a la Universidad de Chile para estudiar Geografía. Como sus hermanos, rechazaba al gobierno militar, por lo que comenzó a militar en la Izquierda Cristiana. Allí entabló amistad con Osvaldo Aguiló, hermano del diputado oficialista: “Tengo la impresión de que nunca buscó un protagonismo político. No le gustaba el cuoteo. Era dado a la reflexión, pero muy pragmático”.
Como geógrafo, Martelli se interesó en estudiar los procesos de descentralización y en fortalecer la acción local. En esto consistió su primer trabajo en la ONG Cordillera, presidida por el actual senador PS Carlos Montes. Ahí trabajó con juntas de vecinos y municipios. Posteriormente, siguió en el mismo rubro con la Fundación Friedrich Ebert, una institución alemana de inspiración socialdemócrata.
Hacia fines de los 80, Martelli tenía nuevas inquietudes y las plasmaba en la revista Kritica, un pasquín de la renovación socialista. Junto a su hermano Arturo, quien ya había vuelto de Italia, se inscribió en el PPD. Ninguno de los dos tuvo una militancia muy activa, pero la decepción de su hermano fue temprana. Martelli, en cambio, se mantendría en el partido hasta 2010. Quienes lo conocen de aquella época aseguran que era seguidor de la línea de Sergio Bitar. “Era una anomalía en la izquierda -dice un ex diputado PPD-. Había rechazado la vía armada y le interesaban la ecología y las bicicletas. Era un escéptico, anticinismo y antipolitiquería”.
Las redes políticas de Martelli no se afianzaron hasta los años 90, cuando ayudó a configurar la Asociación Chilena de Municipalidades como parte de su labor en la Fundación Ebert. “Fue el primer gerente y el corazón de la asociación. Articuló a alcaldes muy distintos”, opina otro cercano. En este nuevo cargo, su jefe entre mayo de 1993 y 1997 fue el ex alcalde de Santiago Jaime Ravinet: “Tenía una gran facilidad para generar consensos. Siempre me pareció un tipo muy sano. Me parece que lo han aislado y que hay personas que no están diciendo la verdad. Las funciones que cumplió las hizo para otros y al parecer no en beneficio personal”.
Ravinet ha sido uno de los pocos políticos que han respaldado públicamente a Martelli. Como gesto de agradecimiento, éste lo llamó hace algunos días. No se comunicaban desde hace casi una década. El diálogo fue breve y formal. “Ambos intuíamos que la llamada estaba siendo interceptada”, explica Ravinet.
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Darinka Witto dejó la Asociación Chilena de Municipalidades junto a Giorgio Martelli en 1997 para crear una consultora dedicada a organizar capacitaciones, pasantías y seminarios para funcionarios públicos. Le llamaron Transversal, pues Witto era de derecha y era una forma de honrar sus discrepancias políticas. “Tuvimos harto éxito, porque Giorgio conocía las problemáticas de los municipios. Esos eran sus contactos, todavía no tenía redes más arriba”, recuerda. La sociedad se quebró en 2001 por diferencias en el manejo de la empresa, pero ambos mantuvieron un contacto cordial y volvieron a trabajar juntos años después.
Por esa época, Martelli también impulsó un movimiento regionalista que fue bautizado como “Los Federales”, en el que participaban políticos tanto de la Concertación como de la Alianza, como Antonio Horvath, Víctor Barrueto y Esteban Valenzuela. Este último tomó distancia de Martelli cuando renunció al PPD en 2007, pero volvió a contactarlo hace algunas semanas al saber de sus problemas judiciales. “Ahora lo niegan como Pedro o Judas. Se ha convertido en un chivo expiatorio. Si ha cometido faltas, que se le juzgue, pero también que se investigue a todos los actores”, comenta el ex parlamentario.
A sus actividades con Transversal y “Los Federales”, Martelli añadió nuevas funciones en la Fundación Ebert, como director de proyectos, pero siempre enfocado en los mismos temas. Desde esa posición fue invitado en 2005 a organizar diversos diálogos ciudadanos que abordaron el tema de la descentralización para la primera precampaña de Michelle Bachelet y que fueron usados como insumos para el programa. Por entonces, pocos imaginaban que unos meses después asumiría la administración electoral de la campaña gracias a la recomendación de Guillermo del Valle y a su conocimiento de la nueva Ley sobre Transparencia, Límite y Control del Gasto Electoral. “Fue súper estricto con los gastos, lo que generó más de un roce dentro del comando”, reconoce un colaborador de entonces.
Su labor como jefe de contabilidad de la exitosa campaña de Bachelet le valió un reconocimiento de su sector y elevar su perfil político. Así ingresó al selecto grupo del think tank Expansiva, encabezado en su momento por Andrés Velasco, entre otros. Su experiencia de administrador electoral lo motivó a recopilar artículos propios y de otros expertos en el tema del financiamiento electoral en Dinero y Política, una tensa relación, publicado en 2008.
Dentro de los reproches que ha recibido de sus cercanos está el haber sido poco consecuente con el diagnóstico que dejó por escrito en ese texto.
“Una propuesta que surge a la luz de algunos hechos involuntarios de facturas dudosas, irregulares o falsas es que el SII establezca un mecanismo de consulta y verificación de cada factura de gasto, para evitar que un candidato se vea perjudicado por situaciones anómalas de proveedores sin tener responsabilidad”.
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La vida de Martelli ha sufridos varios vuelcos en los últimos meses. Concentrado en su defensa judicial, ya casi no sale del departamento que arrienda en Pedro de Valdivia Norte, ni siquiera para dar vueltas en bicicleta, su medio de transporte habitual. Se ha dado cuenta de que muchas personas a las que consideraba cercanas han dejado de contestarle el teléfono. Las reacciones de su familia también lo han mantenido preocupado. Ha dado explicaciones a su madre y hermanos. El único que no quiso escucharlas fue Arturo, quien no asiste a las reuniones familiares.
“Cuando uno se equivoca tiene que pagar. No por eso voy a dejar de ser su hermano. No voy a dejar de quererlo ni de respetarlo. Pero también creo que es de una felonía sin par la actitud que la clase política y sus dirigentes están adoptando. Es propia de quien quiere cuidar el bastón del mando: como la reina es intocable, que pague el peón”, opina.
Como el apellido se ha transformado en objeto de mofa pública, Martelli también ha estado pendiente de la situación de sus dos hijos, quienes aún cursan educación media en un colegio particular del sector oriente.
A poco más de dos semanas de su audiencia de formalización, Martelli está tratando de recuperarse. Un amigo lo compara con un boxeador que ha recibido una paliza en los primeros asaltos, pero que está contraatacando. Si hubo un hecho fundamental para su repunte anímico fue el embarazo de su actual pareja, María José Junco, tras meses de tratamiento. Al enterarse, corrió a casa de su madre para mostrarle las ecografías.
El gran problema es, como siempre, el dinero. Martelli perdió su trabajo como gerente ejecutivo en la Corporación para el Desarrollo Sustentable de Pudahuel (Codesup) la semana pasada y las operaciones de Transversal han bajado casi a cero después del escándalo. Por si fuera poco, debe enfrentar los costos de sus abogados y de las eventuales multas tributarias. Por el momento, su familia lo está apoyando con recursos y sus amigos planean organizar una cena en su beneficio. Dadas las circunstancias, el recaudador no puede ser él.
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